Democracia alimentaria

Por el pueblo, para el pueblo y hacia una nación más fuerte



Para entender mejor el concepto de democracia podemos mirar a algunos pasados presidentes de los Estados Unidos. Abraham Lincoln la definió como “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Thomas Jefferson dijo: “Una ciudadanía informada es el corazón de una democracia dinámica”. Harry S. Truman reconoció, además, que “el secreto y un gobierno democrático libre no mezclan”.    

Por extensión, “la democracia alimentaria” describe un sistema justo y transparente en el cual las personas pueden tener elecciones informadas y control en la determinación de qué y cómo comen. Esto es lo que sucede cuando vemos a las personas como ciudadanos, en lugar de consumidores, y tratamos a la alimentación como un derecho humano, informa el Pesticide Action Network (PAN), en Oakland, California. 

Kelly Moltzen, dietista certificada radicada en Bronx, Nueva York, y miembro del Franciscan Earth Corps, lo define como tener la libertad de poder seleccionar la integridad de nuestros alimentos desde la finca al plato, de forma que podamos apoyar la salud y el bienestar de nosotros mismos, la Tierra y todos los organismos que habitan el ecosistema.

La soberanía alimentaria alimenta la independencia

Un informe del PAN sobre la democracia alimentaria describe la soberanía de los alimentos como un equivalente internacional del movimiento estadounidense de relocalizar el control sobre nuestra comida y la agricultura. Tiene sus raíces en regenerar los históricos sistemas autónomos de los alimentos, por y para el pueblo.

John Peck, Ph.D., director ejecutivo de Family Farm Defenders, en Madison, Wisconsin, explica que el término de la “soberanía alimentaria” fue acuñado alrededor de dos décadas por la organización globalmente activa La Vía Campesina, compuesta de familias de agricultores, trabajadores agrícolas, pescadores, cazadores, recolectores y comunidades indígenas del mundo.

“En su forma más básica”, dice Peck, “La soberanía alimentaria trata de reclamar el control democrático local de nuestro sistema de alimentos y agrícola de la agroindustria corporativa”. De esta manera, “Todos tienen el derecho a decidir qué se cultiva o qué se cría en nuestra comunidad, ya sea tratar a los animales de forma humanitaria, si las familias agricultoras y otros trabajadores agrícolas reciben una paga justa y pueden negociar de forma colectiva y si las personas tienen acceso a alimentos saludables y seguros—al igual que el derecho de saber qué hay en su comida, cómo se produce y de dónde proviene”.

Peck cree que si queremos ambientes más limpios, personas más saludables y más comunidades vibrantes, “Necesitamos ser ciudadanos que nos preocupemos por llevar la responsabilidad democrática, la justicia social y la integridad ecológica a todos los aspectos de nuestro sistema de alimentos y agricultura”.

Los alimentos locales fortalecen las comunidades

En su informe Deepening Food Democracy, el Instituto de Agricultura y Política Comercial (IATP, por sus siglas en inglés), en Minneapolis, describe cómo los alimentos y la agricultura en los Estados Unidos se han concentrado, consolidado y controlado cada vez más por unos pocos. Los entusiastas de los alimentos locales quieren retomar su sistema de alimentos de los amos industriales y corporativos que presionan para una legislación que niega a los ciudadanos el derecho de saber cómo se produce su comida o si contiene ingredientes genéticamente modificados (OGM). El movimiento de alimentos locales se trata tanto de devolver el poder a las comunidades, a los trabajadores de alimentos, los agricultores y los trabajadores agrícolas como sobre producir y distribuir alimentos saludables cultivados de forma sostenible, informa la IATP.

Anthony Flaccavento, agricultor de siembras orgánicas en la región de los Apalaches en el suroeste de Virginia, ha estado trabajando en iniciativas nacionales de alimentos y agricultura sostenible por casi 30 años. En una entrevista reciente para Food Sleuth Radio, él describió los tremendos impactos positivos resultantes de múltiples economías locales al observar que un sistema de alimento local fuerte es generalmente su centro.

“Una vez se tienen economías locales diversas y vibrantes”, dice Flaccavento, “usted tiene mejor salud, menos criminalidad y tasas de encarcelamiento—y mayor participación cívica”. Básicamente, un sistema de alimento más democrático puede ayudar a arreglar muchos de los males actuales de nuestra nación. El crecimiento constante de mercados agrícolas, programas de la finca a la escuela y los consejos de política alimentaria prueban que los estadounidenses están hambrientos de tener alimentos limpios y mayor sentido de comunidad. Mientras Flaccavento aprecia a los consumidores que apoyan los proveedores de alimentos locales, él enfatiza que: “El solo actuar localmente no es suficiente. Tenemos que volver a comprometernos con debates más grandes a nivel social y político, también”.

Cultivando vegetales y democracia

Luego que el huracán Katrina golpeó a Nueva Orleans, Jenga Mwendo supo que tenía que abandonar su trabajo de alto nivel en la Ciudad de Nueva York y regresar a su casa en su devastado antiguo vecindario. “Mis padres me criaron para contribuir”, explica Mwendo. “Mi primer nombre significa ‘contribuir’ y mi apellido, ‘siempre progresando’.”

“En la democracia alimentaria, todos somos responsables. No solo las personas tienen acceso igual a los alimentos, sino que están informadas, activas, comprometidas y participativas.”
~Rose Hayden-Smith, autor de Sowing the Seeds of Victory

En el 2009, Mwendo fundó el Backyard Gardeners Network (BGN), una organización local sin fines de lucro que restaura y fortalece lo que una vez fue una comunidad de progreso, unida, independiente, rica en huertos caseros y compromiso ciudadano. Los residentes se pusieron a trabajar al reconocer el potencial de los huertos comunitarios para revitalizar sus vecindarios y obtener alimentos saludables asequibles, muchos de ellos padeciendo de obesidad, enfermedad cardiaca y diabetes. La BGN revitalizó los huertos de la comunidad y convirtió un lote abandonado en un Jardín Guerrilla en donde las personas de todas las edades se juntan para sembrar alimentos, compartir historias, fortalecer su herencia cultural y aprender cómo convertirse en ciudadanos responsables.

“Unimos a la gente y tomamos decisiones de manera colectiva”, dice Mwendo. “El huerto es para nuestra comunidad, por nuestra comunidad.” Al entender la importancia de involucrar a los niños y los adolescentes, ella añade: “Los chicos saben que ellos van a ser amados aquí. Este es un ambiente acogedor”.

Igual que Mwendo, Stephen Ritz, uno de los primeros 10 finalistas del Varkey Foundation’s Global Teacher Prize, está llegando a los jóvenes a través de los alimentos. Con residencia al sur del Bronx en la Ciudad de Nueva York, uno de los distritos escolares más pobres del país, él y sus estudiantes están sembrando vegetales en las escuelas, por lo tanto, están ayudando a mejorar la dieta, la salud, la ejecutoria escolar y el futuro potencial de los niños. “Estamos contribuyendo a la democracia alimentaria al asegurarnos que cada niño que tocamos, sin importar el ingreso, código postal y color de piel, fe o nacionalidad de origen, tenga acceso a alimentos frescos, saludables y nutritivos que ellos mismos ayudaron a cultivar”, dice Ritz.

Hasta el momento, su comunidad Green Bronx Machine ha cultivado 30,000 libras de vegetales. “Estamos cultivando justicia”, dice Ritz en una charla en marzo de 2015 en TED Talk. “¡Mi siembra favorita son los ciudadanos cultivados orgánicamente—graduados, votantes, estudiantes que están comiendo mejor y viviendo vidas más saludables!”

Los huertos nutren al mundo

Roger Doiron es el fundador y director del Kitchen Gardeners International (KGI), una comunidad global en línea con 30,000 personas en 100 países que están cultivando sus propios alimentos. Tomó la iniciativa del Huerto de la Casa Blanca de la Primera Dama, Michelle Obama. La campaña de Doiron de devolver el huerto a la Casa Blanca (los presidentes John Adams, Jefferson y Jackson tenían jardines comestibles) comenzó en el 2008, se volvió viral, echó raíces y el resto es historia. Hoy día, la primera dama continúa promoviendo los alimentos frescos del huerto para mejorar la salud de los niños.

Desde su propio huerto de 1,500 pies cuadrados en Scarborough, Maine, Doiron y su esposa han cultivado 900 libras de frutas y vegetales orgánicos con un valor de $2,200 en cada estación. “Sembradores talentosos con suelos y climas más generosos pueden producir incluso más alimentos en menos espacio”, dice él, “pero maximizar la producción no es nuestra única meta. También estamos tratando de maximizar el placer y la salud”.

Doiron cree que: “La comida de calidad es central para el bienestar y una de las mejores maneras de unir a las personas de diferentes países y culturas alrededor de una agenda común y positiva”. Está convencido que los huertos caseros jugarán un papel vital en alimentar la creciente población que enfrenta cambios climáticos. El 4 de julio, su organización celebrará el Día de la Independencia Alimentaria como una manera de reconocer el rol de los huertos caseros y comunitarios para alcanzar la autosuficiencia.

Salvar las semillas, salvar la democracia

Jim Gerritsen opera el Wood Prairie Farm con su familia en Bridgewater, Maine. Se dedica a usar los métodos de agricultura orgánicos para proteger el ambiente y la calidad de los alimentos, proveer una cosecha amplia y patrocinar buenos trabajos para la próxima generación de agricultores jóvenes.

Como presidente de Organic Seed Growers and Trade Association, Gerritsen dirigió una demanda legal contra Monsanto en el 2011 para retar la validez de las patentes de semillas. En una entrevista para la Food Sleuth Radio, explica que: “Las semillas patentizadas no pueden salvarse o replantarse. El quitárselas inmediatamente a los agricultores fue un error terrible por parte de la Corte Suprema”. La propiedad de las semillas pertenece al pueblo; nuestro banco de semillas es parte de nuestra herencia común. “La ingeniería genética fue un invento para alejarnos de los bienes comunes, de la propiedad de las semillas”, dice. “El volver a ganar control del suministro de semillas es una de las batallas más apremiantes que tenemos en la agricultura.” Gerritesen anima a todos a plantar un huerto orgánico utilizando semillas orgánicas y a luchar por el etiquetado OGM.

“Dejemos que reine la transparencia, que es la bandera de un sistema democrático”, proclama él.


Melinda Hemmelgarn es dietista certificada y escritora galardonada, anfitriona de un programa de radio nacional sindicado en KOPN.org, en Columbia, MO (FoodSleuth@gmail.com). Ella es defensora de los agricultores de siembras orgánicas en Enduring-Image.blogspot.com.

 

El registro de mercados agrícolas de 1994 tenía menos de 1,800. Ahora, 20 años más tarde, suman casi 8,300.

Fuente: Departamento de Agricultura de los Estados Unidos

 

Recursos de independencia alimentaria

Bioscience Research Project BioscienceResource.org
Corporate Accountability International StopCorporateAbuse.org
Fair Food Network FairFoodNetwork.org
Food Co-op Initiative FoodCoopInitiative.coop
Food First FoodFirst.org
Food & Water Watch FoodAndWaterWatch.org
Food Policy Councils MarkWinne.com/resource-materials
Food Sleuth Radio KOPN.org
Food Voices: Stories from the People Who Feed Us FoodVoices.org
Kitchen Gardeners International kgi.org
National Family Farm Coalition nffc.net
National Farm to School Network FarmToSchool.org
Oxfam America “Behind the Brands” BehindTheBrands.org/en-us
The Seed Library Social Network SeedLibraries.org
Seed Savers Exchange SeedSavers.org
Table of the Earth TableOfTheEarth.com/eat-local-simple-steps/
Union of Concerned Scientists ucsusa.org

 

De consumidor de alimentos a ciudadano de alimentos

Ahora es el tiempo para que todos los hombres y mujeres buenos se conviertan en ciudadanos de alimentos. Hacer la transición de ser un mero consumidor a un ciudadano comunitario requiere el hacerse unas preguntas dirigidas a la verdad y la justicia para todos.

• ¿De dónde provienen mis alimentos?

• ¿Quién lo produce?

• ¿Bajo qué condiciones fue cultivado o producido; los trabajadores fueron tratados justamente y los animales fueron tratados de forma humanitaria?

• ¿Qué hay en mis alimentos; estoy comiendo pesticidas, antibióticos, hormonas, ingredientes genéticamente modificados o aditivos?

• ¿Cuáles pueden ser las consecuencias no intencionadas en las elecciones de alimentos por parte de agricultores que compiten contra la agroindustria y que luchan por hacer lo correcto?

• ¿Cómo mis selecciones afectan el ambiente y a las futuras generaciones?

• ¿Qué políticas locales, estatales y nacionales interfieren con la transparencia y la justicia en el sistema de alimentos?

 

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