La buena alimentación

Los huertos urbanos echan raíces



“En solo una doceava parte de un acre, incluidos senderos de acceso y pilas de composta, nuestra familia cultiva la mayoría de los vegetales frescos que necesitamos, además de algunas frutas y cerezas”, explica Erica Strauss. “No es un huerto gigantesco, pero es increíble la cantidad de productos que cosechamos a finales de agosto.” Su familia de cuatro personas trabaja en su lote urbano en un suburbio de Seattle, Washington.

La experiencia de los Strauss ya está difundida gracias a sus blogs vía Northwest Edible Life, un blog que trata sobre cómo cultivar sus propios alimentos, cómo cocinarlos e información sobre las fincas urbanas. “Todos los niños de la manzana han disfrutado de nuestras peras asiáticas y de nuestras habichuelas tiernas (judías verdes)”, indica. “Incluso los niños melindrosos se benefician ya que disfrutan de recoger un alimento directamente del árbol o la enredadera.”

No es necesario vivir en un área rural o en una finca para cosechar sus propios alimentos. A finales de la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente el 40 por ciento de todas las frutas y vegetales que se consumieron en los Estados Unidos durante este tiempo procedían de “Huertos de la Victoria” en las distintas comunidades.

Hoy día, estos pequeños huertos forman parte de nuestros patios, patios escolares, balcones, jardines y azoteas. El sabor fresco y la seguridad que nos brinda saber que tenemos abastos locales en caso de un desastre natural (o provocado por humanos) han hecho que las personas comiencen a interesarse en cosechar sus propios alimentos.

Los huertos en las ciudades

“La urbanización, una tendencia demográfica mayor, tiene implicaciones sobre cómo cultivamos y consumimos los alimentos”, indica Roger Doiron, fundador de Kitchen Gardeners International. “Si todos nos ponemos de acuerdo y concluimos que brindar a las personas alimentos frescos locales es una prioridad, será necesario readaptar las áreas urbanas y suburbanas para aumentar la producción de alimentos.”  

Millones de estadounidenses ahora participan en el cultivo de alimentos básicos. Según un estudio en el 2009, llevado a cabo por la National Gardening Association, en el 2008, el 31 por ciento de todos los hogares de los Estados Unidos cultivaban alimentos para su familia, una tendencia que en estos momentos ha vuelto a tomar auge debido a la crisis económica. Bruce Butterfield, el director de investigación de la asociación, calcula que aproximadamente el 70 por ciento de estos huertos están en áreas urbanas o suburbanas.

“Estamos viendo un nuevo grupo de agricultores que desafían los estereotipos”, observa David Tracey, dueño de EcoUrbanist, una compañía de diseño ambiental en Vancouver, Canadá, y autor de Urban Agriculture. “Algunas son personas que trabajaban en oficinas y que decidieron dejar sus trabajos ya que no los satisfacían, otros estudian el oficio en universidades y otros son personas que les gusta el campo pero viven en la ciudad. Otros son activistas que están aprendiendo sobre el sistema de agricultura industrial, personas que adoptan tendencias o empresarios que ven una oportunidad en el creciente aumento en el precio de alimentos de calidad y la proximidad de millones de clientes.”

Oportunidades y retos

Los huertos urbanos tienen ventajas inesperadas, como poder usar las borras de café orgánico de los negocios locales y el agua de lluvia de los techos. Convertir los patios de escuelas, iglesias y lotes vacíos de la ciudad en huertos fomenta la unidad dentro de la comunidad, mejora el acceso a alimentos nutritivos a un precio mucho más asequible y crea oportunidades de empleo.

Sin embargo, un gran reto de esta tendencia es el problema de tener que lidiar con la calidad del terreno de las áreas urbanas y es necesario hacer las pruebas adecuadas para detectar la presencia de toxinas. A menudo, hay que mejorar la calidad del terreno de las áreas urbanas con composta y otros nutrientes a fin de que las plantas puedan progresar. También se necesita una fuente cercana de irrigación.

“Un problema potencial para los agricultores urbanos puede ser la reacción de la comunidad a un paisaje compuesto de plantas comestibles”, reconoce Strauss. “En algunas ciudades, los huertos en el patio frente a las casas o, incluso, en áreas verdes de algunos estacionamientos son permitidos. Pero en comunidades donde el patio es el rey y los códigos de la ciudad relacionados con la vegetación son ambiguos y abiertos a diferentes interpretaciones, una queja anónima de un vecino puede convertirse en una batalla legal y política.”

Alimentando la comunidad

Los huertos comunitarios a menudo transforman los lotes vacíos y otros terrenos marginales en lugares verdes. En Chicago, El Peterson Garden Project, un programa sin fines de lucro que ha sido premiado, se ha dado a la tarea de transformar lotes vacíos poco atractivos en áreas de cultivo donde los residentes aprenden a cultivar sus propios alimentos desde el 2010.

“A nivel nacional, se ha descubierto que los huertos comunitarios en terrenos abandonados aumentan el valor de las propiedades, disminuyen el crimen y fomentan un sentido de unidad entre los vecinos y demás personas”, explica LaManda Joy, presidenta y fundadora del proyecto. “Trabajamos con los dueños de la propiedad en el uso de corto plazo de su terreno para así mejorar la comunidad que planifican desarrollar en el futuro.”

“Participar en los huertos comunitarios se transforma en muchas victorias personales”, indica Joy. “Los huertos comunitarios ayudan a lograr muchas cosas, tales como: mejorar la nutrición y la salud, aprender una nueva destreza, enseñar a los niños de dónde provienen los alimentos, fomentar el ejercicio productivo y el bienestar, ahorrar dinero e, incluso, enseñar cómo  relacionarse con los demás.” 

Hay que estar preparados

“¿Cuántos retiros del mercado de diferentes productos hemos visto porque el alimento está contaminado? ¿Cuántas personas se han enfermado o fallecido como consecuencia?”, dice Wendy Brown, cuya familia tiene un huerto en un cuarto de acre alrededor de su casa en un complejo de playa en un suburbio de Portland, Maine, tanto en cajones elevados como en tiestos y, además, un invernadero. “Como madre, me preocupa dar a mis hijos algo que les pueda hacer daño. El lado negativo del jarabe de maíz rico en fructosa, las siembras manipuladas genéticamente y las latas con recubrimiento de BPA son del conocimiento de todos. Sencillamente me parece más sabio cultivar nuestros propios productos para, de esa forma, tener más control sobre lo que nuestra familia consume.”   

Brown es una de los más de 3 millones de estadounidenses que están siguiendo las recomendaciones de FEMA de estar preparados para cualquier evento que pueda interrumpir los abastos de alimentos. En su libro, Surviving the Apocalypse in the Suburbs, ella comparte todo lo que su familia ha hecho para protegerse, incluidos cultivar sus propios productos frescos, cuidar de sus animales y preparar conservas, congelar, secar, almacenar en frío o fermentar alimentos para uso futuro.  

“Para mí, se trata de estar más preparada en vista de lo que está ocurriendo hoy día, como el aumento en los alimentos, el combustible y la gasolina o la pérdida de ingreso de uno de los miembros de la familia”, explica Brown. “Si cultivamos por lo menos algunos de nuestros alimentos, tendremos menos de qué preocuparnos cuando ocurran estas cosas.”  

La familia también tiene conejos, patos, gallinas para consumo y gallinas ponedoras. En verano en su “finquita” puede haber hasta 40 animales. Esto también sirve de abono natural para las cosechas. Los panales de abeja cercanos producen 20 libras de miel al año. Como los alimentos que producen son solo para su uso personal, los Brown no están sujetos a restricciones regulatorias.   

“A nuestros vecinos les encanta lo que estamos haciendo”, indica Brown, cuya casa está tan cerca de estos que pueden hablar desde sus balcones. “Uno de nuestros vecinos dice que nuestra iniciativa le recuerda su vida en Maine cuando era niño, ya que en aquel tiempo Maine era bastante autosuficiente. Los otros les cuentan a sus amigos y compañeros de trabajo que no les preocupa que las cosas vayan mal porque nos tienen como vecinos.”

Habilidad para el cultivo

“Con algo de esfuerzo, los agricultores urbanos pueden cultivar maravillosos vegetales en cualquier lugar donde haya luz y calor”, indica Strauss, que cultiva principalmente en cajones elevados en el patio del frente y atrás de su casa. “Cultivo a la escala que lo hago porque me encanta. Me relaja y a la vez es un reto, pero lo más importante es que nos alimentamos bien.”

Los métodos de crear huertos urbanos son diversos y dependen de factores como las condiciones del lugar, las limitaciones de espacio y los recursos económicos del que los cultiva.

“El método de cultivar tipo “lasaña” ―colocar capas de periódicos o cartón y otros materiales orgánicos encima―  puede ser efectivo en áreas urbanas porque no requiere cavar ni labrar. Al igual que con la creación de composta, alterne entre capas color marrón y verde. Una vez los materiales se descomponen, añada plantas al cajón de semilleros.  

Las personas que viven en la ciudad y que no cuentan con mucho espacio pueden cultivar las plantas en cajones elevados o usando un medio de vermiculita, musgo y composta. Este método evita el crecimiento excesivo de la mala hierba y como no lastima la espalda, es bueno para casi todas las personas. “Es un concepto fácil para los que recién comienzan a cultivar”, explica Joy. “Lo usamos para maximizar la producción en un área pequeña y garantizar un terreno saludable, orgánico y sin contaminantes.”

Los huertos en las azoteas son cada vez más comunes ya que se están utilizando para cultivar cosechas de altos ingresos. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos considera que cualquier persona que venda más de $1,000 en productos frescos a vecinos o restaurantes del área son considerados agricultores y, por lo tanto, ciertas restricciones aplican.

Las personas que viven en casas o apartamentos de alquiler pueden tener algunas plantas de tomates en envases en el patio o la terraza y pueden producir tanto como 50 libras de tomates si aprovechan el microclima, influenciado por bloqueadores de corrientes de aire, utilizan superficies con calefacción y la luz que pasa a través de las ventanas.

Los huertos urbanos también están siendo creados dentro de las casas, en terrarios, jardineras y pequeños invernaderos. Incluso en cuartos con poca luz se pueden cosechar ciertos vegetales y hierbas con luces especiales. Los huertos hidropónicos, que utilizan un sistema de ciclo cerrado con peces y vegetales, amplían las posibilidades de autosuficiencia de un sistema hidropónico en el que se alimentan las plantas a base de nutrientes líquidos.

Cómo cultivar nuestros propios alimentos

Con más del 80 por ciento de los estadounidenses viviendo actualmente en áreas urbanas y suburbanas, la nutrición de muchos de los productos producidos en masa es cuestionable por el uso de plaguicidas y herbicidas por agricultores no orgánicos, las emisiones de invernadero debido al transporte de alimentos y los patrones del tiempo alterados por el cambio climático y por eso, es hora de que retomemos algo de control sobre los productos que consumimos. Operar nuestros propios huertos y preparar nuestros propios alimentos nos convierte en productores, no solo meros consumidores.

“En la mayoría de los casos, solo somos suburbios promedios”, concluye Brown. “Sencillamente decidimos tener menos patio y más huerto. Un gran beneficio es que necesitamos menos ingresos porque compramos menos en el supermercado. Nuestra meta es semiretirarnos después de los 50 años, no porque vamos a tener mucho dinero, sino porque necesitamos menos dinero para vivir.”   


John Ivanko y Lisa Kivirist, coautores de Farmstead Chef (FarmsteadChef.com), ECOpreneuring y Rural Renaissance, operan la premiada hospedería Serendipity Bed & Breakfast, en Browntown, WI. Cultivan el 70 por ciento de sus productos orgánicos; los ahorros en costos los ayudaron a saldar su hipoteca y solo tienen cuarenta y tantos años.

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