Dulces sueños

Dormir en la cama con los padres



Todo mamífero joven de la Tierra quiere dormir cerca de su mamá y otros miembros de la familia. Durante millones de años de evolución, han estado durmiendo cerca de ellos por seguridad, calor, cariño y protección.

Aunque por lo general esto no es visto con buenos ojos en los Estados Unidos, muchas culturas, como Asia Oriental, las islas del Pacífico, Suramérica, África y la mayor parte del sureste de Europa, tienen una rica tradición de dormir con los hijos. En At Home: A Short History of Private Life, Bill Bryson relata que hasta hace poco, el centro de la mayoría de los hogares era el cuarto central o el vestíbulo donde todos dormían juntos. Incluso hoy, los adultos y los niños casi siempre duermen juntos en la misma cama en sociedades tradicionales no industrializadas alrededor del mundo.

La práctica moderna de colocar a los bebés en un cuarto separado por la noche, a menudo hasta que se cansan de llorar y se quedan dormidos, parece ser una aberración histórica. Dormir juntos, por otro lado, es la regla milenaria porque ofrece muchos beneficios tanto para los padres como los hijos.

Dormir juntos facilita la lactancia. Los estudios publicados en diversas revistas como el Acta Paedactrica, la Academia Americana de Pediatría y el Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics confirman una conexión consistente entre el dormir juntos y la lactancia en países tan diferentes como Brasil, Inglaterra, Malasia y Suecia. La leche materna provee beneficios inmunitarios, transfiere las bacterias simbióticas del intestino y promueve la formación de un vínculo entre la madre y su hijo. Es especialmente nutritiva si la madre sigue una dieta saludable, además, la leche materna es el único alimento que los expertos concuerdan que el cuerpo humano está diseñado para consumir.

Dormir juntos mejora la calidad del sueño. Una madre puede lactar sin tener que levantarse de la cama y, de esa forma, dormir más. Además, la investigación adicional de la Academia Americana de Pediatría demuestra una incidencia más baja de síndrome de muerte súbita del lactante cuando se practica la lactancia.    

En la experiencia clínica de James McKenna, Ph.D., catedrático de la Universidad de Notre Dame y antropólogo principal en este campo, ha descubierto que: “Las madres que lactan por lo general mantienen a sus bebés lejos de las almohadas, los acuestan boca arriba y los colocan debajo de los hombros con el brazo por encima del bebé”. Además, los adultos “se acuestan de lado de forma tal que pueden prevenir acostarse sobre ellos accidentalmente”.

Dormir juntos desarrolla vínculos entre padres e hijos. La investigación publicada por la Sociedad de Investigación del Sueño demostró que las madres que dormían con sus bebés estaban más a tono con los hábitos de dormir/despertar de sus bebés y podían responder más rápidamente a sus necesidades. Según la revista Alternative Therapies in Health and Medicine, el contacto de piel con piel aumenta la secreción de oxitocina, una hormona que fomenta el desarrollo de los vínculos afectivos.

Dormir juntos fomenta la madurez. Los estudios presentados en la revista  Child Development demuestran que los niños que comparten la cama con sus padres o que duermen en el mismo cuarto de estos, son más autosuficientes e independientes en términos sociales, se portan mejor, sienten menos ansiedad relacionada con la intimidad en la adultez y tienen una probabilidad más alta de ser felices.

Los padres que no se sienten cómodos con la idea de compartir la cama con su hijo, pueden intentar compartir el cuarto y colocar la cuna cerca de la cama; los miembros de la familia también experimentan los mismos beneficios.


Mark Sisson es un exmaratonista y triatleta. Es autor del libro de gran venta sobre la salud y el acondicionamiento físico, The Primal Blueprint, y es editor del blog de salud, MarksDailyApple.com.

Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags
Edit ModuleShow Tags