Entendiendo las etiquetas

Cinco sugerencias para ayudar a los niños a seleccionar alimentos saludables



Las familias tienen tres armas clave para combatir la epidemia de obesidad infantil: mantener a los niños y jóvenes activos, reducir el consumo de refrescos y alimentos chatarra y enseñarlos a leer las etiquetas de los alimentos.
 

Según el Centro Nacional de Estadísticas de la Salud, la obesidad se ha más que duplicado en los niños de 6 a 11 años y triplicado en los adolescentes de 12 a 19 años entre 1980 y 2010. Casi uno de cada joven de ambos grupos de edad, más uno de cada ocho niños de edad preescolar es considerado obeso en estos momentos y corre un riesgo mayor de tener problemas futuros de salud. Para el 2013, los Centros para el Control de Enfermedades por fin informaron tener señales de esperanza, con algunos estados informando un revés ligero en esta tendencia.

Los desarrollos positivos pueden continuar si los padres y los maestros poco a poco van llevando a los niños a evaluar mejor lo que entra en sus bocas y sus cuerpos y esto se logra entendiendo lo que indican las etiquetas de alimentos. A pesar del factor de intimidación (incluso para adultos), “Una vez los niños aprenden a leer, están listos para comenzar a aprender cómo leer las etiquetas de alimentos”, aconseja Jolly Backer, CEO de Fresh Healthy Vending, una compañía de vanguardia que está aumentando cada vez más la presencia de máquinas expendedoras de alimentos saludables en las escuelas a nivel de toda la nación. Según indica, “Cuanto más los niños sepan sobre lo que están consumiendo, más capaces se sentirán al momento de seleccionar alimentos más saludables”.

Aquí le ofrecemos cinco sugerencias básicas para aumentar el conocimiento sobre qué realmente dicen las etiquetas de alimentos, algo positivo para la salud durante toda la vida.

Visualizar el tamaño de las porciones. Reúna dos o tres alimentos empacados –preferiblemente los que el niño consume regularmente, como cereal, avena y puré de manzanas –más una taza de medir. Indique el tamaño de la porción en la etiqueta del paquete y deje que el niño mida lo que es una sola porción. Esto refuerza visualmente el tamaño de las porciones, el primer número que cualquier persona necesita considerar en una etiqueta de alimentos. Inténtelo con una sola lata de refresco o botella de jugo, que por lo general dicen: “Dos porciones”.

Nota importante: La mayoría de las porciones de las etiquetas de nutrición se basan en una dieta de 2,000 calorías para adultos. Para los niños de cuatro a ocho años, el tamaño de las porciones es aproximadamente dos terceras partes de la de los adultos; para los preadolescentes, entre 80 y 90 por ciento de la cantidad de un adulto, explica la dietista certificada Tara Dellolacono-Thies, asesora de las meriendas orgánicas energéticas ricas en nutrientes, CLIF Kid.

Evalúe los números. Luego, hable sobre los números relacionados con las calorías, la grasa, el azúcar, la fibra y el colesterol. Al evaluar los alimentos empacados para un niño de escuela elemental, Dellolacono-Thies sugiere 175 calorías o menos por porción; un gramo o menos de grasas saturadas; cero grasas trans; no más de 13 gramos de azúcar añadida; no más de 210 gramos de sodio y por lo menos dos gramos de fibra. Ella menciona que el colesterol solo es un factor de riesgo de salud menor para los niños en comparación con las grasas saturadas y el azúcar, a menos que el niño esté en una dieta especializada. Beneficios adicionales: busque los porcentajes de valor diario (que aparecen como porcentaje DV) altos en nutrientes como calcio, hierro, zinc y vitamina D, los que por lo general los expertos consideran no están presentes en cantidades suficientes en la dieta de la mayoría de los niños.  

Compare y contraste. Con estas guías a mano, compare, por ejemplo, los gramos de azúcar en una lata de refresco con una porción de avena cocida o la cantidad de calcio en un cartón de leche versus una cajita de jugo. El comparar uno con el otro comenzará a brindarle al niño un sentido de cuándo un número es “alto” o “bajo”.

Lea lo que aparece en letras pequeñas. “Colorantes y sabores artificiales, endulzantes artificiales, jarabe de maíz alto en fructosa o parcialmente hidrogenado son palabras que indican que es probable que el alimento tenga una calidad nutricional baja”, indica Dellolacono-Thies.

Convierta en un juego el leer la lista de ingredientes. “Es el momento idóneo para enseñar a su hijo: los ingredientes difíciles de pronunciar a menudo significan que es algo creado en un laboratorio, o sea, un alimento falso. Luego pida al niño que lea la etiqueta de una manzana. ¡Sorpresa! El que no tenga etiqueta significa que es un alimento real, completo, el mejor y más nutritivo”.

Traduzca el conocimiento en opciones. Una vez un niño aprende a entender las etiquetas, deje que compare las etiquetas de distintos alimentos y que seleccione las opciones más saludables.  Saque tiempo adicional para hacer esto en el supermercado. Con tiempo y práctica, un niño con el conocimiento adecuado podrá incorporar la información en las etiquetas al momento de seleccionar sus alimentos.

“Incluso cuando los niños se acerquen a una máquina expendedora de alimentos, donde no pueden leer las etiquetas, usted quiere que sepan cuáles son las opciones más saludables”, indica Backer. “La práctica de leer las etiquetas hará que se conviertan en compradores sabios ya que podrán reconocer fácilmente cuáles son las opciones más saludables.”


Elisa Bosley es editora sénior de alimentos de la revista Delicious Living.

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