Niños generosos

Enseñando a los niños a preocuparse y a compartir



Una de las mayores recompensas de los padres es ver a sus hijos convertirse en adultos productivos que contribuyen a la sociedad, incluyendo que sepan dar y enriquecer las comunidades en que viven. Los niños pueden comenzar a participar en el proceso de dar desde pequeños. Dejarlos observar actos bondadosos regularmente puede crear una impresión duradera y ser el catalítico de iniciativas independientes en el futuro.

Aprender a dar y desarrollar el conjunto de destrezas asociadas es una travesía de por vida. Dar se convierte en una forma de vida, una forma de ver el mundo, lo que ayudará a determinar cómo seguir las causas que los apasionan. A continuación le decimos cómo dar esos primeros pasos cruciales.

Pregunte a los niños si quieren ayudar.  Si contribuir con una causa es algo nuevo para la familia, hable sobre las muchas oportunidades disponibles. Luego incluya a los niños en una conversación relacionada con las áreas que les gustaría apoyar. Quizás sea ayudar a personas o familias necesitadas o velar por los animales o la vida silvestre. Luego proceda a hacer una lista de las causas en las que la familia ha mostrado interés.

El próximo paso es comenzar a investigar sobre las diferentes organizaciones, facilidades e instituciones locales relacionadas con las áreas de interés de la familia y paréelas con la lista.  Las ideas pueden incluir comedores de beneficencia, albergues de animales, organizaciones dedicadas al rescate de animales, parques, hogares de ancianos, campamentos para niños de bajos recursos o niños discapacitados, zoológicos, acuarios y bibliotecas locales.

Desarrolle un plan de trabajo. Póngase creativo a la hora de pensar cómo ayudar a las causas seleccionadas. Incluya a toda la familia en la planificación, describa las actividades –tales como visitas, donar dinero o materiales o participar en esfuerzos de recaudación de fondos– y coloque la lista en orden de preferencia en un lugar de su casa donde se pueda ver fácilmente. Hasta cierto punto, haga de las actividades un tipo de juego con tareas que puedan convertirse en metas y en resultados.  

Las tareas rápidas pueden hacer una gran diferencia. Deshágase de cosas que no necesita.  Cada 6 a 12 meses, saque todo lo que no necesita de los armarios de la casa. Recoja juguetes, ropa, zapatos y hasta artículos que hayan ido a parar al garaje. Añada alimentos saludables no perecederos y almacene para este propósito. Coloque una caja para donativos en un lugar donde los niños puedan echar cosas y lleve al lugar seleccionado, aunque no esté llena a capacidad.

Encuentre formas de adquirir fondos para donaciones. Organice una venta familiar o vecinal de garaje o venda alimentos orgánicos horneados e incluya a los niños en todas las etapas del proyecto. Done toda o parte de las ganancias a la organización de beneficencia seleccionada.  

Relacione recibir con dar. En los cumpleaños o fiestas de Navidad, incluya un “certificado de dar” escrito a mano que especifique la cantidad del dinero recibido como regalo que el niño desea donar a su organización benéfica favorita. Lleve al niño para que entregue personalmente el donativo, de ser posible. Si va a hacer una aportación a organizaciones internacionales, haga un cheque y exhorte al niño a incluir una carta con sus pensamientos y que la envíe junto con la aportación.

Haga servicio comunitario voluntario. Los jardines públicos necesitan voluntarios para desyerbar, los edificios históricos necesitan gente para ayudar a pintar y los bancos de alimentos necesitan personas que los ayuden a clasificar y distribuir los productos. Seleccione tareas benéficas adecuadas para la edad y que sean atractivas para los niños.  

Desarrolle la mentalidad adecuada. Hable sobre historias de la vida real de niños o de grupos de niños que han descubierto formas creativas de dar. Desarrolle empatía al compartir historias adecuadas sobre las diferentes luchas que enfrentan algunas personas. Pregunte a los niños: “¿Cómo te gustaría ayudar a las personas que se encuentran en esta situación?” Explique la acción que la familia está tomando y los beneficios que recibirá la persona.

La conversación podría ser algo como: “No necesitamos almacenar todas estas cosas cuando hay tantas personas que realmente le podrían dar uso”. O: “Apuesto a que hay algún niño que realmente disfrutaría de poder jugar con este juguete. Sé que antes te gustaba mucho, pero ¿por qué no se lo regalamos a alguien que pueda disfrutarlo tanto como lo disfrutaste tú?” Mantenga el foco en las personas necesitadas y en la capacidad de su hijo de compartir una experiencia a través de un objeto. No establecer conexiones permanentes con cosas materiales puede ayudar a los niños a entender la importancia de las buenas relaciones en comparación con los bienes adquiridos.

Desarrolle un lenguaje de dar en el hogar para poder incorporarlo en las conversaciones diarias.  Los comentarios adecuados fomentan el compartir conceptos, como vernos como guardianes del planeta y de las cosas que poseemos. Nuestro deber es ayudar a las personas necesitadas cuando gozamos de abundancia, ya que podría llegar el momento en que no sea así y, si fuera ese el caso, quisiéramos que alguien pensara en nosotros y nos ayudara.     

Enseñar a los niños cómo sus pensamientos, palabras y acciones tienen un impacto en las personas que los rodean es una lección valiosa.  


Jennifer Jacobson vive en Seattle y ha formado parte de varias juntas de organizaciones sin fines de lucro y de otras organizaciones dedicadas a la conservación, la educación y la comunidad.

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