La aventura del ‘couchsurfing’

Quédese con los locales y haga nuevos amigos



Daniel Sperry, “couchsurfer” de cincuenta y pico de años, decidió hace unos pocos años renunciar a su trabajo a tiempo completo y ganarse la vida tocando el violonchelo y recitando poemas en las salas de hogares alrededor del país. “No sabía que me convertiría en un catalizador para unir a las comunidades de personas locales”, dice él, pero su primer concierto, “una pequeña choza de cazadores”, en Elko, Nevada, se convirtió en una experiencia única de vida. Años más tarde, su anfitrión en Elko sigue siendo un gran amigo y maneja una habitual parada (y lucrativa) para sus excursiones de campo traviesa.

No solo el crear conexiones con extraños nos da felicidad—según lo han probado los científicos sociales de la Universidad de Chicago—sino que nos lleva a experimentar divertidas historias de viaje. Si decide ver el mundo con la organización, que ya cumple una década, en Couchsurfing.com nos podríamos encontrar durmiendo en un velero en el Mar Irlandés; conociendo mochileros en una cueva iluminada con energía solar en Petra, Jordania; compartiendo una habitación con un ave como mascota que se duerme escuchando canciones cursis en la radio; o tocando melodías con un viejo banjo y un violín en una cocina de Carolina del Norte.

La comunidad global de ‘couchsurfers’, que ahora cuenta con 10 millones de personas, considera a los extraños como “amigos que todavía no ha conocido”. En la actualidad están auspiciando y organizando este año más de medio millón de eventos en más de 200,000 ciudades alrededor del mundo. La meta es facilitar el viajar y hacerlo más asequible, levantar la fe y la confianza en las personas y crear conexiones significativas a través de las culturas.

Como viajero, ofrezca preparar una comida étnica, un buen cuento o cómo decir hola en un idioma diferente. Como anfitrión, esté abierto a lo que el huésped pueda enseñar. Mantenga una bitácora de viaje y un libro de invitados para registrar las memorias.

Es muy fácil hacerse miembro mediante la creación de un perfil como anfitrión y/o viajero, que incluye una identificación verificada. Los huéspedes no necesitan reciprocar ser también anfitriones o dejar regalos, aunque las amistades duraderas son el resultado común. Se anima a los anfitriones y huéspedes a dejar comentarios y evaluaciones honestos para cada uno, lo que ayuda a garantizar la seguridad continua y el buen comportamiento en todo.

Mientras tanto, los no miembros también son bienvenidos a explorar los eventos del ‘couchsurfing’ en su ciudad. Oportunidades divertidas para hacer nuevas conexiones incluyen intercambio de idiomas semanales, trueque de habilidades, actividades al aire libre y convites.

“Para mí, se trata sin lugar a dudas de la comunidad, el tipo de persona que tiende a atraer”, dice Joseph Abrahamson, un ‘couchsurfer’ en sus mediados 20 años. “Un salón lleno de ‘couchsurfers’ está repleto de historias y cuentos, de escuchar, compartir y confiar; cambia a la persona de una forma positiva… las personas que viajan así durante bastante tiempo ya no pueden sobrevivir con una mente cerrada.”


Lisa Rosinky es escritora independiente radicada en Boston.

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