Adiós a la grasa abdominal

Estrategias para ganarle la batalla a la panza



El verse bien en la playa no es la única razón para aplanar nuestras barriguitas. Resulta que nuestra grasa abdominal tiene un impacto importante en si nos mantenemos saludables o en riesgo de padecer de varias enfermedades crónicas.

Todos necesitamos un poco de grasa interna en la panza, según la experta en nutrición, la Dra. Pamela Peeke, que dice: “Necesitamos grasa en la barriga para ayudar como cojín para los órganos y mantener la temperatura interna del cuerpo; también es una buena fuente de reserva de combustible”.  Peeke es la autora del libro Body for Life for Women and Fight Fat After Forty.

Dos tipos de grasa

Señalando las partes centrales del cuerpo, hay dos diferentes tipos de grasa: subcutánea, debajo de la piel; y visceral, almacenada en el cuerpo alrededor de los órganos principales. Cada una funciona diferente a nivel biológico.

La subcutánea o pasiva requiere intervención metabólica de otros sistemas y glándulas del cuerpo para poder ser procesada para energía. La visceral o activa funciona como una glándula: está programada para descomponerse y liberar ácidos grasos y otras sustancias hormonales que son metabolizadas en el hígado (también tiende a hacer que la barriga crezca en lo que se conoce como la “panza del bebedor de cerveza”).

Las expertas en salud, las doctoras Marie Savard, M.D. y Carol Svec, coautoras de The Body Shape Solution to Weight Loss and Wellness, declaran en su libro: “El exceso de grasa visceral puede llevar a un aumento en los niveles de azúcar en sangre y niveles de insulina más altos, y también pueden generar aumento en la inflamación, todos los cuales son el escenario perfecto para diabetes, ciertos tipos de cáncer y derrame cerebral”.

Cuatro factores

No existe una sola contestación al enigma de la ganancia de peso; esta incluye cuatro factores—genéticos, hábitos alimentarios, estrés y hormonal. Algunos de nosotros, dice Savard, estamos destinados a ser “manzanas,” ganando peso en el estómago y en la región superior del cuerpo, mientras que otros son “peras,” poniendo el peso en las caderas, glúteos, muslos y piernas.

La grasa abdominal se produce cuando ingerimos más energía calórica en nuestro cuerpo que la que podemos usar. “Ciertamente no es secreto que la forma en que comemos está en sintonía con las necesidades de nuestro cuerpo”, escribe Floyd H. Chilton, Ph.D., en su libro Inflammation Nation: The First Clinically Proven Eating Plan to End Our Nation’s Secret Epidemic. “La mayoría de las fuerzas que dan forma a nuestro desarrollo genético aparecieron hace 10,000 años, cuando éramos cazadores y recolectores. Nada en esa programación nos podía haber preparado para el Big Mac”.

Según lo expone Peeke: “La genética puede cargar el revólver, pero el ambiente tira del gatillo”. Ella pasó años investigando el vínculo entre el estrés y la grasa en los Institutos Nacionales de la Salud, y dijo que el estrés crónico puede engendrar una cintura amplia porque desencadena continuamente la producción de cortisol que, entre otras cosas, desata un apetito intenso que nos lleva a comer en exceso; como resultado, la ganancia de peso tiende a asentarse en el abdomen.

La disminución de los niveles de las hormonas sexuales causa que tanto los hombres como las mujeres desarrollen una panza según envejecen. Incluso las mujeres con cuerpo en forma de pera comienzan a perder las ventajas del estrógeno luego de la menopausia. Dice Savard: “Cuando ganan peso luego de la menopausia, la tendencia es ganar grasa visceral… y transformarse de una pera a una manzana”.

Estrategias

Las panzas son epidémicas y no hay una solución rápida para ellas. Los remedios comunes para trabajar con esta área, como los ejercicios abdominales o ‘crunches’, pueden tonificar la espalda y los músculos abdominales, pero no trabajan con la grasa almacenada dentro de la barriga. Para eso, necesitamos reducir el total de grasa almacenada en el cuerpo.

Savard aconseja estar en contra de hacer una dieta drástica ya que algunas veces conducen a ganar peso. También nos dice que: “Reducir la ingesta calórica por más de un 25 por ciento, sencillamente lleva el metabolismo a un modo parecido de morirse de hambre, lo que hace que se ponga más lento [en descanso]”. El mantener una dieta razonable de alimentos integrales y hacer ejercicio diario dará mejor resultados.

La buena noticia es que la grasa visceral, aunque está almacenada bien profundo en la panza, a menudo es el primer tipo de grasa en quemarse. Esta grasa está metabólicamente activa, por lo tanto trabaja a nuestro favor cuando nos decidimos a deshacernos de ella.

Lo hacemos mejor olvidándonos de cuánto pesamos y nos enfocamos en la medida de nuestra cintura. El perder dos pulgadas puede disminuir de forma significativa el riesgo de padecer de unas cuantas enfermedades. “Salga de la báscula, porque la salud está en las pulgadas, no en las libras”, enfatiza ella.

El ejercicio y la nutrición, especialmente comer pequeñas porciones, comidas bien balanceadas cada tres o cuatro horas, es importante, dice Peeke, pero igual de importante es aprender a manejar nuestros niveles de estrés. “Siempre he mirado hacia la mente además de la boca y los músculos,” menciona.

Aunque no hay una solución rápida para perder grasa abdominal, piense de forma holística y en hacer cambios reales en los estilos de vida para que en el camino pierda un abdomen obstinado. Al hacerlo así, no solo nos veremos bien en la playa este verano, sino que nos sentiremos de maravilla.


Anjula Razdan es escritora con base en Washington, D.C. y editora, este artículo es un extracto adaptado tomado de
Care2.com.

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