Ese monstruo llamado azúcar

No es tan dulce como aparenta



“¿Soy adicto a la azúcar?” Hay una forma fácil de descubrirlo.
 

“Si se tiene que hacer la pregunta, entonces lo es”, indica el Dr. Jacob Teitelbaum, reconocido médico en medicina integral en Kona, Hawaii, y autor de Beat Sugar Addiction Now!

Todos estamos al tanto de los peligros del consumo excesivo de azúcar, especialmente del jarabe de maíz alto en fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, estos endulzantes a base de maíz están presentes aproximadamente en el 56 por ciento de todos los endulzantes y, en especial, en los refrescos (sodas).  

El estadounidense promedio consume 152 libras de azúcar anualmente en comparación con 109 libras en 1950, según el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Gran parte se ingiere en forma de líquidos azucarados, como jugos, y alrededor de 46 galones en refrescos al año (en comparación con 11 galones hace 50 años).

Añaden libras

Definitivamente, todos saben que la azúcar es alta en calorías y que causa aumento de peso, pero lo que puede que no sepan es que las calorías provenientes de la azúcar actúan de forma diferente en el cuerpo en comparación con las de otros alimentos. “La grasa no es la que hace que uno engorde, sino la azúcar”, indica el Dr. John Salerno, director de The Salerno Center for Complementary Medicine, en Nueva York, Tokio y Sao Paolo, Brasil.

“Comer carbohidratos aumenta rápidamente los niveles de azúcar (glucosa), lo que provoca que se libere insulina para transportar la glucosa que no se necesita inmediatamente para energía a las células”, explica Salerno en su libro más reciente, The Salerno Solution: An Ounce of Prevention, a Lifetime of Health. “Si hay más glucosa de la que se necesita, la restante se almacena en el hígado y los músculos como glucógeno y luego se convierte en grasa.”  

Efecto mortal

Aunque los efectos negativos del consumo excesivo de azúcar han sido documentados por décadas, “La evidencia de que la azúcar es la causa principal de obesidad y muchas otras enfermedades crónicas y mortales es cada vez mayor”, indica el médico osteopático, Dr. Joseph Mercola, de Hoffman Estates, Illinois, quien tiene un sito web de medicina natural sumamente popular, Mercola.com, y quien ha escrito muchos libros, incluidos The No-Grain Diet y Sweet Deception. 

“El consumo excesivo de fructosa produce resistencia a la insulina, lo que parece ser la raíz, si no la causa principal, de muchas enfermedades crónicas”, indica Mercola. Más allá de la asociación obvia existente entre enfermedades como la obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2, enfermedad hepática y cardiaca y el Alzheimer, estas enfermedades también han sido relacionadas con el azúcar, según el Centro Nacional para Información Biotecnológica de los Institutos Nacionales de la Salud.

“El azúcar, en exceso, es una toxina y no guarda relación con sus calorías”, explica el Dr. Robert Lustig, endocrinólogo y profesor de pediatría clínica de la Universidad de California, San Francisco. “La dosis determina la cantidad de veneno que ingiere. Al igual que el alcohol, en cantidades pequeñas está bien, pero en cantidades excesivas, no. Y la industria alimentaria nos ha llevado más allá de nuestro límite.” La azúcar puede ser adictiva, continúa diciendo Lustig. “Tiene el potencial evidente de abuso. Al igual que el tabaco y el alcohol, la azúcar trabaja en el cerebro y fomenta que se siga consumiendo.”

Sustitutos riesgosos

Los endulzantes artificiales sin calorías pueden ser igual de peligrosos, ya que nos hacen pensar que estamos eliminando calorías. El Estudio del Corazón de San Antonio en el que participaron 5,000 personas a las cuales se les dio seguimiento durante siete a ocho años, demostró que los adultos que consumieron refrescos regulares o de dieta eran más propensos a aumentar de peso, pero los que bebían las versiones de dieta tenían mayor probabilidad de desarrollar obesidad.  Los participantes del Estudio del Corazón de Framingham, Massachusetts, confirmaron aún más que los amantes de los refrescos, en general, tenían una probabilidad 40 por ciento mayor que los que no bebían refrescos de desarrollar síndrome metabólico, lo que aumenta el riesgo de diabetes y enfermedad cardiaca.   

Los estudios de la Escuela de Medicina de Washington, en St. Louis, Missouri, el Instituto Nacional de la Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales y la Universidad de Gunma, en Maebashi, Japón, sugieren que la sucralosa (mercadeada principalmente bajo el nombre de marca Splenda) puede provocar liberación de insulina (igual que si hubiera consumido azúcar) y con el tiempo, contribuir al desarrollo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

El aspartato y la sacarina también han sido asociados con aumento de peso y supresión de la respuesta de saciedad (llenura), lo que provoca que la persona coma en exceso. También se ha asociado con la posibilidad de desarrollo de cáncer. Estos efectos están apoyados por estudios realizados en por lo menos siete países y publicados por el Centro Nacional de Información Biotecnológica. Por último, el xilitol, otro endulzante bajo en calorías que algunos afirman es natural, en realidad es sumamente procesado y puede causar diarrea, incluso en cantidades mínimas.

Endulzantes saludables

Stevia, un extracto en polvo de una planta de Suramérica, es el endulzante natural más popular, ya que no contiene calorías ni provoca cambios en los niveles de azúcar; es 200 a 300 veces más dulce que el azúcar y, por lo tanto, se puede usar en menos cantidad. Busque un producto que no tenga aditivos.

Sucanat, el jugo deshidratado de la caña de azúcar, cuyo procesamiento es mínimo, también es una alternativa bastante saludable, ya que lo puede sustituir por la misma cantidad de azúcar al hornear. El agave y la azúcar negra (que sencillamente es azúcar menos refinada que la blanca) se metabolizan de igual forma que el azúcar regular y, por lo tanto, tienen los mismos efectos y causan los mismos cambios en los niveles de azúcar en la sangre.  

La miel, aunque contiene calorías, es alta en flavonoides, que son beneficiosos para el corazón, y antialérgenos e incluso puede ayudar a reducir los niveles de colesterol, según un estudio del University Hospital Giessen and Marburg, en Alemania.

El sirope de arce contiene muchas calorías, pero también es una rica fuente de polifenol, un poderoso antioxidante y agente antiinflamatorio. Un estudio de la Universidad de Rhode Island, Kingston, sugiere que el sirope de arce puede ayudar a manejar la diabetes tipo 2. La melaza, que también contiene calorías, es una buena alternativa si el peso no es un problema, ya que es una buena fuente de minerales, especialmente de hierro.    

El ‘monk fruit’ (fruta del monje) en su forma natural (evite el producto procesado Nectresse), es un pequeño melón de China y el sureste de Asia conocido como luo han guo, que se ha usado tradicionalmente en la medicina herbaria. Es bajo en carbohidratos y es 200 a 300 veces más dulce que el azúcar.  

El azúcar de coco está generando interés principalmente por su bajo índice glucémico (35) y cualidades bajas con respecto a los carbohidratos. Esta opción óptima es una buena fuente de potasio, magnesio, hierro, boro, zinc, azufre y cobre.  

Todas las frutas contienen fructosa, pero en su estado natural y no es sintetizada como un producto vegetal como sucede con el sirope de maíz. Las frutas también están repletas de beneficios saludables, así que consumirlas con moderación trabaja, especialmente las frutas y fresas que se sabe tienen un índice glucémico bajo, una medida de los efectos de los carbohidratos en los niveles de azúcar en la sangre.   


Kathleen Barnes ha escrito muchos libros sobre salud natural. Conéctese en KathleenBarnes.com.

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