Los niños siguen el ejemplo de los adultos

Soluciones para niños egocentristas



“Si quieres sentirte abatido, piensa solo en ti mismo. Si quieres sentirte feliz, piensa en los demás”.
~ Sakyong Mipham Rinpoche
 

La frase “niños conectados” describe muy bien esta juventud actual obsesionada por las relaciones basadas en la Internet. Sin embargo, estos mismos jóvenes aún desean tener relaciones convencionales y personales con los adultos en sus vidas. No importa quién sea, el padre o la madre, el padrastro o la madrastra, el abuelo o la abuela, la tía o el tío, algún miembro de más edad de la familia, un maestro, entrenador, etc., la experiencia demuestra que todos pueden ayudar a guiar a los niños, ya que les pueden enseñar sobre compasión y así ayudarlos a desarrollar ese instinto de preocuparse por los demás.  

El pensador futurista y autor sueco, Mats Lindgren, describe a estas personas jóvenes, criadas en la “Generación del Yo” (nacidos en los años 70, 80 y 90), la MeWe Generation, por sus esfuerzos de balancear una cultura de individualismo con su necesidad de ser parte de algo. “Aunque los MeWes viajan y experimentan más que cualquier otra generación anterior, [a base de encuestas] las cosas pequeñas de la vida siguen obteniendo las mejores puntuaciones. Una vida feliz se basa en relaciones y camaradería”, indica.  

La vida familiar, para bien o para mal, establece la forma en la que los niños se relacionan con los demás, ya sea en la escuela, la comunidad, el trabajo, como ciudadano y como miembros de la raza humana. ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a sentirse realmente conectados y a aprender a ser responsables de sus actos y a respetar a los demás?

Todos juntos

Lo que queremos comenzar a cosechar en el hogar es compasión, relaciones positivas, responsabilidad y cómo llegar a ser un buen ciudadano. La alternativa es egoísmo, aislamiento, abuso y  marginación; términos que esperamos no apliquen nunca a nuestros hijos. Si queremos que nuestros hijos tengan cualidades sanas y positivas y desempeñen una función importante en la vida en y fuera de la casa, tenemos que entender cómo hacer que nuestros hijos piensen en términos de “nosotros” en lugar de “yo” sola y exclusivamente.

Para comenzar, es importante entender que cuando no les exigimos nada a nuestros hijos –no  dejar que enfrenten retos y que asuman responsabilidad por ellos mismos y por los demás– nos corremos el riesgo de engreírlos. Los niños que pueden ver y experimentar cómo otros cuidan de los demás y participar regularmente en actos de compasión, se sienten más conectados a su comunidad de familia y amigos. Un niño que recibe atención y cariño y al que se le brindan oportunidades de actuar independientemente de sus padres, también sabrá lo que significa que confíen en él. Los padres deben llevar el mensaje de: “Sé que puedes lograrlo”.

Un niño que tiene este ejemplo de compasión y confianza imitará dicha actitud, porque se siente bien dando y quiere que los demás lo valoricen. También, el haberle permitido que sufriera las consecuencias de algunas malas decisiones personales (hasta cierto punto), hace que entienda que sus decisiones no solo lo afectan a él sino que también a los demás. Si se le brinda la oportunidad de analizar las cosas por sí mismo, puede tomar mejores decisiones en lugar de sentir que lo están forzando o que tiene que ceder para complacer a los demás. Sabe cómo mostrar respeto porque sabe lo que es sentirse respetado.

Actuar de forma responsable hace que se pueda identificar con los demás y, a la vez, muestra la solidez de sus relaciones y las contribuciones que ha hecho en pro del bienestar de los demás.  Esta actitud solidifica la relación de un niño con su familia y su comunidad, lo que a la vez le lleva el mensaje al niño de: “Eres parte de nosotros. Eres parte de esta familia y esta comunidad y dependemos de ti”. El niño se dice a sí mismo: “Estoy aquí” y “Soy importante”.  

Conectando lugares

Estas conexiones con los demás y la comunidad también son moldeadas por los espacios físicos que ocupamos. Los estudios citados en el libro The Architecture of Happiness, de Alain de Botton, dan fe de los efectos positivos de estas actitudes sobre el bienestar mental, los patrones de relaciones e, incluso, la salud física y la longevidad.

Enclaustrar a los niños dentro de grandes casas de clase media puede ser el obstáculo más grande  que enfrentamos al tratar de enseñar los valores de la generación basada en el “nosotros”. Según la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas, la casa promedio en los Estados Unidos aumentó de 983 pies cuadrados en 1950 a 2,434 pies cuadrados en 2005. Esta espaciosidad abrumadora afecta la interacción familiar, ya que no permite la informalidad de interactuar de forma espontánea. La familia comparte cada vez menos, lo que deja a los niños sintiéndose solos dentro de una abundancia material. Crecen esperando tener cosas y no tener que compartirlas.

¿Por qué vivir en una casa más grande si esto amenaza la relación con nuestros hijos, vecinos y cónyuge? Para poder costear la mini-mansión hay que trabajar muchas horas adicionales, sin contar los dos automóviles que tenemos que tener y el largo viaje que tenemos que dar para llegar al trabajo y poder mantener el estilo de vida que permite vivir en las afueras de la ciudad. Necesitamos contramedidas.

Cuando les pregunto a los niños dónde les gustaría vivir, casi siempre responden que quisieran  estar en un lugar donde pudieran caminar a la tienda, la escuela y lugares para jugar con los amigos. Rara vez mencionan que quisieran una casa más grande. La mayoría estaría dispuesta a cambiar las grandes habitaciones con baño privado por mayor libertad, una comunidad más unida y más tiempo con padres menos estresados.

Escuche con atención y escuchará a los niños pidiéndonos permiso para vivir sus vidas realmente conectados con nosotros y su creciente círculo de amistades alrededor del mundo.


Michael Ungar, Ph.D., es médico y profesor de investigación en la Escuela de Trabajo Social en la Universidad de Dalhousie en Halifax, Nueva Escocia, Canadá. Basó este artículo en su   libro, The We Generation: Raising Socially Responsible Kids, publicado por Da Capo Lifelong Books.

 

De grosero a responsable

 

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