Representantes de la generosidad de la Tierra

Agricultores orgánicos siembran la semilla del cambio



Desde la epidemia de la obesidad infantil, el aumento en las tasas de autismo y las alergias a los alimentos, hasta los crecientes riesgos a la salud por el uso de pesticidas y el cambio climático, tenemos muchas razones para estar preocupados sobre el sistema alimentario estadounidense. Afortunadamente, existen muchos héroes entre nosotros—familias agricultoras, sembradores comunitarios, visionarios y activistas—que están luchando ahora por crear un ambiente más seguro y saludable que beneficiará a las futuras generaciones. Al reconocer y celebrar su estelar activismo por la Tierra en este, el Año Internacional de las Familias Agricultoras 2014, Natural Awakenings quiere poner de relieve ejemplos de la actual generación de héroes que nos ofrecen inspiración y esperanza. Ellos están cambiando el paisaje estadounidense y la forma en que pensamos sobre la capacidad de la buena comida para alimentar bien el futuro.

Anna Jones-Crabtree ~ Foto por NRCSMontana BibliotecaDoug Crabtree y Anna Jones-Crabtree, de Vilicus Farms, en Havre, Montana, están reviviendo la biodiversidad de los cultivos y el hábitat de los polinizadores en su finca orgánica al norte de Montana. “Nos esforzamos por cultivar en una manera que funcione, concertada con la naturaleza”, explica Doug.

Las acciones de la pareja van acorde con el nombre en latín que le dieron a su finca, que significa “mayordomo”. Tienen 15 cultivos nutritivos en 1,200 hectáreas, incluidos: lino, trigo sarraceno, girasol, cártamo, espelta, avena, cebada y lentejas sin pesticidas, herbicidas o fertilizantes sintéticos. Están atrayendo diversos polinizadores nativos mediante la imitación de sistemas naturales, la siembra de diferentes cultivos y sin usar los insumos químicos dañinos. Su forma de agricultura ayuda a proteger las aguas subterráneas, arroyos, ríos e incluso los océanos para futuras generaciones.

Dick y Diana Dyer, de Dyer Family Organic Farm, en Ann Arbor, Michigan, finalmente lograron alcanzar su sueño de toda la vida, tener una finca, lo que lograron en el 2009 a la edad madura de 59 años. La pareja cultiva más de 40 variedades de ajos en sus 15 hectáreas; también cultivan lúpulo y tienen panales de abejas. Además, dan entrenamiento sobre cómo cultivar a una nueva generación de internos en dietética a través del país mediante su programa de la Escuela a la Finca, en asociación con la Academia de Nutrición y Dietética. Diana, dietista certificada, les enseña a sus estudiantes a tomar el adagio “Somos lo que comemos”, un paso más allá. Ella cree que: “Somos lo que cultivamos”.

Diana y Dick Dyer ~ foto por Dan Hemmelgarn“Como casi todo el mundo, la mayoría de los estudiantes de dietética están desconectados de la Madre Tierra, la fuente de los alimentos que ellos comen. No aprenden las conexiones vitales entre el suelo, los alimentos y la salud”, dice Diana. Durante la estadía en la finca de los Dyer, explica que: “Los estudiantes comienzan a entender cómo sus recomendaciones a otros sobre alimentos y nutrición pueden ayudar a impulsar un sistema agrícola entero que promueva y proteja  nuestro suelo, el agua, los recursos naturales y la salud pública”. Todo se alinea con el lema de su finca: “Dando forma a nuestro futuro de la tierra hacia arriba”.

Mary Jo y Luverne Forbord, de Prairie Horizons Farm, en Starbuck, Minnesota, crían Ganado Black Angus, que pastan en praderas nativas certificadas orgánicas. Mary Jo, dietista certificada, recibe estudiantes de dietética en su finca de 480 hectáreas para aprender de dónde viene la comida y cómo cultivarla sin pesticidas que contribuyen al alto riesgo de algunos tipos de cáncer que padecen los agricultores. “Debemos saber el verdadero costo de los alimentos baratos”, insiste ella.

Luverne y Mary Jo Forbord ~ foto por Dan HemmelgarnRecientemente, plantaron un huerto orgánico en memoria de su hijo Joraan, quien murió de cáncer en el 2010 a la edad de 23 años. El huerto de Joraan alberga frutas saludables como: manzanas, albaricoques, cerezas y ciruelas, además de moras aromáticas nativas. También inyecta vida fresca a la comunidad. Cada primavera, los Forbord celebran el cumpleaños de su hijo mediante el “despertar” de su huerto. Su madre explica que: “Se unen personas de todas las edades—amigos de Joraan, nuestros amigos y familias, vecinos, familiares, compañeros de trabajo y otros—para mantener su legado creciendo. El increíble apoyo de la comunidad nos sostiene”.

Tarrant Lanier, del Center for Family and Community Development (CFCD), y Victory Teaching Farm, en Mobile, Alabama, quieren que todos los niños crezcan en comunidades seguras con acceso a suficientes alimentos integrales. Luego de trabajar por casi dos décadas con familias vulnerables del sur de Alabama, Lanier quiso ayudar más. En el 2009, ella estableció una organización sin fines de lucro, CFCD, dedicada a la vida saludable. En cinco años reunió un pequeño, pero fuerte grupo de trabajo que comenzó a construir huertos caseros y escolares y a crear asociaciones de colaboración.

Tarrant Lanier, jardinería con los niños en el Centro de la Familia y el Desarrollo Comunitario ~ foto por Dan HemmelgarnRecientemente, el grupo estableció la Victory Teaching Farm, la primera finca de enseñanza agrícola urbana y un centro comunitario de recursos. “La finca servirá como una experiencia en el lugar para que los niños aprendan de dónde vienen sus alimentos y las razones por las cuales estos deben ser frescos y cultivados de forma orgánica para el bienestar de nuestra salud”, dice Lanier. Sin embargo, “Esto es solo la punta del iceberg para nosotros. En última instancia, queremos ser una comunidad libre de químicos a través de la lucha para la reducción y eliminación de pesticidas y químicos usados en las escuelas, hospitales, hogares, parques locales y campos de pelota”.

Lanier aspira a ayudar a mejorar la baja posición que tiene el estado de Alabama con relación a la salud de sus residentes. “Me encanta nuestro pequeño pedazo del mundo, quiero que las futuras generaciones lo disfruten sin miedo a lo que nos enferma”, dice ella. “Tenemos la intención de tener un huerto escolar en cada escuela y queremos ver establecidos huertos orgánicos en los hospitales que apoyen los esfuerzos de hacer más saludables a las personas sin el uso de medicamentos fuertes”.

Lanier explica que: “Vemos nuestro triunfo como una reducción del hambre, un aumento en la salud y el bienestar, sostenibilidad y reparación ambiental, desarrollo y embellecimiento comunitario, desarrollo económico y acceso a alimentos cultivados localmente mediante la promoción y creación de sistemas alimentarios locales”.

 Don Lareau ~ foto por Dan HemmelgarnDon Lareau y Daphne Yannakakis, de Zephyros Farm and Garden, en Paonia, Colorado, cultivan flores exquisitas y vegetales orgánicos para mercados agrícolas y comunitarios apoyados por miembros agrícolas en Telluride y el Valle Roaring Fork. Recientemente, la pareja decidió dar menos viajes lejos de su casa y de sus hijos y a cambio traer más personas a su finca familiar de 35 hectáreas para enseñar lo que ofrece la tierra y desarrollar un renovado sentido de comunidad.

Desde cenas en la finca hasta elegantes bodas y campamentos de exploraciones creativas para niños y adultos, hasta programas de internados educativos, esta familia de agricultores está levantando un nuevo cultivo de consumidores que valoran la tierra, sus alimentos y las personas que los producen. La pareja tiene la esperanza de ayudar a las personas a aprender cómo cultivar y preparar sus propios alimentos, además de ganar un mayor aprecio por la agricultura orgánica.

“Los niños quedan impresionados cuando conocen que las zanahorias crecen debajo de la tierra y se sorprenden al saber que la leche proviene de una ubre y no del estante de una tienda.”
~ Don Lareau


“La gente que viene aquí se enamora del estilo de vida agrícola en sintonía con el sol y la luna, las estaciones y su reloj interno—algo valioso que se ha perdido en los estilos de vida modernos”, menciona Lareau, quien especialmente adora compartir la magia de su finca con los niños. “Los niños quedan impresionados cuando conocen que las zanahorias crecen debajo de la tierra y se sorprenden al saber que la leche proviene de una ubre y no del estante de una tienda.”

Klaas y Mary-Howell Martens, de Lakeview Organic Grain, en Penn Yan, Nueva York,  cultivan una variedad de granos, incluidos: trigo, espelta, cebada, avena y triticale, además de guisantes, habichuelas rojas y edamame, junto con la crianza de ganado en alrededor de 1,400 hectáreas. La filosofía de su finca implica mirar el mundo a través del lente de la abundancia, en lugar de escasez, y trabajar en cooperación con sus vecinos, en lugar de competir. El resultado ha sido una oleada de agricultores orgánicos prósperos y un renovado sentido de comunidad y fuerza económica a través de toda la región.  

Los Martens cambiaron a la agricultura orgánica luego de que Klaas experimentara una parálisis parcial debido a una exposición a pesticidas, agravada por la preocupación de la salud de sus tres hijos. Debido a que los Martens trabajan en alianza con la naturaleza, han aprendido a preguntarse varios asuntos. Por ejemplo, cuando Klaas ve una mala hierba, él no se pregunta: “¿Qué podemos rociar para matarla?”, sino: “¿Cuál fue el ambiente que permitió que creciera esa hierba?”

Los productores de alimentos conscientes son maestros, innovadores, mayordomos ambientales y hacedores de cambios que crean un futuro brillante para todos nosotros.


Anne Mosness, en Bellingham, Washington, comenzó la pesca de salmón salvaje con su padre un verano luego de graduarse de universidad. La experiencia encendió el sentido de la aventura, lo que la llevó a Alaska por casi tres décadas, como miembro de una tripulación y luego capitana de las pescaderías Copper River y Bristol Bay. Durante ese tiempo, Mosness se convirtió en una luchadora incansable para proteger las comunidades costeras y los ecosistemas. “Igual que las familias de agricultores, las familias de pescadores se enfrentan a muchos riesgos e incertidumbres”, pero ella cree que: “las fuerzas políticas pueden ser aún más perjudiciales a nuestra subsistencia y a la pesca silvestre”.

Por ejemplo, “Estamos replicando una de las peores prácticas de la agricultura industrial en la tierra en el ambiente marino con enfermedades, parásitos y voluminosas cantidades de contaminantes en nuestras aguas costeras”, explica Mosness. También está preocupada con la posible aprobación de pescados genéticamente modificados por parte de la Administración Federal de Drogas y Alimentos sin la adecuada evaluación ambiental y de salud. Ella trabaja para lograr que las etiquetas de los productos adviertan sobre los transgénicos y los consumidores puedan hacer selecciones informadas en sus compras.


Melinda Hemmelgarn, también conocida como “la detective de los alimentos”, es dietista certificada y escritora galardonada, tiene un programa de radio en KOPN.org, en Columbia, MO (FoodSleuth@gmail.com). Es defensora de los agricultores orgánicos en Enduring-Image.blogspot.com.

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