El melodrama de la adolescencia

Cómo fortalecer el lazo entre madre e hija



Para muchas, el lazo entre madre e hija parece desintegrarse tan pronto la niña entra en la adolescencia. “Criar no es tarea fácil y puede ser muy agotador, dice Heather Thomas, de Houston, Texas, madre de tres, incluida Mary Meghan, de 16 años.

Las madres pueden sentir algún tipo de alivio al saber que hay razones biológicas que explican el inicio de esas discusiones de mucha carga emocional y de las violaciones continuas a la hora establecida de volver a casa. Comienza con cambios en el cerebro causados por un aumento en las hormonas que estimulan los ovarios y, entre los 10-11 años, las hormonas aumentan hasta niveles comparables a los de las mujeres posmenopáusicas.  

La Dra. Christiane Northrup, autora del libro Mother-Daughter Wisdom, señala que además de experimentar los mismos cambios de estado de ánimo y temperatura de las mujeres menopáusicas, el aumento de los niveles de estrógeno (un desequilibrio debido a la  progesterona) también puede producir irritabilidad en el cerebro. “Así que no es de sorprender que en un mismo día su hija la adore y a los cinco minutos no la soporte y discuta con usted.”  

Sil Reynolds, enfermera especializada y coautora del libro Mothering & Daughtering con su hija Eliza, sutilmente les recuerda a las madres: “La relación entre una madre y su hija adolescente es asimétrica. Las madres tienen que entender que el adulto en la relación son ellas. Entender puede ser de gran ayuda para ambas”.

Parte de la responsabilidad de ser un adulto es proveer un entorno seguro tanto psicológico como emocional y no tomar las cosas de manera personal. La corteza prefrontal responsable de la toma de decisiones está en proceso de desarrollo en el cerebro de las adolescentes. Mediante los cambios de estado de ánimo y los exabruptos, las madres pueden aprender a mantenerse calmadas, ser comprensivas y entender que las adolescentes no son capaces de reciprocarnos porque sus mentes no han madurado por completo.

“Así es que las adolescentes aprenden a retomar la calma, viendo a sus madres manteniéndose estables durante los exabruptos”, explica Eliza.

Modelos poderosos a seguir

Northrup cree que los pares desempeñan una función importante en esa travesía que es la adolescencia, pero recalca que: “La influencia de una madre gana. Usted tiene que ser consecuente en su amor, establecer cuáles son las reglas y los límites, fomentar lo mucho que valen, pero a la vez enseñarles a ser independientes”.   

Las adolescentes están ansiosas por crecer y hacer lo que quieren, pero hasta que no logren internalizar límites seguros y razonables, necesitan que otra persona los establezca. Northrup informa que a muchas de sus clientes adolescentes se les ha dado demasiada libertad… “Llegan ansiosas de que alguien les establezca límites. Sienten que no son importantes para sus padres, que no les importa lo que hacen. Es responsabilidad de los padres crear límites saludables, pero no rígidos.”

Lo que le ha funcionado a Heather es entrar de forma casual al cuarto de Mary Meghan con el propósito de estar ahí y escucharla activamente. “Digo algo sencillo como: ‘Te extraño’ y luego dejo que se desahogue sin criticar ni juzgar”, explica. “En ocasiones escuchamos música o miramos revistas de moda juntas.”

“Las niñas saben cuando no les están prestando atención y el tono y lenguaje corporal es más poderoso que las palabras”, confirma Eliza. También indica que: “¿Cómo te fue hoy?” no funciona tan bien como algo más específico como: “¿Qué tal te fue en el examen?”.  

Al igual que con cualquier relación, en ocasiones, hay conflictos y malentendidos, pero siempre existe la posibilidad de arreglar las cosas. Eliza y Sil motivan a madres e hijas a reconectarse a través del proceso de reparar cualquier problema; restablecer sinceramente sus lazos para que de esa forma la conexión entre madre e hija sea cada vez más fuerte.

“Hacer cosas juntas con mi mamá me ha permitido ser independiente, pero a la vez forjar un lazo de dependencia que me ha ayudado a desarrollarme y convertirme en mi propia persona. Además, le permite a mi mamá saber quién soy realmente.”
~ Eliza Reynolds


Actividades útiles

Todos nos beneficiamos de pasar tiempo de calidad juntos. Sil aconseja: “En los hogares donde hay más de un hijo, esto puede significar algo tan sencillo como dedicar por lo menos 10 minutos a cada hijo en particular. Cuando los padres no viven juntos, la tecnología puede ayudar, verse es mejor que enviar mensajes de texto. Ver a la persona en vivo o a través de una pantalla de un teléfono o computadora es lo mejor”.

Algunos equipos de madre e hija disfrutan de tomar clases de baile juntas, ir al cine o hacer trabajo voluntario. En sus talleres de fines de semana, las Reynolds participan en proyectos y hablan sobre lo que significa invitar la espiritualidad y lo sagrado a sus vidas. Sil ha evidenciado directamente cómo muchas madres e hijas están “sedientas de compartir una profundidad espiritual”.

La familia de Heather da prioridad a cocinar en familia, vacacionar en los recesos escolares y las actividades de la iglesia, incluido un programa para jóvenes. Según señala, “A través de nuestra iglesia, tenemos la bendición de contar con adultos cristianos en los que confiamos para que nos ayuden a guiar y criar a nuestros hijos y ayudar a desarrollar su moral. Es un lugar donde pueden cuestionar las creencias y compartir diferentes puntos de vista”.

Muchas madres buscan tener una mejor comunicación con sus hijas que la que tuvieron con sus madres cuando eran adolescentes. Heather señala: “Solo veo a mi mamá par de veces al año y cuando lo hago, le doy un abrazo adicional y me disculpo (tanto en broma como en serio) por todo lo que la hice sufrir cuando yo era adolescente. Ahora que tengo hijas adolescentes, me doy cuenta de cuán difícil tuvo que ser para ella y se lo dejo saber cada vez que la veo”.  


Para más información y herramientas, visite MotheringAndDaughtering.com.

Meredith Montgomery publica Natural Awakenings en Mobile/Baldwin, AL (HealthyLivingHealthyPlanet.com).
 

Una guía para las hijas

No te des por vencida. Cuando te das por vencida, le estás pidiendo a tu mamá que se dé por vencida también. En lugar de decir: “Nunca va a confiar en mí o siempre me humilla”, ayúdala a conocer quién eres realmente.  

Mantente auténtica. Sé auténtica y sincera. Si quieres hablar, comienza con: “Oye, mamá, tengo algo que quiero discutir contigo. ¿Podemos sentarnos y hablar un minuto?” Sí, puede que tu mamá en ocasiones se ponga nerviosa, pero aunque te sorprenda, no puede leerte la mente. 

Desarrolla la relación que deseas y necesitas. Es una donde ambas se llevan bien. Ella escucha cuando hablas y tú también deseas escuchar. Es necesario a fin de que esto funcione. Decidir formar parte de este equipo es la clave para tu bienestar, y tu vida como adolescente puede ser más fácil. Yo lo llamo ser hija. Solo imagina cómo sería tu vida si tu mamá fuera tu mejor aliada.  


Conéctese con Eliza Reynolds vía MotheringAndDaughtering.com.

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