La economía de la felicidad: la nueva economía

Cambiando las reglas para beneficio de todos



La mayoría de los estadounidenses se enfrentan hoy a los retos económicos más significativos en generaciones. Desde las dificultades del desempleo hasta los peligros de la creciente deuda, la preocupación por la salud de una economía nacional que depende del consumo y el éxito del mercado domina nuestras conversaciones. Pero nos preguntamos qué es realmente la economía.
 

Desde la Segunda Guerra Mundial nos han asegurado que más crecimiento económico es bueno para nosotros. Pero, ¿lo es? La economía de los Estados Unidos, en su búsqueda de un crecimiento constante, está en extrema necesidad de un apoyo crítico vital. Muchas personas han perdido sus trabajos, hogares, becas y ahorros para su retiro, junto con la paz mental, frente una gran y compleja incertidumbre. Aquellos que tienen trabajo están ganando menos en salario real que en el 2001, incluso trabajando más horas y se desplazan más que las generaciones previas.

Ya estamos cansados del mantra oficial: Trabaje más, disfrute menos, contamine más, coma alimentos tóxicos y padezca de enfermedades, todo por el bien de aumentar el producto doméstico bruto. ¿Por qué no aprender formas para trabajar menos y disfrutar más; pasar más tiempo con la familia y los amigos; consumir, contaminar, destruir y deber menos; vivir una vida más larga y mejor y con más significado? Para hacer todo esto necesitamos soluciones frescas que nos comprometan para ayudarnos a redefinir las metas económicas (qué queremos de la economía) en oposición a las metas económicas (qué ella exige de nosotros).

Una economía basada en la calidad de vida

A pesar que una economía basada en una alta calidad de vida que haga que las personas sean más felices podría sonar revolucionario, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos, consagró la búsqueda de la felicidad como un derecho humano cuando redactó la Declaración de Independencia. Jefferson enfatizó que el gobierno estadounidense estaba para: “asegurar los grados más altos de felicidad posible para la masa general de aquellos asociados bajo ella”. Del mismo modo, la Constitución de los Estados Unidos declara que el gobierno está para promover, entre otras cosas, el bienestar general de las personas.

Los estadounidenses son capaces de lograr una vida mejor, según se ha demostrado muchas veces en el pasado, como resultado de avances que van desde la democracia, el sufragio femenino y los derechos civiles hasta el liderazgo en la invención tecnológica.  Aunque la historia ha demostrado que esto se ha logrado principalmente mediante el cambio de políticas nacionales, cualquier pronunciación de una nueva economía que mejore el bienestar es la primera gran medida por la cual los ciudadanos activos escogen invertir más tiempo en la construcción de una nación que refleje un aumento en los valores cada vez más iluminados.

Ya estamos cansados del mantra oficial: Trabaje más, disfrute menos, contamine más, coma alimentos tóxicos y padezca de enfermedades, todo por el bien de aumentar el producto doméstico bruto. ¿Por qué no aprender formas para trabajar menos y disfrutar más; pasar más tiempo con la familia y los amigos; consumir, contaminar, destruir y deber menos; vivir una vida más larga y mejor y con más significado?


La calidad de vida de cada uno—desde los padres de hoy día hasta las futuras generaciones de los bisnietos—depende de las personas que trabajan en conjunto para construir una nueva economía basada en el concepto de riqueza genuina. El economista ecológico Mark Anielski explica en su galardonado libro, Economics of Happiness: Building Genuine Wealth, este nuevo y práctico enfoque basado en lo que la gente valora más, afirmando que es: “El amor, las relaciones significativas, la alegría, la suficiencia, la justicia y la paz”—cualidades de vida mucho más vitales que el crecimiento económico ciego y las posesiones materiales.

Medidas preferidas de progreso

Para determinar si nuestra economía promueve el mayor bien o la alegría de los estadounidenses, necesitamos entender qué nos hace felices y cómo las políticas económicas mejoran o frustran nuestra búsqueda de la felicidad; también necesitamos un mejor instrumento para medir la economía que no sea el producto interno bruto (PIB).

El PIB hace un recuento de los gastos remediales y defensivos tales como la contaminación, los accidentes, las guerras, el crimen y la enfermedad como positivos, en lugar de deducir estos costos. El PIB también descuenta el valor de las contribuciones como los recursos naturales y los servicios de ecosistema, mejoras en la calidad de vida, el trabajo doméstico no remunerado, el trabajo voluntario, la buena salud y la conexión social.

Anielski, junto con los expertos en economía como Charles Eisenstein, autor de Sacred Economy, Hazel Henderson, autora de Ethical Markets, y el economista premio Nobel Joseph Stiglitz, recomiendan que las políticas económicas apunten a mejorar el bienestar de la sociedad en lugar del PIB. Todos concuerdan que un nuevo indicador del bienestar, como el Indicador de Progreso Genuino de los Estados Unidos (IPG), puede ser utilizado para medir con más precisión el progreso económico.

La ciencia de la felicidad

Una respetada “ciencia de la felicidad”, impulsada por el pionero Edward Diener, Ph.D., llamado el Dr. Felicidad, psicólogo positivista de la Universidad de Illinois y otros investigadores, ha existido por más de una década. El estudio de qué hace a la gente feliz y que tengan una vida plena, demuestra repetidamente que la ruta económica hacia la felicidad no consiste en la ampliación de la súper autopista de la acumulación. Por el contrario, reside en una variedad de valores personales que están más cercanos a nuestros corazones, según se ilustra con el ejemplo de Bután, nación del Himalaya, (población: alrededor de 700,000).

Por muchos años, Bután ha medido su bienestar general—como subjetivamente las mismas personas informan—utilizando el índice de Felicidad Nacional Bruta (GNH, siglas para Gross National Happiness). Su gobierno basa las decisiones políticas en cómo se podría afectar la felicidad asociada a la alegría, la familia, la comunidad, la espiritualidad, la educación, la compatibilidad con la naturaleza y la buena salud física.  Luego de años de investigación primaria, los butaneses han identificado nueve áreas para evaluar la felicidad: bienestar psicológico, salud física, uso del tiempo (equilibrio con el trabajo), vitalidad comunitaria y conexión social, educación, preservación cultural y diversidad, sostenibilidad ambiental, buena gobernabilidad y bienestar material.

En 2004, se llevó a cabo en Bután la Primera Conferencia Internacional sobre la Felicidad Nacional Bruta. Cientos de representantes del gobierno, académicos y otros líderes de más de 40 naciones se unieron para explorar la posibilidad de hacer del índice GNH un verdadero indicador de la salud y calidad de vida un país. A partir del 2011, una resolución no vinculante de la Asamblea General de las Naciones Unidas, insta a los países a medir su salud y felicidad, al igual que su riqueza. La misma fue respaldada por sesenta países.

Midiendo la satisfacción de vida del estadounidense

Seattle, Washington, primera ciudad de los Estados Unidos en implementar una medida de satisfacción de vida, está apostando a los indicadores de Bután: bienestar psicológico, salud física, balance del tiempo de trabajo, educación y capacidad de construcción, vitalidad cultural y acceso a las artes y la cultura, calidad ambiental y acceso a la naturaleza, gobernabilidad y bienestar material. Estos indicadores son parte de la propia iniciativa de felicidad sostenible de Seattle. Encabezada por la directora ejecutiva de Sustainable Seattle, Laura Musikanski, y su equipo y con el estímulo del presidente del Consejo de la Ciudad, Richard Conlin, Seattle se podría convertir en la primera ciudad GNH.

Los primeros resultados de la encuesta, con la intención de provocar conversaciones importantes, serán discutidos en reuniones futuras con los ciudadanos y las autoridades de los diferentes vecindarios de Seattle, y utilizados para recomendar políticas a ser consideradas por el ayuntamiento. El repetir la encuesta cada dos años revelará el progreso.

El interés similar a Happiness Initiative está creciendo en ciudades y pueblos costa a costa, como Napa, California; Bowling Green, Kentucky; Duluth, Minnesota; Santa Fe y Roswell, Nuevo México; Bellevue, Nebraska; Portland, Oregón; y Eau Claire, Wisconsin. Cerca de 100 instituciones académicas de grados asociados y universidades también están comenzando a aplicar la encuesta del Happiness Initiative.

Cómo ser más feliz

Para mejorar el bienestar propio dentro de cualquier economía, necesitamos prestar atención a nuestras conexiones de seguridad social y la forma como distribuimos nuestro tiempo. El escoger vivir con menos cosas y menos deudas sirve de apoyo para lograr tener una mejor vida con menos ingreso, pero con más tiempo, menos estrés y mejor salud. Como personas, podemos:

  • Concentrarnos más en asuntos de la familia y la comunidad y desarrollar confianza.
  • Prestar menos atención a maximizar los ingresos y más atención a los actos de generosidad.
  • Pedir a nuestros empleadores más tiempo libre en lugar de más paga.

En nuestras comunidades locales podemos encontrar formas de diseñar más lugares propicios para las relaciones y la amistad, como los mercados de agricultores, donde los compradores comparten más que en los pasillos de los supermercados (Worldwatch Institute). En las ciudades, pedir espacios públicos y privados para facilitar la conexión, en lugar de desalentarlo a través de la expansión urbana.

El economista ecológico Dave Batker, coautor de What’s the Economy for Anyway? (vídeo en tinyurl.com/3tc9dlk), cree que para avanzar se requiere mayor participación ciudadana para poder dar forma a la democracia, las leyes y nuestro futuro colectivo. Al deshacerse de los expertos y hablando con los vecinos, ciudad por ciudad y pueblo por pueblo, los ciudadanos de los Estados Unidos se están moviendo a hacer esto al usar nuevas técnicas aprendidas como las que ofrecen Open Space Technology, World Café, Transition Towns, Sustainable Cities, The Cloud Institute for Sustainability Education y el Institute of Noetic Sciences’ Worldview Literacy Project.

En St. Petersburg, Florida, Oklahoma City, Oklahoma y otros lugares, los ciudadanos están cultivando un fuerte sentido de comunidad con discusiones reales sobre asuntos locales y metas económicas. Su meta es llegar a tener bien claro qué es lo que la ciudadanía quiere de la economía.

En St. Petersburg, la culminación del esfuerzo de 10 años de Sharon Joy Kleitsch para construir una comunidad floreciente mediante talleres útiles sobre temas de actualidad, conversaciones significativas y el alineamiento de sociedades constructivas, está llegando a su punto culminante este mes en la celebración de la 36ª Conferencia Anual del Instituto de Estudios de la Florida, bajo el título “Más allá de la sostenibilidad: Ecosistemas, Economías y Educación”. Dicha actividad se celebrará en el Hillsborough Community College (tinyurl.com/3avntte).  Kleitsch comenta: “Yo me presento, presto atención y escucho las oportunidades donde mis conexiones con los que hacen la política, los educadores, los asociaciones sin fines de lucro y los activistas comunitarios pueden ayudar a convocar a las personas en conversaciones significativas que pueden hacer una diferencia en la construcción de una comunidad resiliente”.

En Oklahoma City, Sustainable OKC, una organización de voluntarios trabaja hacia la sostenibilidad de la comunidad que está tomando decisiones relacionadas a los negocios, ambiente y justicia social; con frecuencia se asocian con Office of Sustainability, el proyecto CommonWealth Urban Farms y la Oklahoma Food Cooperative (Sustainableokc.org). Estas organizaciones de base defienden la compra local y sostenible.

Jennifer Alig, presidenta de Sustainable OKC, siempre está encantada de ver el crecimiento en el número de residentes que, no solo asisten a eventos como la presentación de la película The Economics of Happiness, sino también se presentan para cultivar, para alimentar a los hambrientos y unirse a las fiestas de trabajo de Commonwealth Urban Farms para alimentar a los vecinos utilizando los productos de sembrados en los lotes vacíos de la ciudad. Alig observa que: “Luego de los eventos, algunas veces usa la Tecnología de Espacio Abierto para hablar sobre temas que apasionan a las personas y están dispuestos a invertir su tiempo en esto”.

El tipo de sociedad que trabaja por la salud, la felicidad, la verdadera prosperidad y la sostenibilidad es una con economías locales fuertes y comunidades florecientes que incluyen muchas actividades provistas por organizaciones sin fines de lucro. Es una caracterizada por:

  • Pequeños negocios y banca local
  • Mercados de agricultores y siembras urbanas
  • Diseño urbano que favorece el caminar en lugar de viajes aislados
  • Espacios públicos para la interacción social
  • Circunstancias en las que los compradores conocen al vendedor
  • Comerciantes que auspician y participan como voluntarios para apoyar las actividades locales
  • Diferencias salariales que nos son muy grandes
  • Ciudadanos que construyen un mundo mejor juntos

Sabemos de forma intuitiva lo que se requiere para crear tal sociedad, comenzando con la nuestra. Lo que necesitamos es la determinación de asegurarnos que la economía está ahí para servirnos; reglas que benefician a todas las personas; un compromiso de difundir la calidad de vida, la justicia social y la sostenibilidad; y la voluntad política para hacer que suceda el buen cambio.


John de Graaf es director comunitario y de medios para Happiness Initiative, ofrece conferencias a nivel nacional sobre el exceso de trabajo y el consumismo en los Estados Unidos; también es coautor del libro publicado recientemente, What’s the Economy for, Anyway? – Why It’s Time to Stop Chasing Growth and Start Pursuing Happiness, con David Batker. También es coautor del libro Affluenza: The All-Consuming Epidemic. Quince de sus documentales han sido presentados en PBS. Linda Sechrist escribe y es editora para Natural Awakenings.

 

Cree un plan personal que funcione

¿Cómo mantenemos fuerte nuestra economía local y a su vez contribuimos con la clase de mundo en el que queremos vivir? ¿Cómo recorremos el camino vital de la sostenibilidad en cada renglón de nuestra vida—incluido el trabajo, invertir y comprar lo que necesitamos? Mark Anielski, autor of The Economics of Happiness: Building Genuine Wealth, explica cinco formas de tomar acción que vale la pena explorar.

Inversiones

Mueva la mayoría de las reservas de dinero fuera del mercado de inversiones hacia los bancos comunitarios que prestan dinero en sus vecindarios y áreas circundantes.

Elimine las deudas para poder tener un ingreso más discrecional y en última instancia, más tiempo para alcanzar las cosas que hacen que la vida valga la pena.

Trabajo

Únase y busque clientes que están contribuyendo para mejorar el ambiente en forma positiva. Cree un plan de trabajo personal con una meta de ingresos suficientes—teniendo lo necesario para cubrir las necesidades básicas para tener una buena vida. Viva con un solo vehículo, en lugar de dos, y vaya en bicicleta al lugar donde se reúnen los amigos.

Trabajo voluntario

Involúcrese en actividades de la comunidad, como participar del consejo municipal, asociaciones de vecinos y grupos de servicio.

Compras

Siempre que sea posible, compre productos locales. Escoja farmacias locales en lugar de las grandes cadenas, el mercado de agricultores en lugar del supermercado. Examine cada compra y considere sus ramificaciones. Evite comprar ropa que necesite ser llevada a la lavandería y patrocine los lugares que limpian la ropa sin el uso de químicos tóxicos.

Compre bienes en la economía local, de manera que los dólares permanezcan en la comunidad. Compre de negocios de dueños locales que emplean a los vecinos u otras personas del área.

Mientras que el tener posesiones materiales y lujos es agradable, tener demasiado significa mucha rutina de mantenimiento, arreglo de cosas y tiempo para desempolvar; una vez hemos llegado a una “etapa de mantenimiento” de vida, un momento en que hemos alcanzado la mayoría de las necesidades materiales, ya no necesitamos invertir una energía directa y fondos para mantener la integridad del hogar. La recompensa incluye más tiempo para invertirlo en pasiones fuera del trabajo y más tiempo con amigos, familiares y vecinos.

Filantropía

Compense parte de la huella ecológica de la familia al donar a organizaciones que suplen energía limpia o planten árboles. Ayude a los pobres y a las personas sin hogar de su comunidad aportando tiempo disponible, talento y tesoro.


Fuente: Adaptado de The Economics of Happiness, por Mark Anielski.

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