La hora dorada de papá… la lectura de cuentos

Los niños aprenden a escuchar con todo su ser



“Pronto, el valiente sastrecito y la hermosa princesa Minnie se casaron y fueron felices. Y pensar que todo comenzó con siete moscas muertas”.

Así termina The Brave Little Tailor, protagonizado por el Ratón Miguelito. Cada vez que termino de leer estas palabras e intento cerrar el libro, que ya está bastante desgastado, inevitablemente escucho las palabras: “¡papá, no!”, ya que quieren seguir escuchando más.

¿Por qué mis hijos han limitado su selección de libros a unos pocos cuentos clásicos predecibles? Si bien los niños no se cansan de escucharlos, leerlos continuamente me estaba comenzando a aburrir. Personalmente, prefiero el lado más oscuro de la versión original de los cuentos de los hermanos Grimm.

No es que quiera eludir mis deberes de lector de cuentos. Los niños se sienten bien con la familiaridad y los valores eternos de los cuentos clásicos. Pero a la hora de leerles algo antes de la hora de dormir, la tentación me susurraba al oído: “Lo que quieren es tu tiempo, no importa lo que les leas, solo lee…”

¿Quizás, una breve estampa sobre las carreras de carro de la revista Road & Track, o el último análisis de las ligas mayores de béisbol de la revista Sports Illustrated?

Mi mente divagaba. Ellos me regañaban.

“¡Papá! Acabas de decir que el pequeño sastre capturó siete moscas corridas. Son siete moscas de un cantazo, papá”. Atrapado. Tristemente, en poco tiempo se dieron cuenta.

“¡Papá! Fue el pollito Chicken Little quien pensó que el cielo se estaba cayendo y la gallinita roja quien trabajó para hornear el pan sin la ayuda de sus perezosos amigos. Siempre los confundes”.

Independientemente de los deslices verbales, los niños me rodean. Se disputan por ocupar un lugar cerca de mi pecho, para escuchar los latidos de mi corazón y la cadencia de las palabras y la convicción de que mis palabras resonarán en sus oídos, a lo largo de su columna vertebral y muy dentro de sus almas.

No obstante, si tuviera que escoger entre Mrs. Piggle-Wiggle o los precios de las acciones, creo que Wall Street ganaría.

Mi esposa me exhortó a que persistiera. “Los niños están conmigo todo el día, así que aunque sea por media hora todas las noches, tienes toda su atención. No desperdicies esa oportunidad”.

Bien, pensé, al igual que Mrs. Piggle-Wiggle que tenía curas mágicas para los niños que nunca querían irse a la cama a dormir, yo también podía encontrar la cura para mi aburrimiento. De hecho, de una página del libro de juegos de Little Tailor conseguí siete.

Primero, en ocasiones, incluí un lector “visitante”. Una marioneta de mano y una voz ronca me mantienen alerta y los niños lo disfrutan, lo que le da un nuevo giro a estos cuentos.

El segundo remedio fue apagar el televisor, hacer caso omiso del teléfono y leer a la luz de una pequeña lámpara que nos bañaba en una luz tenue a mí y a mis oyentes.

Con los ojos brillantes y las mentes receptivas, los cuerpos ligeros de los niños vibraron con el lenguaje, el asombro y las virtudes de leer juntos.


Tercero, para variedad, en ocasiones, leo en un lugar “secreto”. Rizos de Oro adquiere una nueva dimensión cuando se lee debajo de la mesa de la cocina.

Mi cuarto remedio fue introducir lecturas a la hora de la cena. “Como primer plato”, decía, “Hansel y Gretel.” La sopa de tomate y un emparedado de queso son el acompañante perfecto.  

Quinto, en ocasiones, uso un episodio de un audiolibro. Esto hace que un libro como Tom Sawyer parezca completamente nuevo.

Como sexta solución, les asigné partes de un cuento que nos hiciera reír. Incluso los niños que todavía no han aprendido a leer pueden memorizar algunas líneas y recitarlas.

El séptimo remedio fue crear versiones de los cuentos originales. Cuando niño, mi mamá creó un bosque completo poblado por animales astutos: La Zorra, ingeniosa, el Búho, el Winston Churchill trasnochador y el Niño Escarabajo, el héroe de acción. Tomé lo que ella comenzó y creé: Más Historias de los Bosques Oscuros y Profundos.

Si bien nunca me consideré un lector de cuentos estrella al principio, tampoco renuncié a mi función como lector principal de mi pequeña tribu. Cuanto más interés mostraban en sus amados cuentos clásicos, más se acurrucaban contra mí. Con los remedios a la mano, mi actitud mejoró. Me relajé y me alejé un poco de mi “otro material de lectura”. A la hora de leerles un cuento, me colmaban de abrazos, alegría y amor. Para ser honesto,  comencé a disfrutar ser la falda más solicitada de la casa.


Clint Kelly, especialista en comunicaciones de la Universidad de Seattle Pacific, en Washington, crea cuentos para niños y adultos que van desde dinosaurios hasta cómo criar a los hijos. Para conectarse, visite ClintKellyBooks.com.

 

Los papás como héroes en los libros

Los papás, en comparación con las mamás, rara vez salen en los libros de cuentos de niños. Según una reseña de 200 libros para niños realizada por David Anderson, Ph.D., y Mykol Hamilton, Ph.D., los papás aparecen casi cincuenta por ciento menos veces que las mamás. La probabilidad de que las mamás aparezcan cuidando a los bebés y atendiendo a los niños de más edad, fue 10 y 2 veces más alta, respectivamente, en comparación con papás realizando las mismas funciones.

Claro está, las mamás siempre tienen una probabilidad mayor de cuidar de los hijos. Pero,  ¿cómo ayuda esto a las familias no tradicionales y a otros padres que quieren optar por modelos más amplios a la hora de criar a sus hijos? A continuación una lista de libros que describe a los papás como co-padres y proveedores de cuidado primario.  

Mama’s Home!, por Paul Vos Benkowski, ilustrado por Jennifer Herbert (Chronicle Books, edades 1-3 años)

Kisses for Daddy, por Frances Watts y David Legge (Little Hare Books, edades 1-5 años)

The Bunny Book (también publicado como When Bunny Grows Up), por Patricia M. y Richard Scarry (Golden Books, edades 1-5 años)

The Complete Adventures of Curious George, por Margret y H.A. Rey (Houghton Mifflin, edades 1-5 años)

Daddy’s Lullaby, por Tony Bradman, ilustrado por Jason Cockcroft (Margaret K. McElderry Books, edades 2-5 años)

My Dad, por Anthony Browne (Macmillan, edades 2-5 años)

Daddy’s Home!, por Rosanne D. Parry, ilustrado por David Leonard (Candy Cane Press, edades 2-5 años)

My Daddy and I, por P.K. Hallinan, autor e ilustrador (Candy Cane Press, edades 2-5 años)

Knuffle Bunny: A Cautionary Tale (la secuela es Knuffle Bunny Too: A Case of Mistaken Identity), por Mo Willems (Hyperion, edades 2-6 años)

Mama’s Coming Home, por Kate Banks, fotos de Tomek Bogacki (Farrar Straus Giroux, edades 3-6 años)

Daddy Calls Me Man, por Angela Johnson, dibujos por Rhonda Mitchell (Orchard Books, edades 3-6 años)

Papa, Do You Love Me?, por Barbara M. Joosse, ilustrado por Barbara Lavallee (Chronicle Books, edades 3-6 años)

Tell Me One Thing, Dad, por Tom Pow, ilustrado por Ian Andrew (Candlewick Press, edades 3-7 años)

Horton Hatches the Egg, por Dr. Seuss (Random House, edades 3-7 años)

And Tango Makes Three, por Peter Parnell y Justin Richardson, ilustrado por Henry Cole (Simon & Schuster, edades 3-7 años)

A Father Like That, por Charlotte Zolotow, ilustrado por LeUyen Pham (HarperCollins, edades 3-7 años)

Danny, Champion of the World, por Roald Dahl, ilustrado por Quentin Blake (Knopf, edades 8-12 años)


Jeremy Adam Smith es autor de The Daddy Shift y coeditor de Rad Dad: Dispatches from the Frontiers of Fatherhood. Conéctese en JeremyAdamSmith.com.

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