Descubrimientos de primera mano sobre la vida eterna

Los miedos desaparecen y el amor toma su lugar



El consejo que la Reina Blanca le dio a la joven Alicia en el libro Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, puede ser lo mejor que podemos ofrecer a los que no creen y cuestionan la credibilidad de las experiencias cercanas a la muerte o NDE, por sus siglas en inglés.  

Cuando Alicia protesta: “Uno no puede creer en cosas imposibles”, la Reina Blanca le responde: “Me atrevería a decir que no has tenido mucha práctica. Cuando tenía tu edad, siempre lo hacía por media hora todos los días. De hecho, a veces creía tanto como en seis cosas imposibles antes del desayuno”.

Visiones de la gracia divina

La mayoría de los médicos y los investigadores clínicos en la comunidad médica continúan considerando las experiencias cercanas a la muerte como algo imposible y pura fantasía, generadas por un aumento en la actividad eléctrica a medida que el cerebro se va quedando sin oxígeno. Sin embargo, de acuerdo con una encuesta Gallup, los ocho millones de estadounidenses cuya NDE liberó su conciencia y pudieron abandonar su cuerpo y entrar en una maravillosa realidad que existe completamente libre del cuerpo, creen que son reales, significativas y transformadoras.

Recientemente, las narraciones de este tipo de experiencia de Anita Moorjani, autora de Dying to be Me: My Journey from Cancer to Near Death, to True Healing, y el Dr. Eben Alexander, autor de Proof of Heaven A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife, han desatado un nuevo interés público en las NDE, un término acuñado por Raymond Moody, Ph.D., en su libro clásico de 1975, Life After Life. Moody, un psiquiatra y profesor de filosofía que ha pasado aproximadamente 50 años investigando qué les sucede a las personas cuando mueren, ha entrevistado a miles de personas que han tenido una experiencia personal cercana a la muerte.

“En los últimos 20 años han habido grandes avances en la tecnología de resucitación. Los desfibriladores y el acceso del público a programas sobre los desfibriladores, al igual que la resucitación cardiopulmonar, son factores principales que permiten a la medicina moderna revivir personas de un estado en el que 100 años atrás hubieran sido catalogadas como muertas”, indica Moody.  

A través de su investigación, ha identificado numerosos elementos comunes que ocurren en las NDE: una sensación de abandonar el cuerpo, viajar a través de un túnel, encontrar una luz brillante (por lo general, interpretada como Dios, Jesús o un ángel), comunicarse con familiares muertos, sentir emociones como paz, bienestar y amor profundo, además de un torrente de conocimiento sobre la vida y la naturaleza del universo. Quizás el elemento más significativo que informa es el descubrimiento de un estado de conciencia de gozo supremo que existe más allá de las limitaciones de los sentidos y el intelecto y los límites de tiempo y espacio, una forma de conciencia pura del verdadero Ser.  

La vida como amor

Moorjani, quien tuvo que ser llevada de emergencia al hospital en estado de coma y cuyo cuerpo había sido devorado por cuatro años de cáncer del sistema linfático, describe el verdadero Ser que descubrió durante su experiencia cercana a la muerte. “Estaba ahí, sin mi cuerpo ni ningún rasgo físico, sin embargo, mi esencia pura continuaba existiendo.  No era un elemento reducido de todo mi Ser, de hecho, se sentía como algo mucho más grande, intenso y abarcador que mi cuerpo físico.

“Me sentí abrumada al darme cuenta de que Dios no es un Ser, sino un estado del Ser… y que yo soy ese estado del Ser… pura conciencia.”
~ Anita Moorjani


“Me sentí eterna, como si siempre hubiera existido y fuera a existir por siempre, sin comienzo o fin. Me sentía llena del conocimiento de que sencillamente era gloriosa”, explica Moorjani, cuyo cáncer desapareció por completo cinco semanas después de salir del hospital.

“No solo regresé con una perspectiva completamente nueva, sino que obtuve una de mis grandes lecciones, amarme y ser un instrumento de amor. También regresé a la vida con un sentido de propósito, ser lo más auténtica que pudiera ser. Esto significa”, aclara, “que todo lo que hago, lo hago desde mi sentido de pasión y alegría de hacerlo”.

Durante la estadía de siete días en coma de Alexander en el hospital, causada por una meningitis por E. coli resistente a antibióticos que atacó su cerebro, dejó su identidad mortal atrás. “Mi cerebro no funcionaba en absoluto”, cuenta. “Toda mi corteza cerebral, la parte que nos hace humanos, dejó de funcionar. No tenía lenguaje, emociones, lógica o memoria de quién yo era. Este estado de vacío total me permitió tener total acceso a mi verdadero ser cósmico que yo y todos somos”, explica Alexander. Recuerda además que a medida que su experiencia cercana a la muerte sucedía, se le ocurrió que se le estaba brindando una gran visión del lado invisible de la existencia.

También estuvo acompañado de un ser etéreo que flotaba junto a él en una ala de mariposa, que lo enseñaba por medios telepáticos a aceptar la verdad universal de que, “Eres amado y querido por la eternidad y que no tienes nada que temer y que no hay nada que puedas hacer mal”.

“Si tuviera que resumir todo el mensaje en una sola palabra, sería Amor, la gloriosa verdad incomprensible de todas las verdades que vive y reina en el núcleo de todo lo que existe o existirá. Nadie puede alcanzar un conocimiento remotamente preciso de quiénes somos y lo que somos si no lo sabe y lo integra a todas sus acciones”, explica Alexander, ahora que entiende.

Antes de su enfermedad potencialmente mortal, este neurocirujano con adiestramiento médico sofisticado descartaba la posibilidad de que existieran las NDE. Hoy, mediante la meditación y acústica sagrada, al igual que la mecánica cuántica, este neurocirujano trabaja para regresar al estado que experimentó de unidad y amor incondicional, para explorar la naturaleza del estado de conciencia y la función cerebral.

“Necesitamos aceptar −por lo menos de forma hipotética− que el cerebro por sí solo no produce conciencia.”
~ Dr. Eben Alexander


Al igual que Moody, Alexander estudia los filósofos griegos de la antigüedad, Parménides, Pitágoras y Platón, quien tomó en serio la idea de la vida después de la muerte y se preguntó “qué” sobrevive después de la muerte corporal. La organización sin fines de lucro Eternea, creada por Alexander como resultado de esta búsqueda, fomenta la cooperación entre la ciencia y la espiritualidad a través del patrocinio de la investigación y la educación sobre las experiencias transformadoras espirituales y la conciencia holística más allá de las definiciones convencionales. “Tenía que aprender mucho más sobre la conciencia que sobre la neurociencia”, añade Alexander, quien ahora cree que el cerebro bloquea el acceso al conocimiento de mundos superiores. “Necesitamos aceptar −por lo menos de forma hipotética− que el cerebro por sí solo no produce conciencia.” Que, en vez, es un tipo de válvula o filtro limitador que adormece la conciencia durante la duración de nuestra experiencia humana.

“La neurociencia no le puede dar la primera visión sobre cómo el cerebro físico crea la conciencia”, indica, mientras que muchos están descubriendo cómo la ciencia y la espiritualidad se fortalecen mutuamente.

A los 37 años, a Jill Bolte Taylor le explotó un vaso sanguíneo en el hemisferio izquierdo del cerebro. Una científica con doctorado y educada en Harvard y especialista en la anatomía del cerebro, quedó fascinada al observar el colapso de sus funciones relacionadas con el cerebro. Según describió en su libro, My Stroke of Insight: A Brain Scientist’s Personal Journey, ella se convirtió en un testigo de su derrame, lo que inicialmente le impidió hablar, caminar, leer, escribir o recordar nada que hubiese ocurrido antes del derrame.

A medida que el hemisferio izquierdo colapsó, Taylor perdió su capacidad de procesar cualquier tipo de lenguaje y, con su mente suspendida en un silencio recién descubierto, experimentó una sensación de paz profunda que jamás antes había sentido. También experimentó la incapacidad de distinguir los márgenes y límites entre ella y el mundo externo. Sin la orientación convencional presente, “Realmente podía ver que mi piel no era un límite físico”.

“Al estar en contacto con nuestra totalidad, la enfermedad no puede permanecer en nosotros, los otros o el planeta.”
~ Anita Moorjani


“Como resultado de tal estado glorioso que me hizo entender que yo, al igual que todos los demás, estamos conectados a todos y todo lo que nos rodea, dejé de verme como un ente aislado y sólido, separado de los demás seres humanos”, explica Taylor. “Aunque el lado izquierdo me ve como un ser frágil, capaz de perder la vida, mi lado derecho captó que la esencia de mi ser es la vida eterna”. Ahora entiende que es parte del flujo cósmico de energía, que clasifica como un mar tranquilo de euforia.  

Posibilidad presente

En el libro The Hidden Face of God: Science Reveals the Ultimate Truth, el autor Gerald L. Schroeder, Ph.D., sugiere que cada uno de nosotros es una parte del universo que se busca y encuentra a sí mismo. ¿Podría ser que sin el filtro mental y las creencias limitadoras, estaríamos libres para conocer de forma consciente nuestro estado superior de totalidad y descubrir la verdad de nuestro esplendor?

Las más de ocho millones de personas que han experimentado su propia experiencia cercana a la muerte están inclinando la balanza hacia el conocimiento de que todo es posible.


Linda Sechrist es escritora sénior del personal de Natural Awakenings. Visite ItsAllAboutWe.com para las entrevistas grabadas.

 

Experiencias que vale la pena compartir

Al preguntarle por qué pensó que tenía cáncer, Anita Moorjani, autora de Dying to Be Me, resume su respuesta en una sola palabra: miedo. “Me estaba matando y el cáncer me salvó la vida”, explica Moorjani, cuyo libro documenta su experiencia cercana a la muerte y el grado superior de conciencia que descubrió cuando su cuerpo colapsó. Una vez pudo identificar su verdadero esplendor, sin distorsiones debido al miedo generado por juzgarse ella misma, la autocrítica, preocupación y el no perdonarse a ella misma que la había acompañado toda la vida, regresó con un mensaje sincero del corazón.

“Todos somos seres increíbles y esplendorosos, con gran capacidad para alcanzar la salud, la felicidad y la dicha. Aunque hemos sido programados para creer que necesitamos perseguir el éxito y aprender a mejorarnos para ser felices, dichos pasos son innecesarios porque ya somos todo lo que estamos tratando de alcanzar”, explica. 

“Estuve sintiéndome inadecuada, castigándome por no satisfacer mis propias expectativas”, continúa. Mediante la claridad de vivir en el campo de su NDE, entendió que el cáncer no era un castigo por algo que había hecho. “Era solo mi energía manifestándose como cáncer, porque mis miedos no me permitían expresarme como la esplendorosa fuerza que debía ser”, indica. Moorjani

Ella espera que sus presentaciones a los profesionales de la salud y sus conferencias para el público general ejercerán una influencia sobre cómo la profesión médica ve el cáncer y otras enfermedades y condiciones. “El tratamiento debe ser más que solo medicamentos, porque gran parte de la enfermedad está relacionada con nuestras emociones”, explica, “especialmente las que dirigimos hacia nosotros mismos”.  

A través de esta experiencia transformadora,Moorjani entendió por qué tiene un deber hacia ella y los demás de expresar su esencia única.  “Tratar de ser algo u otra persona no me hace una mejor persona, solo me priva de mi verdadero ser y no me permite interactuar de forma auténtica con los demás”, dice.

Moorjani ahora sabe que toda la vida del universo es una y nuestro núcleo es el amor.  

“Me sentí abrumada al darme cuenta de que Dios no es un ser, sino un estado del ser… y que yo soy ese estado del ser… pura conciencia.”

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