Las escuelas se vuelven más ambientalistas

Tareas, almuerzos, transportación…cambian a ecoamigables



Con tareas escolares sin papel, mochilas sin libros, almuerzos sin desperdicios, agua filtrada sin plástico y salones de clases sin paredes, los padres y maestros de hoy día están trabajando formas ecoamigables en las escuelas y a la vez, ofrecen a los estudiantes una apreciación temprana de la importancia de la salud ambiental.
 

El ser ecoamigable va en ambas direcciones—del hogar a la escuela y de la escuela al hogar. Alysia Reiner, actriz y activista ambiental radicada en el vecindario de Harlem, Nueva York, se involucró con la Escuela para Niños Bank Street cuando su hija se matriculó a la edad de 3 años.  “Yo practico ser verde en casa, por lo tanto, en mi mente su escuela tiene que ser igual. Como no había programas establecidos, hice sugerencias y terminé electa como copresidenta del Comité Ambiental”, dice Reiner, con una sonrisa en su voz.

“Hoy, tenemos un programa escolar abarcador para hacer composta que sirve a 1,500 estudiantes que han reducido niveles previos de desperdicios de alimentos en un 75 por ciento. Para crear mayor conciencia y fondos para apoyarlo, vendemos bolsitas de meriendas reutilizables, botellas de acero inoxidable para agua y bolsas para hacer composta en el hogar.” Un chef innovador se concentra en alimentos orgánicos con opciones vegetarianas para los almuerzos escolares. El próximo paso es hacer un jardín en el techo.

Cuando Sheila Hageman, autora, maestra y oradora pública de Milford, Connecticut, leyó por primera vez el memorándum de la New England School-Montessori que solicitaba que sus tres niños llevaran almuerzos que no generaran desperdicios, ella no se pudo imaginar empacando alimentos sin el uso de envolturas plásticas, bolsas para sándwiches o servilletas de papel. Pero ahora me doy cuenta que no es nada del otro mundo”, dice ella. “Uso envases de cristal y servilletas de tela. Los niños comen alimentos de mejor calidad y además, cuesta menos, porque las meriendas que ya vienen empacadas están fuera”. Ella señala que la regla principal es una proteína, una fruta y un vegetal. Incluso la escuela cuenta con un compostador natural—un conejillo de indias que se come todas las sobras de los vegetales.

A menudo, los estudiantes traen los primeros vegetales cultivados en casa para hablar de ello en el salón de clase, lugar donde normalmente comen su almuerzo. Es una buena manera de evitar alimentos producidos en masa; la escuela no tiene cafetería. “Un cambio pequeño se convierte en un estilo de vida”, dice Hageman.

La Oxbridge Academy of the Palm Beaches, con grados desde noveno a duodécimo, en West Palm Beach, Florida, provee a sus estudiantes una experiencia casi libre de papel, a todos ellos se les da una computadora. Las tareas se asignan, completan, evalúan y se devuelven por este medio; los exámenes se dan y se otorga la calificación; las notas finales y los libros de textos—todo se hace en línea.

“Compramos un conjunto de libros impresos pues no todos los estudiantes aprenden de la misma manera. Pero los libros electrónicos se pueden actualizar fácilmente de forma electrónica cada año, lo que ahorra el costo de material educativo que ha caducado y el costo de remplazarlo”, dice Teresa Thornton, Ph.D., maestra de ciencia que ha puesto en marcha muchas de las iniciativas ambientalistas de la escuela. “Al final del año, los estudiantes saben cómo usar los programados para organizar y analizar la información.”

En Pittsburgh, la Universidad Chatham sigue el ejemplo de la pionera ambientalista Rachel Carson, autora de Silent Spring y exalumna de la clase del 1929, de conservar, mantener y restaurar la naturaleza. Con la meta de ser neutral en la emisión de carbono para el 2025, la sostenibilidad se ha convertido en parte de toda decisión. La instalación del Chatham Eastside, localizada en un área revitalizada, reclamó un complejo que antes era un lugar de manufactura.

“Somos la primera escuela en Pennsylvania en tener un sistema de calentador solar”, dice Mary Whitney, coordinadora del programa de sostenibilidad de la escuela. “El agua embotellada fue prohibida en la escuela desde 2011 y las estaciones de agua filtrada son gratis para llenar las botellas de acero inoxidable. Los dos ‘Zipcars’ en el campus que comparten los estudiantes pueden reservarse con un costo. Los estudiantes también viajan gratis en el sistema de transportación pública.

En Chattanooga, Tennessee, en la Academia Calvin Donaldson de Ciencias Ambientales, los estudiantes ganan conocimientos y experiencias para llevar más allá la diferencia de enverdecer su escuela. Anne Vilen, diseñadora para escuelas de aprendizaje expedicionario como Donaldson, dice: “Les da apoderamiento a los estudiantes el descubrir que pueden hacer un impacto real”.


Comuníquese con la escritora en AveryMack@mindspring.com.

 

Lecciones ecológicas desde pre kínder hasta universidad

• La ciudad de San Francisco fue la primera de la nación en poner contenedores verdes en las cafeterías de las escuelas. En la actualidad, más del 85 por ciento de sus escuelas participan del programa de composta SF Environment’s Food to Flowers! Los desperdicios de alimentos y cartones de leche vacíos utilizados en los comedores se vuelven composta que luego es vendida a los agricultores del área. Las escuelas pueden recibir composta gratis para sus propios jardines.

• La Alianza para Ahorrar Energía, organización sin fines de lucro en Washington, D.C., lleva a cabo el Programa Escolar de Ahorro de Energía que les enseña a los niños cómo hacer auditorías de energía en la escuela y el hogar. Las escuelas participantes, por lo general, logran reducciones en los costos de utilización de energía entre un 5 a un 15 por ciento, a la vez que los estudiantes aprenden destrezas de matemática y ciencia.

• La Federación Nacional de la Vida Silvestre muestra a los estudiantes de K–12 cómo ellos pueden apoyar de forma activa la naturaleza mediante el establecimiento de hábitats de vida silvestre en el patio de la escuela. Los pupilos evalúan el ambiente, hacen un plan y lo implementan. Ellos pueden cultivar alimentos y crear refugios para vida silvestre como comedero y bañera para pájaros y observar los resultados. Un hábitat puede ser tan pequeño como 20 pies cuadrados o tan grande como los estudiantes sean capaces de mantener.

• En Tennessee, la Ivy Academy Chattanooga se esfuerza por integrar la naturaleza en cada clase, con muchas sesiones impartidas en exteriores en el bosque cercano. Los estudiantes trabajan con la división forestal de la región para tratar árboles enfermos y dar seguimiento a su crecimiento, luego envían la información al Smithsonian. Caminatas diarias mejoran la condición física y enfatizan sobre cómo los medios alternativos de viaje reducen los impactos dañinos del combustible fósil. Muchos estudiantes caminan a la escuela mientras que varios maestros corren 10 millas para llegar a la clase.

• Las escuelas deben estar lo más limpias posibles para prevenir la propagación de gérmenes, pero los agentes de limpieza tradicionales contienen productos químicos dañinos. Los fabricantes de la máquina ZONOsanitech atestiguan que mata casi todas las bacterias y virus comunes y cumple con los estándares de la Agencia de Protección Ambiental. La ZONO utiliza súper oxígeno (ozono) y menos de ocho onzas de agua al día y puede limpiar y desinfectar la mayoría de los muebles y materiales escolares en 30 minutos a la vez que gasta menos de tres centavos de electricidad.

• “Los estudios muestran que un 70 por ciento de la contaminación ambiental del aire proviene de las emisiones de diésel solamente”, dice Ron Halley, vicepresidente de la flota y facilidades de Student Transportation Inc., de Wall, Nueva Jersey, con oficinas en Estados Unidos y Canadá.

• “Student Transportation of America (STA) tendrá una flota de más de 1,000 autobuses escolares que utilizan combustible alternativo que operarán en California, Minnesota, Nebraska, Pennsylvania y Texas este próximo año escolar.” Los autobuses propulsados con propano casi no emiten ninguna partícula. La STA estima un ahorro de más de $2,600 por año por cada autobús que utiliza propano; históricamente cuesta 30 por ciento menos que el combustible diésel. Las escuelas públicas de Omaha, Nebraska, tienen 435 autobuses que utilizan propano, por lo que el ahorro en combustible y mantenimiento puede exceder un millón de dólares anualmente. “Las escuelas públicas de Omaha también reducirán las emisiones de dióxido de carbono en 2.3 millones de libras al año”, dice Halley.

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