El regalo de la empatía

Cómo ser una presencia sanadora



Cuando alguien está sufriendo puede ser agonizante solo el escucharlo—nos sentimos en la necesidad de saltar a dar consejos o historias de nuestras propias pruebas, llenar cualquier espacio o momentos de silencio incómodos con palabras. La primera regla de la empatía es escuchar en silencio.

Miki Kashtan, quien escribe para el blog interreligioso de Tikkun Daily, señala que nuestra presencia plena es el paso más importante en la práctica de la verdadera empatía y no nos obliga a decir una cosa: “Hay una alta correlación entre la presencia de una persona que escucha y el sentido de la otra persona de no sentirse solo, y esto se comunica sin palabras. Podemos estar presentes con alguien cuyo lenguaje no entendemos, que habla acerca de circunstancias que nunca hemos experimentado o cuyas reacciones son desconcertantes para nosotros. Es una orientación del alma y la intencionalidad de sencillamente estar con el otro”.

Cuando alcanzamos la plena presencia, la comprensión empática sigue, dice Kashtan. “La total presencia empática incluye el abrir completamente nuestro corazón para acoger la humanidad del otro. Escuchamos sus palabras y sus historias y nos permitimos ser afectados con la experiencia de cómo sería sentir eso.”

“Entonces entendemos. El entendimiento empático es diferente a la presencia empática. Podemos tener presencia a través de cualquier barrera y aun así es un regalo. Si entendemos también, incluso sin decir nada, creo que el sentido de la otra persona de ser escuchado aumenta y se siente menos solo o sola con el peso de su experiencia.”

Hay indicios de que la empatía puede estar en declive, con el narcicismo dándole codazos en nuestra vida moderna. Según un informe en el Utne Reader, la psicóloga Sara Konrath, Ph.D., de la Universidad de Michigan, encontró que los niveles de empatía entre los estudiantes, medidos a través del Índice de Reactividad Interpersonal, se desplomaron entre 1979 y 2009. La mayor baja fue relacionada con la preocupación empática y toma de perspectiva—la capacidad de imaginar el punto de vista de la otra persona.

Pero todavía no podemos lamentar la muerte de la compasión humana. De acuerdo con estudios científicos, la empatía está dentro de nosotros. En una investigación reciente llevada a cabo en la Universidad de California del Sur, la profesora Lisa Aziz-Zadeh, Ph.D., señaló dónde y cómo el cerebro genera empatía, considerándola como una emoción que ocurre naturalmente. “Parece que ambas partes del cerebro, la intuitiva y la racional, trabajan en conjunto para crear la sensación de empatía”, dijo Aziz-Zadeh a The Times of India. “Las personas lo hacen automáticamente.”

Sin embargo, como quiera que lleguemos a ese estado de sintonía y empatía desinteresado, ofreciendo un oído atento, dando nuestra plena presencia y conmovidos por otra persona, no solo puede ser un regalo para los demás, sino para nosotros mismos también. “Permitir la entrada en nuestro corazón del sufrimiento de otra persona no significa que suframos con él o ella, porque eso significa cambiar el foco de nuestra atención hacia nuestra propia experiencia. Más bien significa que reconocemos la experiencia como totalmente humana y he aquí la belleza de ello en todos los aspectos, incluso cuando es difícil.”


Margret Aldrich es exeditora asociada del Utne Reader.

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