Escuchar profundamente

Nuestra atención incondicional es nuestro mayor regalo



Tal vez uno de los regalos más preciados y poderosos que damos a otros es realmente escucharlos con una atención fascinada y callada, con todo nuestro ser; completamente presentes. Escuchar de manera profunda ocurre al nivel del corazón y nos debemos preguntar con qué frecuencia nos escuchamos unos a otros de manera tan completa. Tal escuchar es una fuerza creativa. Nos ampliamos, las ideas toman vida y crecen y recordamos quiénes somos. Sale luz de nuestro espíritu interior, de la inteligencia o de nuestro verdadero yo y se abre el espacio para que podamos crecer.

A veces tenemos que haber escuchado muchas veces antes de que el ser interior de otra persona se sienta lleno. Algunas personas solo necesitan hablar y seguir habla que te habla, usualmente de una manera superficial y nerviosa. Esto sucede con frecuencia porque no han sido totalmente escuchados. Se requiere paciencia para ser una presencia que escucha a tal persona el tiempo suficiente para que llegue a su punto central de tranquilidad y paz. Los resultados de escuchar de este modo son extraordinarios. Algunos los llamarían milagros.

Escuchar así lleva tiempo, habilidad y disposición para reducir la velocidad para permitir tiempo para la reflexión y soltar las expectativas, los juicios, el aburrimiento, la autoafirmación y la defensiva. Cuando dos personas se escuchan profundamente el uno al otro, tienen la sensación de que están presentes, no solo para cada uno, sino también a algo más allá de nuestro yo individual; algo espiritual, santo o sagrado.

Una vez experimentamos la profundidad de ser escuchados de esta manera, de forma natural, comenzamos a escuchar en un sentido de presencia con el otro. Notamos lo que ocurre cuando interrumpimos a alguien y cuando no lo hacemos. Vemos qué sucede cuando otro deja de hablar y nos preguntamos: “¿Hay algo más?”

Escuchar es un arte que requiere práctica. Imagine si todos pasáramos solo unos minutos cada día practicando el arte de escuchar; estar completamente presentes con la persona que estamos. Ser verdaderamente escuchado y comprendido lleva a un suspiro de satisfacción y alegría.


Kay Lindahl, de Long Beach, CA, es la autora de The Sacred Art of Listening, de donde se adaptó este artículo con permiso de SkyLight Paths Publishing.

 

Prácticas efectivas para escuchar

Preste atención al ambiente. Deje otras actividades para escuchar. Despeje su escritorio. Apague el ruido de fondo o muévase a un rincón tranquilo.

Esté presente. Escuche con una mente abierta, agradecida y curiosa en lugar de evaluar lo que se dice. Ponga su propia agenda a un lado.

Deje de hablar. Una persona habla a la vez sin interrupción.

Preste atención para entender. Nadie está obligado a aceptar o creer lo que oyen. Deje que la empatía y la compasión tomen la iniciativa, póngase en los zapatos de los otros.

Pida clarificación. Puede ayudar a un oyente a entender lo que se expresa.

Pause antes de hablar. Permita al hablante que complete sus pensamientos y espere unos segundos antes de responder. También pregunte: “¿Hay algo más?” Casi siempre lo hay.

Escúchese usted mismo. Pregunte a su voz interior: “¿Qué quieres expresar a continuación?”

Haga una señal de que ha sido escuchado.  El fomentar el lenguaje corporal incluye expresiones faciales empáticas, asentir con la cabeza y posturas simpáticas.


Adaptado de The Top Ten Powerful Listening Practices en la página de la autora en internet, SacredListening.com.

 

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