Robert Llewellyn, fotógrafo de la naturaleza

Pasar de mirar a ver



Por los pasados 40 años, Robert Llewellyn ha fotografiado miles de bellezas únicas, muchas de ellas: árboles, flores, semillas y otros elementos del paisaje. “Para un fotógrafo, cualquier cosa puede ser un buen tema, incluso el sucio”, dice. Mi misión es mover a las personas de solamente mirar las cosas hasta ver profundamente las cosas como son”.

La primera colaboración con la escritora de temas de jardines, Nancy Ross Hugo, Remarkable Trees of Virginia, publicado en 2008, los llevó a recorrer en auto 20,000 millas en cuatro años para observar y capturar la compleja vida de 100 árboles notables. Fue en esta asignación que el fotógrafo  de Earlysville, Virginia, desarrolló su técnica actual que lo identifica,  usada posteriormente para ilustrar uno sus libros, Seeing Trees.

“Quería retratar partes pequeñas: hojas, frutas, cortezas y flores, de manera que podía cortar una flor, una ramita o vainas de semillas y ponerlas sobre una mesa de luz y tomar cientos de fotos, que unidas todas, eran infinitamente nítidas, como un dibujo botánico. Encontré que podía ampliar mi objeto, como por ejemplo, un grano de polen, de esta manera”.

Llewellyn vive con su esposa en una finca de 60 acres  llenos de árboles en Albemarle County, donde disfruta de un roble de 200 años frente a su puerta. Su último, de casi 40 libros, The Living Forest, se publica en octubre.

¿Por qué, a tus ojos, los árboles son tan cautivantes?

Cuando empecé a fotografiar árboles, los veía como objetos en el diseño de una fotografía, en lugar de algo que está vivo. Entonces, comencé a ver las bellotas de los árboles, las flores y el polen, me di cuenta de que este árbol hace lo que nosotros hacemos: nacer, crecer, tener descendencia y morir; buscar aire, nutrientes y luz. Los árboles tienen un plan maestro fascinante para sobrevivir y reproducirse. Algunos árboles pueden construir una estructura arquitectónica que crece hasta 150 pies de alto y pueden aguantar vientos de 100 millas por hora.

¿Qué le sugieres a un nuevo observador de árboles para comenzar a aprender a verlos más íntimamente?

Leer un libro como Seeing Trees, entonces salir y observar un árbol en tiempo real, durante diferentes momentos en el año y llevar un registro de lo que hacen. Tomar un lápiz y un papel y dibujarlos o tomar fotos. Comience explorando los árboles en su patio o en un parque cercano.

También, comparta una lupa de calidad para animar a los jóvenes a acercarse a los árboles. Desafíelos a encontrar flores, frutas o lugares donde las hojas del año pasado se cayeron. A los niños les encanta eso. Cuando visito las escuelas hago que los niños salgan y recojan los escombros de árboles caídos y los vemos juntos.

¿Qué hace que algunos de sus árboles favoritos sean distintivos?

Los arces rojos comienzan a florecer temprano en la primavera, sus flores aparecen antes que las hojas, y dejan caer sus semillas “helicópteros” para germinar antes de que cualquier cosa pueda comérselas. En la primavera, toda una colina enrojecerá con estos arces, pero no son sus hojas, son las flores del árbol preparándose para dejar caer su vistoso traje en el suelo antes que otra cosa florezca.

Puede aprender mucho de los árboles si mira lo que hay en el piso a través sus ciclos de vida. Por ejemplo, el sicomoro, tiene flores masculinas y femeninas. Las flores femeninas se convierten en vainas llenas de semillas que se secan y cuelgan a través del invierno hasta que un viento primaveral las sopla y las separa.

En lugar de ver los árboles como muertos en invierno, ¿Qué podemos buscar?

Los árboles están muy vivos en invierno. Cuando las hojas se caen, dejan atrás pequeños brotes acentuados de la hoja.  Puede cortarlos y encontrar pequeñísimas hojas encapsuladas que permanecen sin congelar en la espera de abrir en la primavera. Las ramitas en el invierno muestran cicatrices del lugar donde cayeron las hojas.

También podemos ser testigos de la vida diversa en y sobre los árboles en todas las estaciones. Eso incluye insectos, plantas, hongos y parásitos, además de animales que anidan en ellos y comen sus frutos y nueces. Una vez encontré una bola redonda en un árbol de roble que resultó ser un nido de avispas para su descendencia con sus larvas colgando en el medio.

¿Cómo se pueden transferir las habilidades de visualización de árboles a otros aspectos de nuestra vida?

La habilidad de observación es vital: pasar de mirar a ver. En una fiesta, simplemente puede charlar sin sentido con la gente o realmente puede verlos, lo que sus cuerpos, gestos y emociones están comunicando. Las etiquetas y los nombres se interponen en la forma de ver las cosas como son. Deje de etiquetar cosas o preocuparse por lo que se les llama; como en la meditación, simplemente relajarse en la observación y aceptación.


Comuníquese con la escritora independiente April Thompson, en Washington, D.C., en AprilWrites.com.

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