El sendero de los padres

Cómo los niños enriquecen nuestra vida espiritual



Pañales sucios, despertarse en medio de la noche, una casa llena de gritos y carcajadas, paredes llenas de comida, un caos de juguetes por todas partes. Atrás quedaron las salidas nocturnas, el tiempo para leer un libro, tomar clases o asistir a un retiro, entonces, ¿qué tiene de espiritual criar los hijos? ¿No es el desarrollo espiritual una de las cosas que tenemos que sacrificar cuando decidimos tener hijos?

Muchas tradiciones espirituales basadas en la meditación, la oración y la soledad sostienen que nada nos debe apartar de nuestras prácticas espirituales y mucho menos la familia, aunque requiera mucho tiempo y energía.

En India, una tradición sostiene que el desarrollo espiritual pertenece a una etapa más tardía de la vida, aproximadamente después de los 50 años. Es solo cuando hemos pasado por la etapa de tener un hogar, proveer para nuestros hijos y vivir una vida material que podemos dar atención a nuestro mundo interno. Una vez los hijos llegan a la adultez, tenemos el privilegio de meditar regularmente y vivir de forma más simple y tranquila.

Muchos padres, sin embargo, encuentran que —lejos de ser un obstáculo— la crianza activa de los hijos fomenta el desarrollo espiritual. Visto desde este punto, ser padre puede ser un sendero espiritual que puede brindar una mayor sensación de amor, asombro y agradecimiento.

Plena conciencia natural

Después de todo, los niños son seres espirituales bien potentes. Tienen muchas cualidades innatas que los adultos trabajan para cultivar a través del desarrollo espiritual. Por ejemplo, los niños, por naturaleza, tienen plena conciencia. Viven todo el tiempo en el presente y, para ellos, el mundo es maravillosamente real e interesante.

En las palabras de la psicóloga de niños, la profesora Alison Gopnik, de la Universidad de  California, Berkeley: “Los bebés y los niños pequeños en realidad están más conscientes y conectados con su mundo externo y su vida interna que los adultos”. Tienen lo que ella llama: “…una capacidad infinita de asombrarse”, que los adultos solo experimentan en momentos especiales. “Viajar, meditar y leer poesía romántica puede brindarnos esa experiencia que los bebés viven de primera mano”, señala.

Esto ilustra uno de los efectos más positivos de tener hijos: nos ayuda a convertirnos en niños. En el taoísmo, el ideal es llegar a ser tan espontáneos y curiosos como los niños y estar abiertos a la experiencia. En un plano físico, la meta de las prácticas del taoísmo, como el Tai chi y Zigong, es que el cuerpo sea tan ágil y flexible como el de un niño.

Más allá del egoísmo

Todas las tradiciones espirituales del mundo recalcan la importancia de dejar atrás el egoísmo, de dejar de vernos como el centro del universo y de tratar a toda costa de satisfacer todos nuestros deseos. Nos recomiendan ayudar y servir a los demás, a fin de poder alejarnos de nuestro ego y conectarnos con un poder transcendental. Los ocho pasos del budismo tratan de cultivar este estado de desinterés e, idealmente, el sendero de ser padres, también. Es imposible ser un buen padre si no estamos preparados para poner a nuestros hijos primero.

Mucho de ser padre tiene que ver con el autosacrificio. “Imagínese una novela en la que una mujer trae a su casa a un extraño que no puede caminar, hablar ni comer por sí solo. Fue amor a primera vista, lo alimentó, vistió, bañó hasta gradualmente convertirlo en un ser competente e independiente, todo eso sin contar que gastó más de la mitad de sus ingresos en él. Suena como un cuento cursi, pero esa es la historia de toda madre. Cuidar de los hijos es una forma rápida y eficiente de experimentar aunque sea un poco de santidad”, señala Gopnik.

El poeta William Wordsworth describió que los niños ven el mundo como algo “…rodeado de luz celestial y la gloria y frescura de un sueño”. Sin embargo, como adultos, esta visión “se desvanece con el diario vivir”. Tener hijos nos ayuda a despertar un poco esa luz celestial interna.  

Quizás, eso fue lo que Jesús quiso decir cuando le dijo a sus discípulos: “A menos que cambien y sean como niños pequeños, nunca entrarán al reino de los cielos”.  Esto tiene sentido si pensamos en el reino de los cielos no como algo lejano y futuro, sino como un estado de conciencia, un aquí y ahora. El cielo es un estado de asombro y bienestar natural en el que los niños viven y en su compañía volvemos a entrar a ese reino.


Steve Taylor, conferenciante e investigador del Reino Unido es autor del libro Waking from Sleep, descrito por Eckhart Tolle como: “Uno de los mejores libros sobre el despertar espiritual que jamás haya leído”. Su nuevo libro es Out of the Darkness –from Turmoil to Transformation. Visite StevenMTaylor.com.

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