No desechemos más alimentos

10 formas de reducir el desperdicio costoso de alimentos



La mayoría de nosotros desechamos alimentos con regularidad—una pasta que lleva una semana de cocida, cereales rancios, media hogaza de pan con hongos, sobras sospechosas y otros alimentos que no consumimos antes de que se estropeen. El Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés) informa que 40 por ciento de todos los productos comestibles en los Estados Unidos—que comprenden 40 millones de toneladas—se desperdician cada año.

El desperdicio de alimentos ocurre a todos los niveles en la cadena de suministro. Las frutas y los vegetales frescos a menudo se dejan sin recoger porque su apariencia no cumple con los estándares estéticos impuestos por las tiendas de alimentos, y las piezas que se lastiman o estropean durante el transporte y la manipulación son rutinariamente descartadas. Muchos restaurantes sirven porciones grandes de alimentos, aunque se quede bastante en los platos cuando se va el cliente, para tirarla a la basura. Además, muchos consumidores compran más de lo que necesitan.

Con un poco de cuidado y un sistema más inteligente, podemos ayudar a prevenir mucho del desperdicio y tratar el hambre en los Estados Unidos. Los investigadores estiman que los estadounidenses pueden alimentar 25 millones de personas si de forma colectiva reducimos nuestros desperdicios comerciales y de los consumidores en solo un 20 por ciento.

Desde un punto de vista ambiental, los alimentos desperdiciados igualan al agua, energía y químicos desechados. El producir, empacar y transportar estos artículos alimentarios genera contaminación—todo para nada: un cero por ciento de retorno por nuestros dólares. El desecho de alimentos representa el componente más grande de todos los residuos sólidos municipales que van ahora al vertedero. Aunque son biodegradables cuando se exponen correctamente a la luz solar, al aire y la humedad, los alimentos en descomposición liberan cantidades significativas de metano, un gas de efecto invernadero que es 20 veces más potente que el dióxido de carbono (CO2).

Diez orejitas que hacen posible reducir el desperdicio de alimentos.

Compras más inteligentes. Planifique de antemano las comidas de la semana, incluidos los días que no va a cocinar y los días de las sobras. Haga una lista de compra y aténgase a ella luego de hacer un inventario de alacena, refrigerador y congelador. Compre los productos frescos que va a usar dentro de pocos días en pequeñas cantidades. Debido a que tenemos la tendencia de comprar demás cuando estamos hambrientos, entonces, no vaya por los pasillos del supermercado con el estómago gruñendo.

Organice el refrigerador. Coloque los sobrantes a la vista de forma que estén en primera fila cuando alguien abra el refrigerador. Al guardar la compra, cambien los artículos más viejos hacia el frente. Preste atención a las fechas de caducidad y entienda que los alimentos son buenos varios días más allá de la fecha límite de venta.

Congele los alimentos. Muchos artículos durarán por meses en el congelador en bolsas y envases de almacenamiento apropiados.

Comparta los excedentes. Para platos más grandes como guisos o sopones, invite a un amigo a cenar, lleve un plato a vecino de edad avanzada o lleve los sobrantes al trabajo y comparta con sus compañeros. Done alimentos no perecederos o en buenas condiciones a albergues o lugares que alimentan a personas necesitadas.

Almacene los alimentos correctamente. Para maximizar la vida comestible de los alimentos, establezca el frío del refrigerador entre 35 y 38 grados Fahrenheit y arregle los envases de forma que el aire circule alrededor de ellos; las áreas más frías están cerca de la parte de atrás y en el fondo de la unidad. Para las frutas y los vegetales, guárdelos en bolsas plásticas o envases, saque el aire y cierre herméticamente para reducir los efectos dañinos de exposición al oxígeno.

Compre las frutas y los vegetales feos. Las tiendas de alimentos y los mercados descartan un volumen sustancial de vegetales y frutas porque su tamaño, forma o color está por debajo de lo ideal. Compre productos frescos con desperfectos cosméticos para salvar un alimento bueno y pasado por alto de ser descartado a la basura.

Utilice frutas y vegetales blandos y marchitos. Las frutas blanditas o muy maduras pueden convertirse en jaleas, mermeladas, tartas y batidas. Las zanahorias  y tomates blandos, los apios marchitos, el brócoli caído, todos pueden ser picados y mezclados en las sopas, guisos, jugos y caldos de vegetales.

Coma porciones más pequeñas. Las porciones más pequeñas son más saludables y permiten sobrantes para otra comida.  

Lleve a casa un ‘doggie bag’. Solo la mitad de los comensales de los restaurantes se llevan a casa las sobras. Pida que le empaquen la comida que no terminó y luego disfrútela en el almuerzo o la cena en dos días.

Haga composta. Si a pesar de los mejores esfuerzos diarios persiste el residuo de comida, recíclela con los desechos de la preparación de alimentos en un suelo rico de nutrientes. Cree una pila de compostaje al aire libre o en un contenedor bokashi, haga composta rápida y sin olor de carnes cocidas o crudas, huesos pequeños o restos de comida.

“Día del Planeta Tierra—22 de abril—sirve como recordatorio de que cada uno de nosotros debe ejercer responsabilidad personal de pensar globalmente y actuar localmente como guardianes del medio ambiente de la Tierra”, dice Kathleen Rogers, presidenta de Earth Day Network. “El reducir el desperdicio de alimentos es otra forma de ser parte de la solución”.


Amber Lanier Nagle es escritora independiente especializada en artículos sobre la cultura sureña, vida saludable y el ambiente.

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