Creciendo con Wayne Dyer

Serena Dyer reflexiona sobre su crianza y educación espiritual



Serena Dyer tuvo una infancia única al ser criada por padres espiritualmente progresivos, incluido su padre, quien es una celebridad y autor de libros de grandes éxitos, Wayne Dyer, Ph.D., quien le escribía notitas en papel con membrete personal con el lema: “Sé realista. ¡Espera milagros!” No es un mensaje que probablemente sus compañeros escuchaban en casa.

Ahora, a sus 29 años, Serena ha compartido sus experiencias de crecimiento en Don’t Die with Your Music Still in You: My Experience Growing Up with Spiritual Parents, en coautoría con su padre. El título refleja la lección clave de sus padres a sus hijos: Persigue la vida que has nacido para vivir.

Algunos tropiezos en el camino hacia su verdadera vocación incluyeron el matricularse en la escuela de derecho para mantener su identidad de estudiante, pero su crianza sirvió como faro de luz para llevarla a encontrarse con ella misma. Escribió su libro luego de abandonar la escuela de  derecho, un gran paso hacia alcanzar su sueño de inspirar a otros a vivir con autenticidad.

¿Cómo fue crecer con Wayne Dyer como tu padre?

Al crecer, mis siete hermanos y yo estuvimos expuestos a muchas ideas que eran diferentes a las que escuchaban mis amigos. Nos enseñaron que dentro de cada uno hay un propósito, una pasión que llamamos ‘dharma’ y que ese ‘dharma’ es lo que estamos encarnados a hacer aquí. Se nos enseñó que la cosa más importante que podemos hacer en nuestra vida es seguir ese ‘dharma’, y al así hacerlo, estamos sirviendo a Dios. A menudo bromeo que mi infancia estuvo llena de amor incondicional y seguridad, pero también de mucha rareza. No muchos niños aprenden sobre la meditación trascendental a la edad de cinco años y a tener monjes como amigos.

¿Hubo algún inconveniente al haber sido criada por padres espirituales?

Me gusta pensar que, si bien no había inconvenientes reales, ciertamente hubo desafíos. Por ejemplo, en un hogar más tradicional, cuando a alguien le da la influenza, sus padres probablemente le dicen que esta es la época de la influenza y que esta anda por los alrededores. En mi casa, cuando a uno de nosotros nos daba la gripe, nos decían que nos teníamos que alinear con ella y permitirla dentro de nosotros. En otras palabras, parte del desafío de tener unos padres espiritualmente progresistas es que eres consciente de que eres responsable por todo lo que pasa en tu vida.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido?

Hasta ahora, es saber que nosotros somos creadores y dueños de nuestro destino. De todo corazón creo que nos apuntamos para las experiencias que tenemos en esta vida, ya que son parte de los deseos de nuestra alma de crecer y expandirse. Cuando hacemos la elección de ver la vida como si no nos estuviera sucediendo, sino respondiéndonos, nos volvemos más conscientes de lo mucho que nuestros pensamientos afectan nuestra experiencia diaria. Estoy tan agradecida que mis padres me hayan enseñado esto cuando muy joven porque he aprendido a escoger mis pensamientos con mucho cuidado.

¿Cuál es el mayor regalo que tus padres te han dado?

No es algo que hicieron por mí; es cómo vivieron sus vidas delante de mí. Mis padres no me animaron a seguir mis sueños y entonces sacrificar los de ellos para criarme. Mis padres siguieron sus sueños y al observarlos hacerlo, me sentí igualmente segura de ir tras los míos. Me enseñaron que no hay honor en sacrificarse uno mismo o tus sueños por otra persona, y demostraron que el único momento que tienes para hacer la vida de la forma como la quieres, es ahora. Estoy agradecida de ellos por vivir su vida de esta manera, lo que me ha permitido sentirme segura de vivir mi vida de esta manera también.

¿Qué consejo les darías a las personas que hubieran deseado ser criados de una forma más espiritual?

Les digo a las personas que realmente no importa qué tipo de padres tuvieron, lo que importa es cómo te sientes contigo mismo. Todo en la vida comienza con uno mismo. Si no tienes amor, aceptación y perdón con uno, no tendrás estas cosas tampoco con otras personas. Me enseñaron que no podemos dar lo que no tenemos. Cuando aprendemos a amar y atesorar cada parte nuestra, también tenemos amor que dar a los otros.


La autora Lindsay McGinty vive en Orange County, CA.

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