Una madre para el mundo



Para muchos de nosotros, nuestra madre es la influencia más temprana y significativa en la vida. Probablemente, con ella fue nuestro primer encuentro con el amor incondicional. El servicio y entrega desinteresada que universalmente representan a las madres son cualidades que todos debemos aprender a emular en el camino hacia nuestro desarrollo personal.

Yo he aprendido que, para amar incondicionalmente, primero hay que aprender a amar y a aceptarse a uno mismo, tal como uno es. ¿Cómo puedo aceptar a otros en su perfección, si primero no aprecio la mía? Si rechazo ciertos aspectos cuando me juzgo a mí mismo, el amor incondicional hacia otros no es más que una fachada hueca. De la misma manera, para tener una relación maternal con el mundo, primero tengo que aprender a tener esa relación conmigo mismo—encontrar la belleza y perfección de mi individualidad y regocijarme en mi manera única de ser. Entonces, la aceptación y amor por otros se desbordará con naturalidad hacia mis amigos, mi familia y, a la larga, también a mi comunidad y al mundo.

Cuando cultivamos el verdadero amor por nosotros mismos, ese amor se irradia hacia todos los seres, hacia todas las personas y hacia la Madre Tierra. Muchos dicen lo que debemos hacer—respetar los derechos humanos, cuidar el ambiente y así sucesivamente. Pero, si tenemos que recordarnos a nosotros mismos hacer estas cosas e imponérnoslas, entonces el deseo de cuidar y servir no surge espontánea ni naturalmente; no vivimos en un lugar saludable donde nuestra capacidad innata de dar y apoyar la vida crece y prospera con naturalidad. En última instancia, nuestra capacidad de sanación interna logrará que estas cualidades florezcan; no porque estamos tratando de comportarnos responsablemente, sino porque desde lo más profundo de nuestro corazón, estamos tomando con alegría la responsabilidad de nutrir y proteger la vida.

Una relación maternal incondicional es una sin miedo y sin control basado en el miedo. No es laxa, ni descuidada, ni se basa en complacer o en el miedo de perder el cariño del niño. El verdadero amor de madre sabe cómo establecer límites, cómo establecer fronteras, sabe confrontar situaciones insatisfactorias y guiar el desarrollo del niño con una mano firme y segura. Internamente, un amor tan grande se entrega, confiando que las cosas se desarrollarán como deben ser, libres del miedo egoísta de cometer un error, por lo que nunca es excesivamente protector ni dominante.

Un individuo enfocado en el amor incondicional está ofreciendo la mayor contribución a la evolución de nuestro planeta. Nuestro regalo a la humanidad surge de nuestro propio crecimiento interno, de la relación maternal con nosotros mismos, que nace de nuestra grandeza y hasta provoca que otros demuestren la suya.

Mientras cultivamos una relación incondicional con nosotros mismos, encontraremos el amor incondicional que estamos buscando para expresarlo hacia nuestros hijos, padres, amigos y colegas. Usted se convertirá en una madre universal: una madre para el mundo.


Isha Judd es un maestro espiritual de renombre internacional. Su libro y película, Why Walk When You Can Fly? (WhyWalkWhenYouCanFly.com), explica su sistema de amor propio y expansión de la conciencia.

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