Nuestra oda a la alegría

Cantar sana nuestra alma, nos libera



A través de nuestro canto dejamos ver quiénes somos porque en esencia, somos música.
 

Antes que el canto fuera parte de cualquier cultura humana, era parte de la naturaleza. La naturaleza nunca se esfuerza; simplemente es. Crece, florece y fluye. Así también sucede cuando cantamos de forma sincera—como una expresión alegre del alma, de su ser esencial. Se trata de dar y compartir. Por encima de todo, estar vivo.

Cantar así no requiere ni pide esfuerzo. Pero sí pide valor. Al expresar nuestros anhelos, esperanzas y amor, podemos enfrentar miedo, vergüenza o tristeza. Eso es parte de la belleza y sorprendente sencillez de liberarnos nosotros mismos a través de la canción, la que puede ser igualmente alegre, de buen humor y divertida, o perspicaz para confrontar los retos de nuestras vidas.

Algunas personas hacen todo lo posible por cantar con elocuencia, pero la alegría de cantar está totalmente accesible a todos aquellos no puedan dominar la técnica o incluso llevar una melodía.  Todo lo que necesitamos hacer para alcanzar satisfacción personal es cantar lo que llevamos dentro, permitiendo que emerja lo que somos. Es por eso que cantar sana; nos hace completos.

El darnos espacio emocional en la canción nos permite ser escuchados de una manera especial; no hay dos voces iguales porque cada una se adapta exactamente a la persona. Nuestra tendencia innata a cantar, como otras formas de música, nos conecta con otros y nos recuerda una forma en la que estamos en sintonía con los otros. Más natural que hablar, la vibración de una voz que canta es la forma más mágica y directa de conectarnos con nuestros mundos internos y externos.

Es reconfortante observar que solo podemos cantar fuera de tono si comparamos nuestra voz con la de otros. Ningún niño nunca decide por sí mismo que no puede cantar. Un niño canta, baila y dibuja espontáneamente sin ideas preconcebidas hasta que una figura de autoridad aparece con una opinión discordante.

Cantar es un fenómeno natural, tan intuitivo como respirar. Es nuestro derecho cantar libremente y así compartir nuestros corazones y música con el mundo. Como un ritmo de expresión vertiginoso de amor, contribuye grandemente al bienestar de las personas, las comunidades y la sociedad.


Jan Kortie, hace 30 años, en los Países Bajos, introdujo por primera vez la idea de liberación de la voz; desarrolló un enfoque alegre para el canto personal y profesional que se extiende más allá de los métodos y las técnicas tradicionales. Su libro, Your Soul Wants to Sing, disponible en holandés, es el libro principal de su Academia de Liberación de la Voz, de la que es director.

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