Alimentos integrales

Más grandes que la suma de todas sus partes



La ciencia occidental está obsesionada con la deconstrucción de los alimentos, al investigar y analizar los componentes de sus partes, al aislar los ingredientes activos, al empacarlos en forma de píldoras o polvos y al recetarlos en dosis diarias. Pero según Annemarie Colbin, Ph.D., autora del libro Food and Healing, esta teoría con base en la química nutricional está al revés.

Colbin, fundadora y Presidenta Ejecutiva del Natural Gourmet Institute for Health and Culinary Arts, en la Ciudad de Nueva York, ha elaborado su propia teoría sobre la nutrición basándose en más de 30 años de práctica como nutricionista, enseñando desde la base de que los alimentos integrales, como los complejos seres humanos que los consumen, son más grandes que la suma de sus partes.

Ella define los alimentos integrales como “esos que produce la naturaleza con todas sus partes comestibles”. Ella los limita a aquellos que se componen de un ingrediente, como plantas, granos integrales, habichuelas, hortalizas y vegetales, frutas, nueces y semillas.

Los alimentos que provienen de los animales tienen retos mayores para ser categorizados. Los huevos son alimentos integrales, pero un pedazo de carne roja no, porque es una parte de la vaca entera. Ella incluye los pescados pequeños si nos comemos la cabeza y los huesos y las aves pequeñas como las perdices. La leche integral está incluida, pero no la baja en grasa.

Colbin sostiene que nuestros cuerpos reconocen la diferencia entre los alimentos integrales y la agregación de nutrientes aislados. Hemos evolucionado más de mil años para ingerir los alimentos que nos da la naturaleza y si esos alimentos están siendo fragmentados, el cuerpo se da cuenta y busca lo que está faltando.

Por ejemplo, si comemos trigo fragmentado como el pan blanco, en que el salvado y el germen del grano integral han sido removidos, el cuerpo todavía tendría hambre y buscaría la parte que le falta al alimento, algo crujiente o fibra. Asimismo, los entusiastas de la salud que devoran, de forma aislada, el germen de trigo o el salvado también sentirán que falta algo y podrían encontrarse con el antojo de comer harinas refinadas en la forma de bizcocho u otros productos horneados.

El azúcar de mesa es otro ejemplo, un fragmento de la caña de azúcar. Colbin calcula que toma 17 pies de azúcar de caña de azúcar para hacer una taza. Lo que mayormente le falta es el contenido de agua de la caña y el resultado, dice ella, es que el azúcar nos da sed. Es la gran razón de por qué cuando tomamos refrescos, ingerimos un promedio equivalente a 12 cucharaditas de azúcar, nos da sed luego y bebemos más para crear un círculo vicioso.

Los jugos de fruta, por definición, son alimentos fragmentados. Cuando tomamos jugo de naranja o de toronja, toda o la mayoría de fibra del jugo crudo, obviamente falta. Cuando tenemos un antojo de masticar algo, podríamos buscar papitas fritas o algo crujiente. Los jugos de vegetales podrían tener los mismos resultados.

Colbin advierte que mientras los suplementos de vitaminas y minerales pueden ayudar en el tratamiento de condiciones específicas o deficiencias, sin embargo, contienen fragmentos de alimentos en el mejor de los casos. Ella señala que el cuerpo puede tener dificultad al procesar estos nutrientes aislados fuera del alimento integral.

Estudios de apoyo incluyen el de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kentucky en Louisville que compara los efectos de la cúrcuma con aquellos de su ingrediente activo, la curcurmina. El añadir cúrcuma, el alimento integral, a la dieta de las ratas redujo la inflamación de forma significativa mientras que la curcumina sola fue inefectiva. Los resultados sugieren que las diferencias se pueden explicar por la alta biocapacidad de la cúrcuma.

La revisión de la investigación que llevó a cabo la Universidad del Estado de Pensilvania determinó que, aunque los estudios poblacionales informaron de forma consecuente que una dieta rica en frutas y vegetales protege contra enfermedades cardiovasculares y otras crónicas, los estudios de los suplementos antioxidantes no mostraron los mismos beneficios. La diferencia puede ser que una dieta de alimentos integrales contiene de forma natural, no solo los antioxidantes, sino una amplia variedad de nutrientes y compuestos que podrían actuar con sinergia para proteger contra las enfermedades. 

Colbin va más allá al sugerir que los suplementos podrían, probablemente, hacer que no queramos comer vegetales y tener antojos de comida chatarra para equilibrar el tener demasiadas vitaminas y vegetales. Su consejo es usar las vitaminas y los suplementos si son requeridos médicamente, pero no todos los días ni una vida entera.

Sus puntos de vista son todos sobre cómo mantener el balance natural en los alimentos que provee la naturaleza sin preocuparnos por alcanzar la perfección o cambios radicales en la dieta.  Colbin recomienda tratar de consumir un 70 por ciento de alimentos integrales para mantener todo en balance. Comience con unos pocos cambios pequeños, escuche al cuerpo para ver una diferencia notable y haga ajustes según sean necesarios.


Margie King es una abogada corporativa retirada que ahora trabaja como coach de salud holística y nutrición y es editora en el área de salud natural y está radicada en Filadelfia, PA.  Conéctese vía NourishingMenopause.com.

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