Tesoros escondidos

Los vecinos descubren la riqueza de sus recursos



La promesa esencial del consumismo es que todo lo que satisface o es necesario en la vida, se puede comprar—desde la felicidad hasta la sanación, desde el amor a la risa y de la crianza de un niño hasta cuidar de alguien al final de sus días. Lo que antes era una tarea de familiares y vecinos se ha externalizado para hacer que las familias paguen por lo que antes era su capacidad de manejar necesidades provistas de forma tradicional. La comunidad ha sido reemplazada por profesionales pagados y por la tecnología.

Hasta el siglo XX, la filosofía básica de criar a los niños era que se convirtieran en adultos eficaces mediante la conexión con adultos productivos y aprender las capacidades comunitarias, las tradiciones y costumbres de ellos. La juventud tenía trabajos domésticos que hacer. Cuando se convertían en adultos, ellos estaban preparados, tanto para cuidar a la próxima generación, como a aquellos que cuidaron de ellos.

Hoy día, las comunidades más efectivas son aquellas en las que sus vecindarios y residentes han reclamado sus roles tradicionales. La investigación en este punto es decisiva. En lugares donde hay conexiones comunitarias “densas”, existe un desarrollo positivo del niño. La salud mejora, el ambiente se sustenta, las personas están seguras y tienen una economía local fuerte.

Las vecinas Naomi Alessio y Jackie Barton estaban hablando sobre los desafíos familiares cuando Alessio observó que su hijo Theron dio un viraje alentador cuando comenzó a aprender, de forma voluntaria, a trabajar con metales en el taller del garaje del señor Thompson. Alessio pudo notar el cambio y finalmente despreocuparse sobre qué hacia su hijo después de la escuela.

Barton admite que su hijo Alvin estaba en problemas y le preguntó a Alessio si habría alguien en el vecindario cuyas habilidades le podrían interesar a su hijo. Ellas descubrieron suficientes y diversos talentos para que todos los niños en el vecindario se pudieran aprovechar.

Tres de los hombres que conocieron—Charles Wilt, Mark Sutter y Sonny Reed—se unieron a Alessio, Barton y Thompson para tratar de saber qué era lo que les interesaba aprender a los chicos y chicas de la cuadra; y también preguntarles qué ellos sabían. Encontraron 22 cosas que los jóvenes sabían que podían ser de interés para algunos adultos del vecindario.

Los seis vecinos se pusieron el nombre ellos mismos de los “Casamenteros” (‘Matchmakers’) y crearon una página web del vecindario. Muchos vecinos se unieron para crear una banda, además de un coro dirigido por Sarah Ensley, una persona de edad avanzada que había cantado toda su vida. Charles Dawes, un oficial de la policía, formó un equipo intergeneracional para hacer que la cuadra fuera un paraíso seguro para todos.

Lenore Manse decidió escribir historias familiares con fotos y convenció al historiador del vecindario, Jim Caldwell, y a su mejor amiga, Lannie Eaton, para que la ayudaran. Wilt sugirió que los Casamenteros acogieran nuevos invitados mediante la entrega de una copia de la historia del bloque, la que luego actualizan con información sobre cada nueva familia.

Tres años más tarde, en la fiesta anual del vecindario, Barton hace un resumen de los logros de los vecinos: “Se han roto todas las barreras; estamos todos conectados. Ahora somos una verdadera comunidad”.


Adaptado de un artículo de John McKnight y Peter Block para YES! Magazine que aparece en su antología, Sustainable Happiness. Son los coautores del libro The Abundant Community: Awakening the Power of Families and Neighborhoods (AbundantCommunity.com).

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