Comer bien dentro de un presupuesto



En tiempos económicos difíciles, ¿cuántas familias incluyen los alimentos en los recortes de gastos? ¿Cómo podemos ajustar nuestro presupuesto y aún así comer bien?
 

Hace seis meses, Josh Viertel trajo a discusión el concepto de “más comida por menos dinero”, conocido en inglés como ‘value meal’. El presidente de The Slow Food USA presentó un reto a los cocineros y cocineras alrededor del país para crear un festín familiar por menos de $5. Muchos respondieron y compartieron sus consejos y trucos en SlowFoodUSA.org/5Challenge. Aquí les presentamos algunos de los favoritos:

Establecer un presupuesto

Cinco dólares por comida para 21 comidas a la semana, además de las meriendas, perfectamente asciende a un total de $125 semanal para un presupuesto para alimentos establecido por la familia Leake family, de Charlotte, Carolina del Norte. Lisa y Jason Leake, padres de dos jovencitas, primero exploraron cómo sería el eliminar los alimentos procesados de su dieta, lo que describieron en su blog en 100DaysofRealFood.com. Su éxito los llevó hacia un desafío adicional de comer alimentos reales basándose en un presupuesto.

“El tener un presupuesto semanal realista es muy útil porque no se puede ir mucho más allá antes de darse cuenta que está en problemas”, aconseja Lisa Leake. Para hacerlo aún más fácil de poder mantenerse dentro de lo establecido, ella tiene el hábito de comprar cerca de la casa y usa dinero en efectivo en lugar de tarjetas de crédito.

Comprar en estación

“Si vamos de compra de productos de temporada y congelamos o enlatamos los excedentes de los mercados de agricultores locales, podemos comer todo el año y seguir comiendo frugalmente”, menciona Rebecca Miller, macrobiótica y dueña de una compañía de catering de alimentos sanos, en Overland Park, Kansas. “Por ejemplo, cuando hay moras frescas fuera de estación a $3 en el supermercado, todavía podemos disfrutar de las que tenemos en conserva para recetas o descongelar las que habíamos guardado y usarlas en la avena de la mañana.

 Comer lo que hay en el refrigerador

Kim O’Donnel, radicada en Seattle, y autora del libro The Meatlover’s Meatless Cookbook, escribe en su blog sobre las comidas familiares para USA Today. “Por lo regular enfatizo en lo que yo llamo ‘comer de lo que hay en refrigerador’”, dice ella. “Lo que significa hacer uso de lo que tenemos a mano, como lo hicieron las generaciones antes que nosotros que también pasaron por periodos de escasez de alimentos. Lo que pasa es que estamos fuera de práctica”.

Una forma de ayudarnos nosotros mismos a aprender, dice O’Donnel, es abastecerse para lograr una despensa “inteligente”. Los alimentos básicos incluyen diferentes granos secos como: lentejas, granos de cocción rápida como quinoa, bulgur, cebada y cuscús; garbanzos, arroz integral y negro y unos cuantos enlatados libre de BPA como tomates, frijoles negros y garbanzos.

“Si tomamos el tiempo y velamos las buenas ofertas, podemos levantar una despensa a un bajo costo”, dice ella, porque tales ingredientes son básicamente lo necesario. Como un solo ejemplo de una comida a bajo costo basada en la despensa, O’Donnel podría comenzar con lentejas rojas cocidas y luego añadir jengibre y ajo fresco, cebollas salteadas con comino y espinaca fresca y tomates, y luego servirlo con un pan pita integral.

Los ingredientes primero

Jane Zieha, contadora pública certificada, conoce que alimentar a las personas y ver el resultado final pueden ir de la mano. Ella es dueña del aclamado Blue Bird Bistro, en Kansas City, Missouri. Una “pasionista” confesa de los alimentos naturales, orgánicos y sostenibles, Zieha se ha mantenido fiel a los principios de su crianza en Pennsylvania.

“Yo no comía igual que todo el mundo cuando estaba en crecimiento”, dice ella. “Nunca comimos alimentos empacados. Solo comíamos lo que era fresco. Cuando fui lo suficientemente grande para ir a comer a casa de una amiga, me sorprendí de lo que ellos comían.” Hoy día, tanto en el hogar como en el trabajo, Zieha continúa seleccionando lo mejor que pueden proveer los mercados agrícolas locales. “No comienzo con una receta y luego encuentro los alimentos, como hacen la mayoría de los chefs y los restaurantes”, explica. “Encuentro los ingredientes y parto de ahí”.

La carne como un condimento

Los ingredientes más caros, como el pavo ‘heritage’, pueden dar más sabor y textura a un plato principal como un ingrediente en lugar de una parte independiente de esa comida, dice Zieha.  Ella podría presentar el pavo en el relleno de una enchilada, pasta o un budín de pan salado, lo que hace que rinda más.

También hace sentido comprar una variedad de pescados o cortes de carne que no son tan populares o que toman más tiempo de cocción. Viertel, del Slow Food, que compra cerca de Brooklyn, Nueva York, señala: “Yo compro ‘pescado basura’—salmonete, calamar, caballa, sardinas—porque son baratos y pienso que saben mejor. Lo mismo es cierto para otras carnes. Yo nunca cocino chuletas de cerdo o filete miñón; cocino rabo de buey y costillitas”.

Luego, O’Donnel añade, el cocinero o cocinera frugal convierte los huesos del pollo asado o los recortes del pescado en un sabroso caldo. Cualquier caldo hecho en casa puede congelarse para usarse cuando necesitemos darle sabor a una nueva comida.

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