Amando la naturaleza

Aventuras en exteriores para los niños



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Sacar a los niños del sofá y llevarlos al aire libre puede ser un desafío cuando tienden a conocer mejor a los populares personajes de los videojuegos de Angry Birds que a los que trinan de verdad. Desafortunadamente, los estudios muestran que los dispositivos digitales, la sobrecarga de trabajo de los padres y los temores del mundo exterior provocados por los medios de comunicación, están privando a nuestros hijos de la naturaleza.

Pero, aun así, tienen un amor instintivo por la vida al aire libre, concuerdan los expertos. “Cuando se le da libre acceso a la naturaleza, los juegos infantiles siguen los mismos patrones en todo el mundo”, dice el prominente educador ambiental David Sobel, autor del libro Wild Play: Parenting Adventures in the Great Outdoors. “A todos los niños les gusta crear lugares especiales, ir de aventuras, hacerse amigo de los animales, seguir mapas y senderos, etc”. 

Cuanto más los animamos, más probable es que descubran las emociones del mundo natural. Numerosos estudios muestran que los niños pueden estar más tranquilos y menos estresados, más capaces de concentrarse y menos propensos a ser obesos. Los niños también son más “receptivos y están más conectados” cuando hablan al aire libre con adultos que cuando hablan en interiores, según un estudio reciente publicado en la revista Journal of Environmental Psychology.

Estas son algunas ideas sencillas para comenzar:

Construir casas de hadas. En un parque, bosque o patio trasero, pida al niño o niña que encuentre un lugar tranquilo, como la base de un árbol o debajo de un arbusto, y que construya una pequeña casa utilizando solo su imaginación y materiales naturales como ramas, cortezas, pasto, piedritas, plumas y semillas de los pinos. “La diversión no tiene edad y lo conecta con la naturaleza en formas mágicas y memorables”, dice Tracy Kane de Maine, cuyo lugar en la Internet, FairyHouses.com, ofrece ideas y libros.

Hacerse amigo de un insecto. Ayúdelos a buscar insectos y cosas que se arrastran en la tierra y en las hojas, y luego pídales que las dibujen. En casa o en la biblioteca, los niños pueden buscar en las guías o en línea para aprender los nombres y rasgos de las criaturas.

Conocer el cantar de las aves en la vida real. Muéstreles cómo escuchar cuidadosamente los cantos de los pájaros y cuente cuántos cantos diferentes escuchan. Traten de imitar los trinos o encontrar palabras que los describan. Eche un vistazo a una guía para principiantes de cantos de aves en Audubon.org/news/a-beginners-guide-common-bird-sounds-and-what-they-mean.

Crear arte con barro. “¡Hagan un montón de barro y úsenlo para crear esculturas, pintar una obra maestra o simplemente usarlo para ensuciarse!”, sugiere Mary Ellen Mateleska, directora de educación y conservación en el Mystic Aquarium, en Connecticut.

Hacer muñecas y criaturas. Los niños pueden usar flores de hibisco u otras flores, y palillos de dientes para hacer muñecas con faldas que fluyan. O pueden recoger hojas de diferentes formas y tamaños y pegarlas para crear criaturas frondosas. “Pueden ir un paso más allá e inventar una historia y crear un libro de cuentos único”, dice Mateleska.

Cultivar un huerto. Usando un pedazo de tierra del tamaño de un niño —puede ser incluso una gran olla con tierra— deles una pala de jardinería, una regadera y semillas de fácil cultivo como zanahorias y rábanos. No solo harán ejercicio, según muestra un estudio de la Universidad de Texas A&M, la jardinería hace que los niños sean más propensos a elegir vegetales como meriendas.

Invente un escondite acogedor.  Las mantas y almohadas viejas pueden ser utilizadas por un niño para construir un escondite "secreto" bajo las ramas de un gran árbol, y tomar limonada, comer manzanas y leer libros divertidos.

Incorpore placeres digitales. En lugar de competir con los dispositivos digitales, intégrelos en la experiencia con la naturaleza. “Una aplicación telefónica como iNaturalist permite que los niños tomen una foto y puedan identificar la criatura o la planta”, dice la maestra de ciencia Jemma Smith, de The Education Hotel, un servicio de tutorías en Reino Unido. “O que tomen tres fotos artísticas de la naturaleza”.

Intente el ‘geocaching’. Este juego es para niños más grandes ya que se requiere que usen sus teléfonos como GPS para encontrar pequeñas cajas de tesoros que ya han sido escondidas por todo el campo. “La mayoría de las cajas tienen pequeñas baratijas para intercambiar y un pequeño libro para firmar su nombre”, dice Smith.

Separar tiempo. Basta con ajustar el reloj automático durante una hora, abrir la puerta del patio trasero y dejar que los niños “se entreguen”, como lo hace la escritora Attiyya Atkins, madre de cuatro hijos en Pompano Beach, Florida. “La mayoría son juegos propios, pero a veces salgo y les enseño sobre la naturaleza, o hacemos proyectos de arte con hojas, piedras o tierra. Siempre es divertido jugar con la naturaleza, hasta terminar muy cansados”.


Ronica A. O’Hara es escritora de temas de salud radicada en Denver. Comuníquese en OHaraRonica@gmail.com.

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