¡Estoy estancado!

Lo decimos cuando estamos desesperados, en negación. Lo decimos cuando no podemos, no queremos o no seguimos adelante.



Ya sea porque estamos esforzándonos por comer más saludable, queremos gastar menos o escuchar más, nos referimos al estancamiento con metáforas exquisitas, decimos: “estoy detenido, paralizado, varado”.  También decimos: “no puedo comenzar” o “no me puedo detener”.

Cuando hacemos las resoluciones de Año Nuevo, estamos prometiendo atascarnos.  Según un estudio de la Universidad de Washington, solo el 63 por ciento de las personas cumple estas resoluciones.  Los investigadores informaron que el 40 por ciento de los participantes mantuvo sus resoluciones en su primer intento; a los demás les tomó múltiples esfuerzos.

Los verbos pasivos que utilizamos para describir el estar atascado permiten deducir que no es nuestra culpa.  La parte más difícil es admitir que nuestras propias decisiones nos llevaron hasta aquí y nos mantienen aquí. Por supuesto que ocurren accidentes—pero  somos increíblemente diestros poniéndonos ataduras en nuestros propios tobillos y lanzándonos a la arena movediza.

Para salir del atascamiento, primero tenemos que aceptar la dura realidad: somos perezosos, tenemos miedo y no nos conocemos a nosotros mismos.  Con frecuencia, la pereza viene disfrazada de negación o evasión.

Reformarse significa hacer un cambio y los cambios son extenuantes.  Así que, intente lo siguiente: Piense en salir del atascamiento como si fuera un nuevo deporte o ejercicio que le interesa aprender.  Piense en sus áreas débiles o lastimadas como si fueran los músculos—ya sean de tipo mental, espiritual o financiero— y busque maneras sencillas y seguras de “ejercitarlas” gradualmente.  Como cualquier tipo de ejercicio físico, esto conlleva más de un músculo y más de un día.  Avance lentamente y anote su progreso.

El cambio significa terror al riesgo y a la exposición, intercambiar lo familiar por un fracaso potencial.  Así que, intente lo siguiente: Piense en salir del estancamiento como mudarse a un país donde no hablan su idioma.  ¿Cómo se prepararía o ayudaría a un amigo a prepararse para esto?  Buscando información con calma sobre el destino antes de dar el salto: aprender el idioma.  Estudiar los mapas. Ponerse en contacto con personas que viven allá.  Planificar estrategias para manejar asuntos que inevitablemente enfrentará.

El cambio significa enfrentar nuestras limitaciones, nuestro propio impulso.  ¿Podemos cambiar?  Sí, ¿pero cuánto?  La respuesta requiere un profundo conocimiento de uno mismo y una gran honestidad.  Así que, intente lo siguiente: Imagine el concurso de American Idol, pero con un nuevo giro, el cambio deseado.  Entonces, imagínese como participante y juez.  Ofrezca críticas constructivas—y acéptelas graciosamente.

Elizabeth Miller, Ph.D., psicóloga clínica e investigadora, concluye: “La clave para el éxito de las resoluciones está en la confianza que tiene la persona en lograr el cambio en el comportamiento y en el compromiso de hacer el cambio”.

Recuerde: Podemos intentarlo de nuevo y podemos hacer modificaciones a nuestro comportamiento a través del año, no solo en Año Nuevo.


Anneli Rufus es la autora de
Stuck: Why We Can’t (or Won’t) Move On (AnneliRufus.com).

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