¿Cómo todos podemos llevarnos bien?

La resolución de conflictos beneficia la mente y el cuerpo



 “Una cantidad significativa de desgaste del cuerpo viene de conflictos prolongados sin resolver—como el no soltar, el rencor y revivir una y otra vez situaciones en su cabeza”, dice Raj Dhasi, consultor en manejo de conflictos residente en Toronto, quien se especializa en los impactos fisiológicos del conflicto. “Pero si el conflicto ocurre y mi forma de pensar es: ‘yo puedo manejar esto. Podemos trabajar esto’, eso es tremendamente beneficioso para la mente y el cuerpo”.

Dhasi explica que cuando estamos ante cualquier conflicto—ya sea un jefe enojado, un vecino disgustado, un oponente político o un adolescente desordenado—nuestro sistema límbico responde rápidamente lanzando una cascada de hormonas de estrés, como adrenalina y cortisol, y un aumento en el ritmo cardiaco y presión sanguínea. Mientras tanto, nuestra corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable de analizar los asuntos y poner freno a los comportamientos emocionales e irracionales, comienza lentamente a encenderse. El problema fundamental es que, en la carrera para organizar una respuesta, con frecuencia el sistema límbico gana, impulsándonos a aceptar el conflicto e impulsivamente levantando nuestra voz y diciendo cosas que más tarde lamentamos antes que nuestro cerebro racional tenga tiempo para entrar a funcionar.

Por otro lado, muchos de nosotros, en conjunto, evitamos el conflicto, para entonces albergar el descontento en tal forma que nos sentimos impotentes e incluso amenazados. Para empeorar las cosas, nuestra respuesta de luchar o huir casi nunca se va, dice Gary Harper, autor de los libros The Joy of Conflict Resolution: Transforming Victims, Villains and Heroes in the Workplace and at Home. “Más personas están estresadas al no manejar un conflicto que enfrentando el mismo”, dice Harper. “Si lo enfrenta en el momento, esto le permite soltarlo”.

Pause, respire, considere

Harper aconseja que una forma de lidiar con el conflicto al momento sea hacer una pausa y dar a nuestro lado racional una oportunidad de llegar a una solución. “Antes de reaccionar, frene un poco, respire profundamente y escuche su diálogo interno”, dice él. “En esa respiración profunda, es posible que se dé cuenta que necesita cinco minutos [para considerar una respuesta]”. Si todavía permanece en modo de ataque, puede que no sea el mejor momento para responder.

Y añade que, aunque no se debe evitar ningún conflicto por completo, un examen cuidadoso podría llevarnos a concluir que no vale la pena luchar algunas batallas. Pregúntese: ¿Cuán importante es esta persona para mí? ¿Cuán importante es este asunto para mí? “Si el problema no es tan importante, pero la relación lo es, está bien acomodarse o ceder a veces”, dice Harper.

Sea directo y dé seguimiento

Vale la pena confrontar algunos conflictos. Entonces, Barbara Pachter, consultora en comunicaciones de negocios y autora de The Power of Positive Confrontation, ofrece lo que ella llama el enfoque WAC (siglas en inglés) para lidiar con la mayoría de los conflictos laborales y familiares.

W (What): Pregúntese: ¿Qué es lo que realmente me molesta? “Muchas veces, las personas no hacen esto. Solamente dicen: ‘Esta persona es un idiota’, en lugar de especificar el problema”.

A (Ask): Pida una solución. “A menudo nos quejamos, pero no identificamos una solución”, dice ella. “Determine qué es lo que va a solucionar el problema para usted y pídala”.

C (Check in): Averigüe. “Vire la pregunta a la otra persona y pídale una respuesta. Indague: ‘¿Esto es posible? ¿Qué tú piensas?’”

Al mismo tiempo, permanezca curioso sobre la perspectiva de la otra persona, sugiere Harper. “Tenemos la tendencia a vernos como la víctima inocente o adoptamos el papel de héroe y tendemos a ver a la otra persona como el villano”, dice él. “Por supuesto, la otra persona está haciendo lo mismo y hace que la colaboración sea difícil”. En cambio, haga preguntas sinceras y realmente escuche.

Acuerde en no estar de acuerdo

Terrie McCants, coordinador de resolución de conflictos en el programa de la Universidad Estatal de Kansas, observa que en algunos casos, en especial cuando están involucrados valores arraigados como la política y la fe, el resolver el conflicto no necesariamente se trata de llegar a un acuerdo. “Usted no puede negociar los valores de las personas. Algunas veces, estas son cosas que las personas no están dispuestas a claudicar”, dice ella. “En cambio, algunas veces usted puede que tenga que acordar en no estar de acuerdo”.

Al final, si el conflicto es un desacuerdo menor en el hogar, en el lugar de trabajo o un conflicto político complicado, el proceso de manejarlo correctamente puede dejar a ambas partes sintiéndose más fortalecidas y con mejoras en sus comunidades. “El conflicto lo lleva a resolver el problema de forma colaborativa y a salir con opciones y soluciones elegantes”, explica. “Si se maneja bien, puede añadir cosas brillantes a su vida”.


Lisa Shumate es escritora independiente en Boulder, CO.

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