Despertar de Espíritu

La oración y la meditación nos sanan y nos liberan



Por su íntima conexión con el amor divino, el Espíritu infunde a la experiencia humana con cualidades de una gracia asombrosa—claridad inesperada, visión, sabiduría, paz, compasión, liberación emocional, epifanías que inspiran, entendimiento profundo y sanación completa de mente, cuerpo y alma.
 

La sociedad está repleta de investigaciones científicas, productos y prácticas que prometen mejorar nuestra mente o cuerpo y la conexión mente-cuerpo, pero sin el Espíritu en la mezcla, ninguna se eleva a su máximo potencial. Un corazón abierto a un poder superior multiplica de forma exponencial los efectos de esta conexión crucial.

“Igual que una vela propaga su luz en un cuarto oscuro, las personas que viven en Espíritu irradian una energía más alta que puede traer luz a nuestros corazones y mentes. En otras palabras, podemos inspirarnos con tan solo estar en su presencia”, de acuerdo al renombrado y famoso autor Wayne Dyer, Ph.D.  

Los encuentros no verbales, experienciales y que cambian la vida con el poder ilimitado y la presencia del Espíritu en la oración y la meditación son difíciles de analizar de la misma manera que la ciencia de la mente y el cuerpo. Sin embargo, Dyer señala los trabajos y resultados del Espíritu como evidencia visible de la forma en que nos levanta.

Vemos personas con corazones entusiastas enviando señales de que aman el mundo y a todos los que lo habitan. Los que viven en Espíritu tienden a ver el mundo como un lugar amigable, están en paz con ellos mismos, aparentan estar abiertos y en aceptación en lugar de juzgar y ser duros, y, a menudo, informan haberse sanado de toda clase de enfermedades, retos de relaciones, fluctuación en la profesión y asuntos de propósito y dirección. Atestiguan cómo el Espíritu tiene una luz brillante y triunfante en la mitad de la oscuridad de la noche del alma, redefiniendo la esencia de la vida misma y declarándonos dignos de nuestros confines más recónditos.

Sanación personal

Cuando una mujer de diecinueve años entró al entrenamiento militar básico en la Base de la Fuerza Aérea Lackland, en San Antonio, Texas, y fue sometida a un reconocimiento médico y psicológico, se identificó como que tenía problemas del cuerpo y de la mente que requerían que fuera separada del servicio. Estos problemas incluían fallo de los órganos, desalineación vertebral, al igual que consecuencias severas de una crianza emocionalmente abusiva. Se determinó que no podía manejar las exigencias físicas y mentales de la vida militar. Debido a que la política era no tratar estos problemas si eran identificados al entrar al servicio, las autoridades le permitieron permanecer en el entrenamiento hasta que su separación de la Fuerza Aérea pudiera ser procesada.

La mujer quedó impresionada y también angustiada por la finalidad del veredicto y las herramientas de evaluación utilizadas por los expertos de la mente y el cuerpo entre el personal médico. Al hablar con el capellán de la base, entendió que ella podía escoger apelar el caso para otra jurisdicción, una corte “superior” del Espíritu. Centrándose en la voz del amor divino, comprendió que el Espíritu era más que un poder superior. Vio al Espíritu como una autoridad superior. Se rindió a la autoridad del amor divino como ley fundamental, supremamente cualificada para reordenar todo su ser. Confió en ese alineamiento con ese poder espiritual para cambiar la visión de su identidad y de las consecuencias aparentemente ineludibles de la genética, el medio ambiente y la historia humana que le negaba su deseo de servir a su país de esta manera.

Escuchar testificar a su favor a un testigo superior e identificar su ser auténtico como una magnífica expresión de la grandeza del Creador hizo que se sintiera alentada, al punto de que su mente y su cuerpo dejaron de detener su progreso y se convirtieron en sirvientes más efectivos respondiendo con mayor libertad y alegría. Se desvanecieron las limitaciones una detrás de la otra y las autoridades militares y médicas parecieron estar complacidas con su progreso mientras se acercaba el final del entrenamiento. Finalmente, el lograr correr una milla y media dentro de un tiempo requerido permanecía como único obstáculo para la graduación, y todavía estaba 45 segundos atrás.

Este útil pasaje del profeta hebreo Isaías se convirtió en el centro de su oración y la meditación mientras se acercaba a su último intento en la carrera:

Los jóvenes se fatigan y se cansan;
los más fuertes flaquean y caen.Pero los que confían en el Señor
recobran las fuerzas.
Levantan el vuelo como las águilas.
Corren y no se cansan; caminan y no se fatigan.
~Isaías 40: 30-31 (La Voz)

Pasó su intento final con dieciocho segundos de margen, corriendo sobre las alas del águila.

Así que, ¿cómo podemos diferenciar tal testigo divino para nuestro ser auténtico y original del testimonio en voz alta y las etiquetas que gritan en nuestra cabeza y cuerpo, incluidos aquellos impuestos por otros?

Oración y meditación

Hay dos enfoques para escuchar la voz interior, ya sea que la llamemos Dios, poder superior, espíritu, gracia, El Eterno, amor divino o Amor. Complementarios en lugar de mutuamente excluyentes, ambos enfoques requieren la capacidad, ganada a través de la práctica de la paciencia, de callar nuestro chachareo interior y exterior, y aprender a escuchar lo que nos llama a ser más de lo que la experiencia humana sugiere como posible. Es quiénes somos a los ojos de la gracia.

A través del escuchar consciente descubrimos que nuestra verdadera naturaleza—como lo atestigua el Espíritu—aunque a veces se oculta a la vista, nunca es alterada de su original belleza y totalidad.
~ Helen Mathis

Sanford C. Wilder, de Grafton, Illinois, autor del libro Listening to Grace, ofrece programas de desarrollo y crecimiento personal a través de EducareUnlearning.com que alientan la oración y la meditación con énfasis en el escuchar. Practica ambos enfoque y hace distinciones entre ellos.

“Cuando rezo, dirijo mis pensamientos hacia Dios, escuchando y con frecuencia afirmando lo que sé es divinamente cierto. Estoy anhelando entregar mi voluntad y afectos en conexión consciente con lo divino de forma que yo u otro reciba una bendición”, comparte Wilder. En tal  estado de oración y escuchar, él tiene la esperanza de ganar algo, a menudo una nueva visión y la manifestación correspondiente.

“Cuando medito, mi intención es sacrificar cualquier pensamiento, concepto, imagen y sensación a Dios, la única conciencia. Confío que escuchar y observar sin ataduras me ayuda a liberar pensamientos y patrones conscientes e inconscientes condicionados permeados por el sentido humano del yo.” A través del escuchar meditativo, él tiene la esperanza de liberarlo todo en lugar de recibir algo, aceptar que todos estamos equipados y capacitados a estar abiertos, ser testigos y experimentar las bendiciones constantes.

Helen Mathis ha sido educadora en las Filipinas y Suazilandia, así como en los Estados Unidos, incluyendo ser instructora de religión en Principia College, cerca de St. Louis; ahora forma parte del Centering Prayer Circle en Stockton, California. Ella explica que la oración centrada puede ser vista como un híbrido que recoge la oración y la meditación, para nutrir lo que hay debajo de la preocupación del despertar de la conciencia individual hacia un despertar del yo más profundo y auténtico.  

Mathis valora lo que Cynthia Bourgeault explora en su libro Centering Prayer and Inner Awakening, que dice: “Esta confusión entre el yo pequeño y el Yo más grande[el] Verdadero Yo’, Yo Esencial o Yo Real—es la ilusión principal de la condición humana, y penetrar esta ilusión es de lo que se trata la toma de conciencia”.

Igual que Bourgeault, Mathis cree que no se trata tanto de la ausencia de pensamientos, sino de separarnos de nuestros pensamientos, confiar en que podemos dejar ir, soltar y estar seguros, el consentimiento para rendir la voluntad humana y olvidar las agendas personales. Solo entonces el sentido espiritual puede entrar en juego.

“El objetivo es despertar, abrirse y conectarse con nuestro ser más íntimo y Espíritu.” Matthis afirma que: “Claramente, la oración centrada asume que cada uno de nosotros tenemos una conciencia espiritual sobre lo divino dentro de nosotros que actúa, según lo dice Bourgeault, como un ‘tipo de compás interior cuyo norte magnético siempre está fijo en Dios’”.

Cambio esencial

A menudo nos acercamos a una dimensión del Espíritu con la actitud de “deja ver qué puede hacer por mí”. La práctica más alta de los místicos y otros pensadores profundos de diversas tradiciones religiosas al final llegan al lugar donde se centra la transformación de todo nuestro ser para alinearse con el propósito de Espíritu para nosotros, que lo cambia todo.

El Reverendo Dr. Michael Beckwith, fundador del New Thought Agape Spiritual Center, en Los Ángeles, y mentor espiritual de Oprah Winfrey, cree que: “La relación que tenemos con el infinito es más sobre cómo le vamos a servir en lugar que él nos sirve a nosotros”.

Beckwith describe tres etapas principales de la realización del poder y propósito del Espíritu divino expresado como nuestro espíritu. El primero es el de una víctima (sensación de impotencia, incapaz de efectuar el cambio). El segundo es cuando una persona aprende la existencia de la ley universal que responde a nuestros pensamientos, emociones y actitudes; conocemos cómo usarlos para estabilizar las estructuras de la vida y demostrar salud y bienestar.

“En última instancia, en la etapa tres, nos convertimos en un vehículo de vida al servicio de la vida. En lugar de utilizar la ley, la ley nos usa. La vida cumple su propia naturaleza a través de nosotros”, dice él. “Toda la vida está conspirando para nuestra libertad, liberación, plenitud y salud.”

Él nos insta a no parar y detenernos en la etapa dos, usando las leyes divinas para manifestar las conveniencias personales, asuntos e incluso personas para uso personal; esto puede secuestrar las visiones de abundancia en materialismo y consumismo. Bromea diciendo: “No estamos aquí para ir de compras”.

Morando en Espíritu

La Gracia y el Espíritu trabajan en nosotros, a través de nosotros y entre nosotros, pero no podemos sencillamente convocarlos o delinear sus resultados. Para sentir la presencia del Espíritu, debemos renunciar a nuestra propia idea de cómo va a funcionar, su límite de tiempo y el impacto en nuestro ego o statu quo. Como cualquier otra cosa que vale la pena, la práctica con conciencia es esencial.

La vida, definida por el Espíritu, da fortaleza fresca e ímpetu a la mente y el cuerpo. Los tres son elementos vitales para la danza de la vida.


Richard Davenport es un educador de la vida espiritual (HigherGroundForLife.com) y el director fundador de una comunidad espiritual y de la Biblia a través de la nación (BibleAndSpiritualLife.org). Ahora, radicado en St. Louis, es un capellán retirado de la Fuerza Aérea, quien sirvió en Lackland y otras bases de la Fuerza Aérea en tres continentes.

 

Cinco maneras de orar desde el corazón

La oración de un corazón dispuesto a rendirse, cambiar, aprender, crecer y bendecir a otros trabaja para mantenernos centrados en motivos puros como: el bienestar, la benevolencia total y la compasión. Esta oración puede ayudarnos a progresar de forma espiritual.

Las cinco formas de oración que se presentan a continuación, encontradas en la Biblia, tienen una aplicación universal para cualquier práctica espiritual. Aunque difieren en su enfoque, todas comparten el propósito de crear una conciencia plena más completa de nuestra verdadera identidad y relación con lo divino, a la vez que resaltamos nuestra capacidad de bendecir toda la creación. Si no estamos sintiendo los avances deseados utilizando una forma, quizá la más familiar o cómoda para nosotros, nos haría bien explorar otras.

Alabanza – una postura de adoración, honrar y rendirse a un poder, visión y autoridad mayor que la nuestra.

Dar gracias – o mejor aún, por su coherencia y como permea todo nuestro ser, dar gracias a la vida. El jardín de nuestro espíritu se enriquece al adoptar una actitud de gratitud en todo lo que hacemos.

Petición – una postura relacional que abre nuestro corazón a medida que aprendemos a pedir ayuda, buscar una perspectiva más allá de nuestro limitado yo y orientación guiada por el ego.

Intercesión – orar por otros; bendecirlos, honrarlos y apreciar como Dios los ve. Cuando nos sentimos abrumados y bloqueados por nuestras propias pruebas, expresar empatía y compasión por otros puede desbloquear nuestro corazón y mente. De manera amorosa podemos ser testigos de la verdadera naturaleza de aquellos que están aparentemente enredados en fuerzas que bloquean o se oponen a un bien superior.

Afirmación – soltar y descansar en la autoridad divina, reconociendo el uni-verso como una canción literal que refleja una armonía singular que el Espíritu sabe y que se está desarrollando en cada momento para llenar nuestras necesidades en formas que podemos ver y sentir ahora mismo.

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