Plan de acción para los padres

Siete señales de sensibilidad a los alimentos



En años recientes, el pediatra William Sears ha observado muchos casos de asma y eczema en su oficina de San Clemente, California. Los productos lácteos y el trigo continúan siendo los mayores responsables, pero los expertos creen que hay otros factores nuevos que pueden estar contribuyendo a las sensibilidades a los alimentos, incluidos los aditivos sintéticos, como los aceites parcialmente hidrogenados, los colorantes, sabores y endulzantes artificiales, más los ingredientes genéticamente modificados.

Sin diagnosticar y tratar, la intolerancia a los alimentos puede causar daño de largo plazo al tejido, advierte Sears, autor de The NDD Book, que trata lo que él llama trastorno por déficit nutricional, sin recurrir a medicamentos. Más aún, los niños están desarrollando enfermedades de inicio en la adultez, como diabetes tipo 2, obesidad, depresión, enfermedad cardiovascular y reflujo ácido, explica.

Si parece que un niño está teniendo una reacción a la dieta, primero busque las señales. “Muchos padres ya sospechan la respuesta”, indica Kelly Dorfman, dietista certificada en nutrición y autora de What’s Eating Your Child? Conviértase en un “detective en nutrición”, sugiere. A continuación cómo evaluar las condiciones y encontrar las soluciones.

Escupir

Sospechosos: Intolerancia a la caseína –una proteína que abunda en la leche de vaca que difiere de su forma en la leche materna y que puede pasar a la leche materna o la fórmula para bebés– tiende a irritar el recubrimiento del intestino del bebé, lo que causa la enfermedad por reflujo gastroesofágico (GERD, por sus siglas en inglés) y luego infecciones crónicas de oído o estreñimiento.

Acción: Elimine los productos lácteos de la dieta del bebé y de la madre lactante por lo menos durante una semana. Para la alimentación con fórmulas para bebés, seleccione las que están hechas con caseína o suero de leche. Para sanar el recubrimiento afectado del intestino del bebé, administre 10 mil millones de CFU (unidades formadoras de colonias) diarios de bacteria probiótica, mezclada en un biberón o rociadas en los alimentos.

Diarrea crónica

Sospechosos: Intolerancia al gluten (una proteína en el trigo y otros granos) o la lactosa (azúcar láctea). La diarrea, la forma del tracto gastrointestinal de eliminar sustancias problemáticas, además de los gases y la sensación de llenura, a menudo acompaña estas intolerancias. La intolerancia a la lactosa, por lo general, es la causa principal y está presente en prácticamente todas las personas con intolerancia al gluten, informa Dorfman.

Acción: Hágase un análisis de sangre para verificar la presencia de celiaquía, luego elimine el gluten por lo menos durante un mes. Aunque la diarrea puede terminar en una semana, “Usted necesita varias semanas para detectar una conexión”, aconseja Dorfman. Consuma productos lácteos fermentados, como queso y yogur, que tienen niveles bajos de lactosa; los productos lácteos en crema también pueden funcionar.

Infecciones crónicas de oído

Sospechosos: Intolerancia a los productos lácteos y, para muchos, sensibilidad a la soya. Cierta investigación ha demostrado que el 90 por ciento de los niños con infecciones recurrentes de oído o líquido en los oídos tienen reacciones a los alimentos, lo que ha sido corroborado por los pacientes de Dorfman.  

Acción: Elimine los productos lácteos y la soya durante varios meses para verificar la correlación. Dorfman recomienda eliminar la leche de soya, el yogur de soya y el tofu y añade que las personas sumamente sensibles pueden necesitar evitar los alimentos procesados que contienen subproductos de soya.

Picor de la piel

Sospechosos: Reacción al gluten, la caseína (en los productos lácteos) y los huevos más las naranjas, toronja, mandarinas, limones, fresas y piña.

Acción: Como el picor puede ser indicativo de una respuesta histamínica, pida a un alergista una prueba IgE de sangre de radioalergoadsorción (RAST, por sus siglas en inglés) para detectar sensibilidades a los alimentos.

Hiperactividad

Sospechosos: Sensibilidad a los colorantes artificiales o el azúcar. Según Sears, la barrera hemoencefálica no desarrollada en niños aumenta la vulnerabilidad a los efectos neurotóxicos de los aditivos químicos en los alimentos, incluidos los colorantes y el glutamato monosódico (MSG, por sus siglas en inglés).  

Acción: Siempre que sea posible, compre alimentos orgánicos certificados que no contengan colorantes artificiales. Si no, verifique las etiquetas de los alimentos para los nueve tintes sintéticos a base de petróleo usados en los Estados Unidos: azul 1 y 2, rojo cítrico 2, verde 3, naranja B, rojo 3 y 40, amarillo 5 y 6. Evite ingredientes como: jarabe de maíz alto en fructosa, sacarosa, glucosa, fructosa, azúcar y jarabe de caña, todas azúcares añadidas.

Irritabilidad

Sospechosos: La sensibilidad al gluten tradicionalmente ha estado relacionada exclusivamente con trastornos digestivos, pero estudios recientes la han relacionado con síntomas neurológicos, que van desde cambios de ánimo y dolores crónicos de cabeza hasta déficit de hiperactividad y atención y pérdida de coordinación.

Sospechosos: Elimine el gluten durante un mes para evaluar la conexión potencial entre el estado de ánimo y los alimentos, posiblemente relacionados con el consumo excesivo de ciertos alimentos.

Retraso del crecimiento

Sospechosos: Sensibilidad al gluten o deficiencia de zinc. Como la intolerancia al gluten interfiere con la absorción de nutrientes, los niños que la sufren a menudo tienen problemas con el crecimiento. “El tamaño pequeño –estatura o peso– es un síntoma clásico de celiaquía”, advierte Dorfman.

El zinc podría ser otro factor; normaliza el apetito y mediante su relación con las hormonas del crecimiento, ayuda al cuerpo a desarrollarse. Si los niveles están demasiado bajos, se retrasará el crecimiento. En dichos casos, el niño rara vez tendrá hambre, será melindroso a la hora de comer o se quejará de que los alimentos huelen o saben raros, explica Dorfman.

Acción: Elimine el consumo de gluten durante un mes. Una prueba de sangre por el pediatra puede determinar los niveles de zinc o puede comprar una prueba de sabor de sulfato de zinc en línea. Después de tomar una solución de sulfato de zinc, el niño informará si no le sabe a nada (lo que es indicativo de una deficiencia) o que tiene un mal sabor (no hay deficiencia). Los alimentos ricos en zinc incluyen la carne de res, el pollo, las habichuelas, las semillas de calabaza, las castañas y los garbanzos. Para combatir una deficiencia, pida a su profesional del cuidado de la salud que le recete la dosis adecuada para la edad de su hijo del suplemento adecuado.


Pamela Bond es la directora editorial de Natural Foods Merchandiser.

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