La fracturación hidráulica destruye los cimientos de los Estados Unidos

Peligros inminentes



Las políticas ambientales actuales deben ser revisadas para salvaguardar nuestra salud, sustentar los sistemas de soporte vital del planeta y liberarnos de nuestra dependencia de combustibles fósiles.
 

Bajo el lema engañoso de ser limpia y verde, la fiebre mundial de gas natural está en todo su apogeo, especialmente en los Estados Unidos. Literalmente, estamos quebrando los cimientos de los Estados Unidos para extraer metano de la Tierra y consumiendo enormes y preciadas cantidades de agua al hacerlo, esto sin ningún tipo de conocimiento claro sobre las consecuencias que pueda tener en el ambiente y nuestra salud. Debido a las economías de escala y a la infraestructura necesaria, la fracturación hidráulica es una cuestión de todo o nada y cada estado decide su propio destino.

El esquisto de Marcellus, o Marcellus Shale, cubre un territorio subterráneo de 600 millas de largo a través de varias comunidades en los estados de Nueva York, Virginia Occidental, Pensilvania y Ohio. Al ser el depósito de gas natural más grande del país, se ha convertido en el punto cero para un alto volumen de fracturación hidráulica o ‘fracking’, como comúnmente se le conoce. Muchos otros estados también están vulnerables (vea GaslandTheMovie.com/map).

En una capa de base rocosa que va de dos a 200 pies de ancho y se encuentra hasta una milla bajo la superficie de la Tierra, el esquisto y los recursos naturales que este captura, como el metano, uranio, mercurio, arsénico y plomo, han permanecido encerrados por millones de años. Sobre dicha capa se encuentran varios acuíferos de agua potable.

Previo al siglo 21, extraer el gas metano disperso en formaciones horizontales como estas, en vez de pozos verticales, no se consideraba costo eficiente y por tanto, era catalogado como irrecuperable. Ahora los taladros modernos pueden penetrar la piedra con tuberías de acero, algunos segmentos cubiertos por cemento, y con explosiones directas de hasta 10,000 libras de presión por pulgada cuadrada de agua, arena y químicos, fracturándola así. Luego, cientos de químicos son inyectados para reducir la fricción (de ahí el término agua resbaladiza o ‘slickwater’) para que los fluidos de fracturación discurran fácilmente. Esta mezcla incluye ácidos, inhibidores de óxidos e incrustaciones y pesticidas para eliminar los microbios. Además, en ocasiones incluye agentes gelificantes, destilados de petróleo, éteres de glicol, formaldehído y tolueno.

El resultado es que el gas sube a través del pozo junto con un 30 a 60 por ciento del coctel de agua y químicos que fueron inyectados. El resto se queda atrás. Fracturar un pozo de gas una sola vez requiere de 2 a 8 millones de galones de agua, 10,000 a 40,000 galones de químicos y al menos 1,000 viajes de camiones diesel. Estos pozos se pueden minar varias veces antes de que se agoten.

Según Anthony Ingraffea, un profesor de ingeniería en la Universidad de Cornell, se estima que solo en el estado de Nueva York hay de 34,000 a 95,000 pozos y que en los próximos 50 años habrá 77,000 adicionales. Mientras que los residentes de Nueva York han observado los resultados de la fracturación hidráulica en otros estados y han decidido imponer una moratoria temporera en dicho proceso, Pensilvania ha otorgado miles de permisos desde el 2004.

Las incógnitas impulsan el debate. Mientras tanto, algunos científicos de las instituciones más reconocidas están seguros de cinco impactos universales.

Primero, la fracturación hidráulica industrializa las zonas rurales, desforestando y fragmentando bosques y humedales importantes. Disminuye la capacidad de sustentar aves migratorias y otras especies, de filtrar la lluvia y de prevenir inundaciones, causando a la vez más erosión y escorrentías, depositando sedimento en los cuerpos de agua.  

Los Estados Unidos y el mundo podrían ser 100 por ciento dependientes de fuentes de energía verde dentro de los próximos 20 años si hacemos un compromiso para así serlo.
~ M.Z. Jacobson y M.A. Delucci, “A Path to Sustainable Energy by 2030,” Scientific American en 2009


Segundo, la fracturación hidráulica causa contaminación aérea en zonas rurales. Algunos estudios hechos por la Escuela de Salud Pública de Colorado, al igual que los datos de monitoreo de la intensa fracturación hidráulica hecha por el estado de Utah en la cuenca de Uinta, o Uinta Basin, demuestran que las operaciones de excavación y de fracturación hidráulica liberan compuestos volátiles que producen ozono y contaminan el aire. Dichos gases, al igual que los derivados de la combustión, están ligados al cáncer y enfermedades del corazón en adultos y a una disminución del coeficiente intelectual, partos prematuros, asma y pobre desarrollo pulmonar en niños. Según un estudio publicado en el 2010 en Enviromental Science and Technology, los contaminantes aéreos productos de la fracturación hidráulica, como por ejemplo la que se da en el esquisto de Haynesville, o Haynesville Shale, en Luisiana y Texas, pueden trasladarse hasta 200 millas del pozo.

Tercero, ocurren accidentes y requieren la evacuación de comunidades aledañas. En Pensilvania, en menos de tres años de fracturación hidráulica, se han reportado 1,500 transgresiones ambientales, incluyendo una explosión en un pozo que liberó líquido tóxico por 16 horas. Según informes publicados por la revista Science y el periódico The Philadelphia Inquirer, en muchos casos, productos de petróleo, químicos y contraflujo de la fracturación hidráulica se han depositado en quebradas, ríos y cuerpos de agua subterráneos.

Cuatro, la fracturación hidráulica hace que una gran cantidad de agua dulce desaparezca por siempre. En vez de utilizar las reservas de una comunidad o agotar un acuífero regional como parte del ciclo restaurativo natural de agua dulce, un solo pozo de fracturación hidráulica remueve permanentemente varios millones de galones de agua de los acuíferos y los envenena con químicos. La mayoría quedará sepultada en las capas geológicas a una milla o más debajo de la capa freática.

Quinto, tarde o temprano, el gas se acabará, mientras que el daño ecológico permanecerá.

Los peligros conocidos y desconocidos

Aparte de estos hechos, existen otras preguntas. Algunos defensores de la fracturación hidráulica dicen que no ha habido casos que confirmen que el agua potable haya sido contaminada por el proceso. Sin embargo, hace algunos años en Pavillion, Wyoming, algunos residentes notaron que el agua tenía un aspecto amarillo, nubloso y aceitoso, que burbujeaba y olía a químicos. Algunas personas se sintieron enfermas.

Una investigación de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos y la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades (EPA y ATSDR, por sus siglas en inglés, respectivamente) encontró petroquímicos―incluyendo diesel, benceno, ciclohexano, metano, propano, etano y rastros de arsénico y un pesticida que inhibe microbios­―en 20 pozos de agua. La EPA recomendó que los residentes no consumieran agua. También recomendó prender un abanico mientras se bañaban para prevenir igniciones por el metano.

La fracturación hidráulica disfruta de exenciones ante varias regulaciones―Ley de Agua Limpia, Ley de Aire Limpio, Ley del Superfondo y Ley Nacional sobre Políticas Ambientales―que rigen otros tipos de procesos industriales. Tampoco le aplican las leyes federales que protegen el derecho a la información, ya que las operaciones de gas natural no tienen que informar sus emisiones de aire y agua al Inventario de Emisiones Tóxicas (TRI, por sus siglas en inglés) de la EPA. Una enmienda especial a la Ley de Política Energética del 2005 exime a la fracturación hidráulica de la Ley de Agua Potable Segura, la cual autoriza a la EPA a reglamentar el depósito de químicos tóxicos en el suelo. Por tanto, una compañía de extracción de gas no tiene que revelar la información de los líquidos que utiliza para la fracturación hidráulica.

Eco espantos y la economía

En The Endocrine Disruptor Exchange, el biólogo Theo Colborn y su equipo de investigación informan que de los 353 químicos examinados como presuntos ingredientes de los fluidos de fracturación hidráulica, 60 por ciento le podrían hacer daño al cerebro y al sistema nervioso, 40 por ciento son interruptores endocrinos y un tercio podrían ser carcinógenos y tóxicos para el desarrollo.

¿Qué podríamos hacer con este líquido letal—un millón o más de galones por cada pozo? Según proveedores de servicio en la industria de gas, tales como Halliburton, la costumbre es reciclarlo, pero cada vez que se reutiliza, el agua de contraflujo se torna más venenosa. En algún momento hay que deshacerse de este líquido sumamente tóxico, ya sea a través de pozos subterráneos designados o plantas municipales de tratamiento de aguas residuales, si no, se deshacen de él clandestinamente.

“Donde se ha extraído gas natural del esquisto de Marcellus en Pensilvania, existen informes de agua contaminada, niños enfermos y animales muertos.”
~ Marcellus Protest, una organización en Pensilvania para detener las operaciones de fracturación hidráulica.


También está el incentivo de la economía de la fracturación hidráulica. En muchos casos, al arrendar su terreno a una compañía de gas, un dueño de hogar puede recibir $5,000 por acre y de 12 a 20 por ciento de las regalías. Según los estimados más recientes de la Administración de Información Energética (AIE, por sus siglas en inglés) el esquisto de Marcellus podría tener un valor de un billón de dólares y posiblemente proveer suficiente gas como para suplir el consumo de la nación durante seis años. Se desconoce cuánto gas se puede recuperar o cuántas veces se deben realizar fracturaciones hidráulicas en los pozos para estimular su producción.

No se ha hecho ningún estudio sobre el impacto acumulado que la fracturación hidráulica tiene sobre la salud pública y la agricultura, incluyendo el ciclo de vida completo de las emisiones de gases de invernadero. Este proceso es una apuesta económica y un crimen ambiental incuestionable.

La comunidad se expresa

En el condado de Tompkins, en Nueva York, 40 por ciento del terreno que cubre el esquisto de Marcellus está arrendado a compañías de gas. Localmente, existen opiniones variadas. Algunas personas solo desean que la práctica desaparezca por completo. Algunas personas encuentran que el concepto de fracturación hidráulica es tan vil y absurdo que jamás se materializará. Otras están en la búsqueda de ganancias personales o piensan que es inevitable y, por tanto, piensan arriesgarse con las esperanzas de que en el futuro exista una mejor regulación.

Recientemente, en una reunión de la comunidad, los candidatos para alcalde y la junta del pueblo declararon unánimemente su oposición a la fracturación hidráulica. Poco después, en una reunión del pueblo en la biblioteca de la comunidad sobre la fracturación hidráulica, alguien señaló que una comunidad cercana había logrado desviar camiones con desperdicios de fracturación hidráulica que provenían de Pensilvania y se dirigían hacia un pozo antiguo para disponer de ellos. Un hombre mayor de edad declaró apasionadamente: “Tenemos que estar preparados para acostarnos al frente de los camiones”.


Tome acción en Tinyurl.com/FrackMedia, Tinyurl.com/FrackingMap y Tinyurl.com/FrackAction (las páginas contienen las peticiones).

Nota: Encuentre películas en GaslandTheMovie.com; y Tinyurl.com/FilmPromisedLand.

La bióloga Sandra Steingraber, Ph.D., es la reconocida autora de Living Downstream, ahora disponible como documental, y de Having Faith, sobre las amenazas que representan las toxinas del medio ambiente en el desarrollo infantil. Siendo una académica visitante en la Universidad de Ithaca en Nueva York, la señora Steingraber a menudo testifica en vistas. Ella adaptó este artículo de Raising Elijah: Protecting Our Children in an Age of Enviromental Crisis, reproducido por cortesía de Da Capo Press.

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