El agua de la fractura hidráulica

Acción necesaria para proteger los abastos de agua potable de los Estados Unidos




La peligrosa práctica de la fractura hidráulica, en la cual se combinan volúmenes de químicos tóxicos y agua dulce para perforar en busca de gas natural, se ha difundido a veintiún estados del Noreste, el Atlántico Central y el Medio Oeste, así como en Colorado, Texas y California. Un área de perforación especialmente intensiva es la región de Marcellus Shale, una capa de lecho de roca de 600 millas de largo y hasta una milla por debajo de la superficie de la Tierra que abarca Nueva York, Pensilvania, Virginia Occidental y Ohio. Los ciudadanos de estos y los estados próximos están dando la voz de alerta.

El Centro de Investigación y Política PennEnvironment se encuentra en la primera línea de batalla y sus esfuerzos pueden servir como un prototipo e inspiración para tratar de restringir la fractura hidráulica y proteger la salud y la seguridad de la gente y del planeta. La organización sin fines de lucro recientemente discrepó del borrador de un estudio de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos de fines del año pasado en el que se concluyó que la fractura hidráulica no tiene un impacto amplio en el agua potable, y reclamó que la agencia lleve a cabo más investigación. Mientras que el Departamento de Asuntos Ambientales del Estado de Pensilvania contabilizó 271 casos de contaminación de agua en 40 condados como resultado de la fractura hidráulica, la organización sin ánimo de lucro Public Herald dio a conocer 2,309 reclamaciones por la misma situación.

En un investigación reciente llevada a cabo en la Escuela de Ciencias Terrestres, Energéticas y Ambientales de la Universidad Stanford se encontró que: “Las compañías están realizando fracturas hidráulicas directamente en los acuíferos superficiales de agua dulce”, según el Catedrático en Ciencia del Sistema Terrestre Robert Jackson. “En ninguna [otra] industria a usted se le permitiría inyectar químicos a una fuente de agua potable.”

PennEnvironment recientemente consiguió que más de 1,000 expertos en salud del estado hicieran llegar a la administración del gobernador sus peticiones, que incluyen el establecimiento de un registro en el que se informen los impactos de la fractura hidráulica y de otras actividades relacionadas con el gas natural; el establecimiento de un adiestramiento especial para los profesionales de la salud; la eliminación de las exenciones de las leyes ambientales a la industria de la fractura hidráulica; y la exigencia de que todas las operaciones de fractura hidráulica se lleven a cabo al menos a una milla de distancia de las escuelas y de las instalaciones de atención médica.

“Con cada día de inacción, nuestros dirigentes electos continúan sometiendo a sus electores a repercusiones en la salud severas y generalizadas”, advierte la organizadora de la campaña de PennEnvironment sobre la fractura hidráulica, Allie DiTucci.

Maryland plantea otro inminente campo de batalla—en la actualidad prohíbe la práctica y se encuentra elaborando nuevas reglamentaciones a medida que la industria del gas llama a su puerta. Entretanto, las comunidades de todo el país votan para prohibir la entrada de la fractura hidráulica a sus distritos.


Únase a las organizaciones ambientales y de conservación locales para protestar en contra de la fractura hidráulica y ejercer presión en las autoridades locales y estatales para que la regulen y la prohíban.

Fuentes primarias: PennEnvironmentCenter.org, InsideClimate News

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