El milagro de la mediana edad

Ser exactamente quienes tenemos que ser



¿Cómo viviríamos si no tuviéramos miedo a la muerte? ¿Cómo viviríamos si nos diéramos permiso de dar vida a todo lo que tenemos? En la lectura The Longevity Factor, Lydia Brontë, Ph.D., observa que hemos añadido15 años a nuestras vidas… pero en el medio, no al final. Ya no nos identificamos como “bajando la cuesta” a cualquier edad, sencillamente estamos removiendo la cuesta. Estamos forjando una conversación diferente y una nueva visión que nos lleva más allá de las formas de pensamiento limitantes que han definido los parámetros sobre la edad por generaciones.

Por primera vez en la historia, podemos ver de forma realista la primera mitad de la vida como un periodo de gestación que nos prepara para una segunda mitad aún más productiva. La mediana edad es como la segunda pubertad, un punto en que cambia la persona y otra toma su puesto. Lo que suceda después, dependerá de nosotros.

En ese momento, algunos comienzan una larga y lenta travesía hacia la muerte, al permitir que los recuerdos sean más significativos que el presente. Otros, recuerdan que el espíritu dentro de nosotros no envejece, ven el momento de la mediana edad como un renacer—poner los motores a toda marcha. Quienquiera sea para lo que nacimos, cualquiera sea lo que quiere lograr la codificación de nuestra alma, las lecciones que vinimos a aprender; ahora es el tiempo para ir hacia eso, en serio. Podemos lamentarnos que ya no somos jóvenes, pero estamos encantados de que ya no estamos despistados.

Pero debemos tener disciplina. Ahora queremos convertirnos en instrumentos de precisión, enfocados en lo que exactamente queremos hacer y en lo que necesitamos ser. Esto requiere separarnos de la persona que antes éramos en la medida que esa persona no era la que conocíamos en nuestros corazones que fuimos creados para ser.

No hay más tiempo para desvíos de cinco años. No hay más tiempo para relaciones que no sirven o mantenerse en situaciones que no están acorde con nuestra verdad. No hay más tiempo para la mezquindad, falso orgullo u otros obstáculos disfuncionales que obstruyen nuestro destino más alto y la alegría que está destinada a ser nuestra.

Puede que nuestra vida no sea tan fabulosa como solía ser en algunas maneras, pero en otros aspectos es aún más fabulosa. El Universo es constante y más infinitamente elástico, al no responder a nuestro pasado, sino a nuestro estado de ánimo presente. Mientras aprendemos a reprogramar los pensamientos—perdonar nuestros errores del pasado y abrazar las posibilidades milagrosas sin fin del presente—entramos en un momento en el que tenemos toda la razón para mirar hacia adelante con auténtica emoción a lo que sucederá a continuación.

Individual y colectivamente ahora estamos instalados para forjar nuevos caminos sin miedo,  ejerciendo el poder de lo que la vida nos ha enseñado hasta ahora y reclamando la posibilidad de la redención, no solo para nosotros mismos, sino para el mundo entero. El planeta necesita una nueva historia, alineada con una conciencia mayor y nosotros también.

Lo que necesitamos ahora es la imaginación y el valor. Muchos de nosotros sentimos que llevamos mucho tiempo cargando un sueño secreto, raramente validándolo ni siquiera para nosotros mismos y a menudo negando su realidad. Pero aun así se ha negado a desaparecer y está listo para nacer al fin. Las personas que han pasado décadas para lograr una cosa o moverse en una dirección, a menudo se ocupan en otra cosa que les da mucha más satisfacción psíquica.  Ellos ven los logros que fueron la cúspide de su éxito material como una preparación para algo más grande; los medios por los cuales aprendieron sus destrezas necesarias, en última instancia, necesarias para hacer la más grande contribución al mundo. 

La ley divina garantiza que el poder del “ahora” presenta una fuente infinita de oportunidades milagrosas. En Dios, no hay límites de cuán alto podemos llegar. En Dios, no hay tiempo… solo la llamada del alma. No es tarde; estamos en el momento justo y estamos mejor que lo que sabemos.

Ahora, después de haber visitado muchos lugares en nuestro viaje por la vida, buscamos nuestro lugar en los latidos colectivos de la santidad. Cuando un número suficiente de nosotros permanecemos en la luz de nuestro propósito superior, buscando ser cada vez más siervos del amor, cada uno conscientemente dedicados a crear un mundo más amoroso, entonces un nuevo campo de posibilidades colectivas surgirá entre nosotros. Todo lo que no sea amor comenzará a caer por su propio peso. Un momento profundo de renovación planetaria ocurrirá luego que hemos permitido que ocurriera primero entre nosotros.


Marianne Williamson es una aclamada autora y oradora internacional sobre temas inspiradores. Seis de sus 10 libros han sido éxitos en ventas en lista del New York Times, incluido The Age of Miracles: Embracing the New Midlife, la base de este artículo.

Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags