La música como medicina

La música relaja, energiza y sana



Se escucha el eco de los tambores primitivos en la sabana africana y su ritmo le da la vuelta al mundo y es captado por los cánticos de los chamanes de la jungla amazónica y la tundra siberiana. Estos mismos ritmos se repiten en los cánticos gregorianos en las catedrales medievales y en las meditaciones de ‘Om’ en las cuevas del Himalaya y en las clases de yoga alrededor del mundo. Su eco se escucha y se repite suavemente en las canciones de cuna que las madres cantan a sus hijos, en las canciones que tarareamos felizmente a lo largo del día y en las melodías de Mozart.

La música es la banda sonora de nuestras vidas, lo sepamos o no. Siempre ha existido dentro del ser humano para unirnos, guiarnos y ayudarnos a sanar el cuerpo y el espíritu. Ha sido así desde el comienzo de la humanidad. Los científicos de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio recientemente descubrieron que el universo también tiene su propia canción.

Practicantes pioneros

Desde los tonos relajantes de un harpa hasta el escandaloso ruido de una obra de construcción, las propiedades relajantes o estresantes del sonido nos son familiares. “El estrés es la causa subyacente de gran cantidad de enfermedades, pero el sonido y la música son efectivos para aliviar el estrés y brindarnos paz”, explica Jonathan Goldman, reconocido internacionalmente como pionero en la sanación mediante el sonido y la armonía y director del Sound Healers Association

La investigación realizada para escribir sus múltiples libros, incluido The 7 Secrets of Sound Healing, ha convencido a Goldman del profundo efecto que tiene el sonido en el organismo humano. “Un cántico tan sencillo como ‘Om o aum’ no solo produce relajación y tranquilidad, sino que hace que el cuerpo libere melatonina y óxido nítrico. Además, relaja los vasos sanguíneos, libera endorfinas calmantes, reduce la frecuencia cardiaca y calma la respiración.”

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“El sonido puede cambiar nuestra función inmunitaria”, escribió el Dr. Mitchell Gaynor, fenecido ya, y antiguo director de oncología médica del Weill-Cornell Medical College Complementary and Integrative Medicine de Nueva York en su libro The Healing Power of Sound. “Después de un cántico o de escuchar ciertos tipos de música, el nivel de interleuquina 1, un índice del sistema inmunitario, aumenta de un doce y medio a un quince por ciento. Además, aproximadamente veinte minutos después de escuchar música de meditación, los niveles de inmunoglobulina en la sangre disminuyen de forma significativa. Incluso, se reduce la frecuencia cardiaca y la presión arterial. No hay una parte del cuerpo que no se afecte y sus efectos son evidentes, incluso a nivel celular y sub-celular.” 

Aplicaciones prácticas

Considere algunos de los beneficios de salud de la música que han sido validados clínicamente:

Estrés: Según muchos estudios, cantar, independientemente de si pueda seguir una melodía o no, es una manera muy poderosa de combatir el estrés. Un estudio reciente realizado de forma conjunta entre investigadores alemanes e investigadores británicos, publicado en Frontiers in Human Neuroscience, confirma que el solo hecho de escuchar música relajante reduce los niveles de cortisona, una hormona relacionada con el estrés.   Cuanto más cantaron o tocaron un instrumento los participantes, más se redujo su estrés. Un estudio realizado entre varias universidades suecas demostró que el escuchar a un grupo cantar causó que la frecuencia cardiaca de los participantes se sincronizara, lo que produjo efectos de relajación similares a los que se logran a través de la meditación grupal. 

Cáncer: Durante décadas, Gaynor utilizó la música para tratar incluso a pacientes con cáncer avanzado, ya que consideraba que el cáncer era una “enfermedad provocada por la falta de armonía”. Siempre abogó por la importancia de volver a armonizar el cuerpo con las vibraciones del sonido, ya que estas afectan prácticamente a todas las células, en especial, las que mejoran la función inmunitaria y evitan que el cáncer siga propagándose. Aunque Gaynor empleó principalmente cuencos de cristal para producir una relajación profunda y armonizar la irregularidad en el ritmo de las células de los pacientes, también confirmó los efectos sanadores de ciertos tonos de vibración producidos por los tambores y gongs de metal del Tíbet.   

Varios estudios confirmaron que escuchar cualquier tipo de música relajante alivió la ansiedad en los pacientes de cáncer. Un estudio grande realizado por la Universidad Drexel de Filadelfia confirmó que también alivió el dolor, redujo la presión arterial, mejoró la respiración y minimizó las náuseas asociadas con la quimioterapia. 

Depresión: Según un estudio reciente realizado por el Royal College of Music de Inglaterra, la percusión combate mejor la depresión que el medicamento Prozac. Las personas que participaron en sesiones semanales de percusión redujeron significativamente los síntomas en comparación con el grupo de control.

En Nigeria, decimos que el ritmo es el alma de la vida porque todo el universo gira alrededor del ritmo. Cuando nos salimos de ritmo, es cuando comienzan los problemas.
~Babatunde Olatunji, percusionista y activista

Abuso de sustancias: Los científicos de la Universidad de California en Los Ángeles descubrieron que tocar instrumentos de percusión fue especialmente útil para un grupo de Nativos Americanos que lidiaba con diversos problemas.

Adicción al teléfono inteligente: Los investigadores coreanos descubrieron que la terapia musical es útil para combatir esta condición. 

Disfunción inmunitaria: El mismo estudio británico sobre los efectos antidepresivos de la percusión, también observó una mejoría similar en la función inmunitaria y la respuesta antiinflamatoria. Dicha mejoría continuó, por lo menos, tres meses después de finalizado el periodo de estudio. 

Trastornos neuroendocrinos: Los investigadores del Meadville Medical Center Mind-Body Wellness Group de Pensilvania, que realizaron un estudio con personas que tocaban instrumentos de percusión (expertos o novatos), descubrieron que algunos trastornos neuroendocrinos, como tumores hipofisarios y problemas intestinales, eran causados por la falta de conexión entre la glándula hipofisaria y el sistema nervioso. Además, confirmaron que se redujeron los niveles de los químicos causantes de estrés, como cortisol, en las personas que tocaron instrumentos de percusión en grupo.

Disfonía por tensión muscular: Incluso emitir sonidos como “um-hum” puede tener un efecto terapéutico medible en personas que han perdido la voz debido al sobreuso. 

Dolor: Cuando un grupo de ciudadanos ingleses que sufría de dolor crónico se unió a un coro, el estudio de la Universidad de Lancaster descubrió que estas personas pudieron manejar mejor su condición y que lograron mejorar su calidad de vida. El solo hecho de escuchar música de harpa durante veinte minutos redujo la ansiedad, disminuyó la presión arterial y alivió el dolor en un grupo de pacientes de cirugía cardiaca con dolor a corto plazo que participaron en un estudio de la Universidad de Florida Central en Orlando.

Enfermedad de Alzheimer: Además de reducir la agitación y la ansiedad que a menudo acompaña la enfermedad de Alzheimer, los investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami en la Florida descubrieron que un grupo de pacientes que participó en sesiones de terapia musical durante cuatro semanas experimentaron aumento en los niveles de melatonina, un químico relacionado con la relajación que se produce en el cerebro.

Cómo funciona

“Tararear o cantar causa exhalaciones más prolongadas que lo normal, lo que ayuda a eliminar las toxinas y la acidez”, explica el Dr. Madan Kataria, de Mumbai, India, quien ha creado más de 5,000 clubes de la risa en todo el mundo. 

“Comenzamos a experimentar con sonidos vocales y tararear. Un estudio temprano sin publicar que realicé en Dinamarca demostró que las personas que tararearon cualquier tipo de sonido durante 10 minutos lograron reducir su presión sistólica arterial en 10 a 15 puntos, la diastólica en 4 a 5 puntos y el pulso en 10 latidos por minuto.” El Dr. Kataria descubrió que las personas con problemas respiratorios, como asma y enfisema, experimentaron efectos positivos debido al fortalecimiento de los músculos del estómago usados para respirar.

Sonidos sanadores de la naturaleza
Los sonidos relajantes del agua y de la brisa suave son bien conocidos. Ahora la ciencia también ha confirmado los efectos terapéuticos del canto de las aves. Los investigadores belgas confirmaron que el canto de las aves ayuda a bloquear los efectos estresantes del ruido del tráfico y los científicos coreanos también descubrieron que hace que las personas no se sientan agobiadas. Un estudio publicado en el American Journal of Physiology demostró que incluso puede ayudar a regular los ritmos circadianos de los participantes, lo que produce un sueño restaurador y brinda bienestar general.

El Dr. Kataria también es fanático del kirtan, un cántico hindú de llamada y respuesta, a menudo acompañado de danza extasiada. “El kirtan ayuda a combatir la timidez, el nerviosismo y la ansiedad”, explica el Dr. Kataria.

El Dr. Eben Alexander, quien documentó su experiencia cercana a la muerte en Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife, señaló que la música cósmica que experimentó en ese momento fue indescriptible y que lo ha ayudado a entender los efectos de frecuencias específicas de sonido en el cerebro. Ahora, provee herramientas auditivas para ayudar al cerebro a alcanzar un estado mental superior que esté a tono con un estado de mayor conciencia. En su práctica médica en Charlottesville, Virginia, a menudo usa música del pasado de los pacientes para ayudarlos a recuperarse de una lesión cerebral o de una coma e, incluso, para “reconectar circuitos cerebrales dañados”.

Alexander explica que los ritmos biaurales y otros efectos de sonidos se combinan para convertirse en “entretenimiento para el cerebro” y que también, en teoría, crean una monotonía  para lograr acceso a otras esferas fuera de la física. “Es algo mágico lo que el tipo correcto de música puede hacer en el tronco encefálico para liberarnos de nuestra conciencia”, observa.

No tiene que tener talento

Los expertos están de acuerdo en que las personas sin talento musical pueden experimentar los mismos beneficios que los músicos virtuosos a base del grado de compromiso que tengan con la música. Cualquier persona puede tararear una canción y la mayoría de la investigación confirma que los beneficios aumentan al escribir música en lugar de solo escucharla. 

Los grupos de canto cada vez son más populares, en especial, después del éxito del programa de televisión Glee. La revista Time informó que en el 2013, más de 32.5 de estadounidenses adultos cantaron en coros, un aumento de aproximadamente 30 por ciento en comparación con la década anterior.

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El género de música seleccionado es importante. Los datos recientes de la Universidad McGill de Montreal demostraron que los tipos de música tienden a tener efectos específicos; por ejemplo, el blues reduce la frecuencia cardiaca y calma a las personas ansiosas, el rock y el punk pueden aumentar la energía y el reggae ayuda a controlar el coraje. 

El espíritu también se mueve

No se deben pasar por alto los aspectos espirituales de prácticamente todos los tipos de música, señala Michael Hove, Ph.D., neurocientífico cognitivo afiliado a la Escuela de Medicina de Harvard y a Fitchburg State University, en Massachusetts. Su investigación mayormente se ha centrado en la percusión como instrumento para inducir estados alterados de conciencia, al igual que lo hacen los chamanes de diversas culturas, que los usan para lograr la sanación espiritual y física. El Dr. Hove explicó que el redoble de tambores “aburrido y súper predecible” de 240 compases por minuto provocó un estado de trance profundo en minutos en la mayoría de los sujetos y que las imágenes del cerebro confirmaron que les permitió lograr un estado intenso de concentración y que pudieron bloquear la distracción causada por otros ruidos en un periodo de ocho minutos.

Esto va a la par con la visión del Dr. Alexander de que “la música es absolutamente crucial para lograr la concienciación trascendental. Para el inquisidor más profundo y verdadero, el sonido, la vibración y el recuerdo de la música pueden ser un poderoso potenciador que puede llevar a esferas más espirituales”.


Kathleen Barnes es autora de numerosos libros relacionados con la salud, incluido el más reciente, Our Toxic World: A Survivor’s Guide. Comuníquese en KathleenBarnes.com.

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