Aliviando el calor de la Tierra

Dar los pasos correctos en este momento, puede evitar lo peor de todo



El renombrado científico climático, Richard Somerville, Ph.D., utiliza lenguaje sencillo y analogías con el deporte para ayudarnos a entender el cambio climático y los riesgos que se avecinan.

Profesor emérito distinguido, investigador en el Scripps Institution of Oceanography, en California, y autor del libro The Forgiving Air, compara los gases de efecto invernadero con un escándalo que ha sacudido las Grandes Ligas en años recientes. “Los gases de efecto invernadero son los esteroides del sistema climático.” Aunque no podemos vincularlo a ningún evento climático en particular, podemos verlo en las estadísticas al final de la temporada, dice Somerville. Con todas las bases llenas, “Cuidado, porque la Madre Naturaleza es la última al bate”.

Para explicar cómo podemos confrontar el problema, acude a otro deporte, el esquí. Si fuéramos serios en tratar de evitar el peor de los escenarios, podemos haber optado por una “pendiente pequeña”, un descenso lento en la utilización de uso omnipresente de los combustibles fósiles que cambian el clima. Desafortunadamente, los gases de efecto invernadero tendrían que alcanzar su punto máximo hace dos años y ahora estarían en declive con el fin de tomar el camino más fácil. En cambio, la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera pasó a 400 partes por millón en mayo pasado, un nivel en que la mayoría de los científicos coinciden el planeta no ha experimentado algo así desde mucho antes de la llegada de los humanos modernos.

“La ciencia dice, podemos poner esta cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, pero no más, sin cambiar el clima del planeta muy dramáticamente”, dice Somerville. “La Madre Naturaleza le dice, no puedo esperar 50 a 100 años para resolverlo. Hay que hacerlo entre 5 a 10 años. Ha habido un fallo general de cómo conectar los puntos.” Una buena noticia es que este tiempo todavía no se ha acabado. Él y otros líderes pioneros creen que todavía se puede revertir ese peligroso curso actual.Bill McKibben (Foto: Nancy Battaglia)

“Estos pocos años que se avecinan van a contar la historia de los próximos 10,000 años”, dice el conocido activista ambientalista, Bill McKibben, autor de Eaarth: Making a Life on a Tough New Planet. “Nosotros no vamos a detener el calentamiento global; ya es muy tarde para eso. Pero podemos evitar que se ponga tan malo como posiblemente pueda suceder.”

En el frente energético

El grupo base de McKibben, 350.org, se opone al previsto oleoducto Keystone XL, que si se construye, se espera transporte petróleo de arenas bituminosas a través de los Estados Unidos a refinerías en el Golfo de México. Dice McKibben que el aumento de la infraestructura de combustible fósil es poco práctica y estamos mejor si invertimos en energías limpias y renovables, como la eólica, solar y geotermal.

Frances Beinecke (foto: Matt Greenslade / photo-nyc.com)Es un tema sonado por Frances Beinecke, presidenta del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales con base en la ciudad de Nueva York y autora de Clean Energy Common Sense. Con el fracaso del Congreso de los Estados Unidos de promulgar legislación climática, un grupo que abarca 1.4 millones de miembros y activistas en Internet, está presionando a la administración de Obama para que cumpla su promesa de regular el dióxido de carbono emitido por las centrales eléctricas, las principales culpables de los gases que afectan el clima y que contribuyen con un 40 por ciento de las emisiones de carbono del país. “Es tiempo de actuar y tiene que ser ahora”, dice Beinecke.

En el frente del agua

Sandra Postel concuerda. “El agua, la energía y la producción de alimentos están fuertemente vinculadas y todas se afectan por el cambio climático.” Desde Los Lunas, Nuevo México, dirige el Global Water Policy Project, un grupo enfocado también en el enigma climático, al igual que la campaña sobre la conservación y restauración del agua de la National Geographic.

La competencia por el agua está aumentando en varias partes del país, dice ella, y solo se pondrá peor si las condiciones de sequía aumentan la demanda de aguas subterráneas. Los recursos en peligro reseñados en sus extensos escritos incluyen el Acuífero de Ogallala, vital para las operaciones agrícolas a través de gran parte de las Grandes Planicies y el Valle Central de California, lugares de siembra de frutas y vegetales de la nación. En la cuenca del Río Colorado, que provee agua potable para 30 millones de personas, el agua ya excede la oferta de demanda de consumo—y se espera que esa brecha se agrande con los cambios del clima en la región.

En otras regiones el problema es el exceso de agua por las tormentas, huracanes e inundaciones, una tendencia que Postel y otros expertos dicen que también empeorará mientras el mundo siga calentándose y desate tiempos extremos. Más allá de la pérdida de vida y daño a la propiedad, esta “nueva normalidad” tiene duras consecuencias para las comunidades.Sandra Postel

“Hemos construido nuestros puentes, represas y otra infraestructura basada en tiempos a base de  los registros de 100 años de lo ocurrido en el pasado”, dice Postel. “En muchos sentidos, la forma en que experimentaremos el cambio climático será a través de los cambios en el ciclo del agua. Si ya el pasado no es una buena guía para el futuro, tendremos que cambiar nuestra gestión y manejo del agua.”

En el frente oceánico

Los océanos del mundo están siendo transformados por el cambio climático en formas que solo comenzamos a entender. Desde la Revolución Industrial, los océanos han absorbido una porción significativa de dióxido de carbono generado al experimentar un 30 por ciento de aumento en la acidez, que se espera llegue a un 100 a 150 por ciento sobre los niveles preindustriales para finales de este siglo, según informa la Academia Nacional de Ciencia, en Washington, D.C.

“Gracias a Dios por los océanos, pero ellos están pagando un tremendo precio”, dice la oceanógrafa Dawn Wright, Ph.D., quien es la científica principal de Esri, en Redlands, California, que analiza las relaciones de los sistemas geográficos, patrones y tendencias.  

Dawn WrightLos niveles altos de acidez “están cobrando su precio en los mariscos, así como en las ostras, los erizos y las almejas, al igual que en los arrecifes de corales, donde se genera mucha actividad acuática”, explica Wright. El cambio climático puede tener otros impactos devastadores en la cadena alimentaria del océano—y eventualmente en nosotros—que los científicos están solo comenzando a entender. Uno de los muchos impactos: la acidificación del océano amenaza la industria de peces silvestres y mariscos del país que suma $3.7 mil millones anuales y un pedazo de los $9.6 mil millones del negocio turístico global dirigido a los buzos y otros similares, según informa un estudio de la Academia Nacional de Ciencia.

El camino a seguir

Podemos estar agradecidos de algunos avances alentadores que dan paso para actuar.

Wright, quien ha servido como consejera en National Ocean Council, está supervisando la iniciativa de su empresa oceánica, que incluye la construcción de un mapa base del océano con unos detalles sin precedentes. Se han creado mapas de menos de un 10 por ciento de los reinos submarinos de los océanos del mundo, Esri está compilando datos batimétricos con autoridad para construir un mapa integral del piso oceánico.

Los planificadores del sector público y privado, los investigadores, empresas e instituciones sin fines de lucro ya están utilizando este mapa y herramienta de análisis, entre otras cosas, para llevar a cabo evaluaciones de riesgo y proveer mayor entendimiento de cómo los desarrollos en tierra impactan los sistemas naturales oceánicos.

Las municipalidades también están tomando acción. La ciudad de Nueva York planifica restaurar los amortiguadores naturales contra futuros huracanes, mientras que en Filadelfia y otras ciudades están restaurando las cuencas hidrográficas, replantando árboles en las áreas ribereñas, añadiendo jardines de lluvia, poniendo pavimento permeable y renovando los techos y los estacionamientos para reducir las escorrentías de las aguas pluviales. El invertir en esta “infraestructura verde” es menos costoso que expandir en “infraestructura gris” como los sistemas de alcantarillado subterráneo y plantas de purificación de agua.

Cada vez más, las autoridades locales están relocalizando comunidades fuera de zonas inundables para permitir que los ríos recuperen los humedales, un esfuerzo que también crea nuevos lugares para recreación y turismo. Los terrenos inundables amortiguan contra inundaciones extremas y sequías, a la vez que filtran las escorrentías de aguas pluviales y remueven los fertilizantes agrícolas y de césped y otros químicos que de otra manera entrarían en otras vías fluviales creando “zonas muertas” desoxigenadas donde la vida acuática no puede sobrevivir, como se ejemplifica en el Lago Erie, la Bahía de Chesapeake y el Golfo de México.

“Estas soluciones se están creando aquí y allá”, observa Postel, al mismo tiempo que señala que en muchos lugares están reconstruyendo diques a su propio riesgo y permitiendo a las personas que regresen a áreas que se inundan repetidamente. “Ya hay una cantidad de cambio climático establecido. Nos tendremos que adaptar, al igual que mitigar, simultáneamente.”

Somerville, quien ayudó a escribir la evaluación de 2007 por el Panel Internacional sobre el Cambio Climático galardonado con el Premio Nobel, califica de “tonterías” cuando los políticos dicen que no hay suficiente tiempo o es muy costoso abordar el problema. “Es muy factible”, sostiene. “Primero, infórmese. Segundo, dígales a los políticos que usted se preocupa por esto.  Entonces haga revuelo con aquellos que no están de acuerdo. Tenemos que luchar para que este tema del cambio climático sea una prioridad.”

McKibben recomienda que el país debe tomar en serio lo de poner un precio a las emisiones de carbono. Mientras tanto, está animado con relación a los éxitos logrados por personas a nivel regional al bloquear las fracturas hidráulicas o sacar petróleo de las fisuras del subsuelo, un método controversial de extraer gas natural y da crédito a los grupos luchadores que mantuvieron el proyecto del oleoducto Keystore a raya.

Según McKibben: “Estamos cortando súper cerca y necesitamos cambiar la trayectoria del cambio climático. Todavía podemos tener una buena vida movidos por la energía del viento y solar, pero tenemos que aprender a vivir de forma más sencilla. No sé dónde terminará todo esto y no lo veré en lo que me queda de vida. Pero si podemos parar la combustión de los combustibles fósiles y detener el consumo sin fin, entonces hay alguna posibilidad de que la próxima generación descifre cómo será el aterrizaje.”


Christine MacDonald es periodista independiente en Washington, D.C., especializada en salud, ciencia y asuntos ambientales. Conozca más en ChristineMacDonald.info.

 

Signos de los cambios que se avecinan

Sin acciones para reducir de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, las temperaturas del aire podrían aumentar tanto como un 11.5 por ciento para el 2100, según informa la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).

Si bien la Convención Marco sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas se comprometió en 2009 con que el calentamiento no subiera más de 3.6 grados Fahrenheit, más informes del Banco Mundial y otras instituciones advierten que la meta no es realista. El calentamiento global continuo puede causar extensas sequías, inundaciones y otros cambios con consecuencias desastrosas. Estas son algunas maneras de cómo el cambio climático ha impactado nuestras vidas.

Temperaturas: La temperatura global promedio para el 2012 —alrededor de 58.3 grados Fahrenheit— fue el noveno año más caliente desde que se comenzó a registrar en 1880. También fue el 36to año consecutivo que las temperaturas globales sobrepasaron el promedio del siglo XX, según el Centro Nacional de Datos Climáticos en la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica. El problema toma vida en un vídeo en Tinyurl.com/NASAEarthTemps.

La EPA informa que se espera que el número de días con altas temperaturas sobre 90 grados Fahrenheit aumente en los Estados Unidos, en especial en áreas donde ya se experimentan olas de calor.

Sequía: La sequía golpeó dos tercios de los 48 estados en los EE.UU. el año pasado y continuó en 2013 en muchas partes del país, con un costo multimillonario en problemas con la agricultura y daños causados por los incendios forestales.

Tormentas extremas: El clima en la costa este se ha convertido en salvaje, con tormentas como el Huracán Irene y la súper tormenta Sandy que trajeron pérdidas de vidas y propiedad sin precedente.  

Suministros de agua dulce: En la medida que se van derritiendo las huellas históricas de los glaciares, se reduce la cantidad de deshielo de la primavera y continuamos agotando el agua subterránea más rápido de lo que puede ser repuesta, por lo tanto, se espera que aumenten los conflictos por el agua entre la agricultura, la industria y las municipalidades. Mientras tanto, el aumento en el nivel del mar cerca de algunas ciudades de costa ya ha dado lugar a incursiones de agua salada que han contaminado los sistemas de agua dulce subterráneos.

Aumento en el nivel del mar: Desde 1870, el nivel global del mar ha aumentado cerca de ocho pulgadas, según la EPA. Para finales de este siglo, se estima que la ciudad de Nueva York pueda ver un alza de 2.3 pies y Galveston, Texas, 3.5 pies. Otros estudios dicen que estos estimados son conservadores. La investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences en julio, concluye que un aumento de 3.6 grados Fahrenheit podría resultar en un alza correspondiente en los niveles del mar superiores a 13 pies.

Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags