Libérese del plástico

Maneras para disminuir nuestra huella ecológica



Si miramos alrededor de nosotros, vemos plástico en todos los lugares.
 

Además del empaque usual de los alimentos y de los productos, sumando las bolsas de compras, considere todos los rincones de nuestras vidas en las que permea el plástico hoy; juguetes de bebé y para las mascotas; teclados de computadoras y accesorios; bolígrafos; gafas; zapatillas atléticas; mochilas; encendedores; productos de belleza y envases de pastillas; botellas de productos de limpieza para el hogar; cubetas de hielo; máquinas de afeitar; mangos de herramientas; cepillos de pelo y de diente—incluso algunos exfoliadores para la cara, champús y gomas de mascar.

Beth Terry, autora del libro Plastic Free: How I Kicked the Habit and How You Can Too, señala razones de peso para tomar acción personal en el asunto. En 2007, esta residente de Oakland, California, vio una foto del cadáver descompuesto de un albatros Laysan acribillado con pedazos de plástico, la cual apareció en un artículo sobre contaminación del agua.

“Por varios segundos no pude respirar”, escribe. Este momento crucial la llevó a seguir investigando, para darse cuenta que: “Esta plaga de químicos de plástico está haciendo daño a todo el mundo, especialmente a los miembros más vulnerables de nuestro planeta—los niños y los animales—y esto es tanto inaceptable como injusto”. Desde entonces ella se ha ido liberando del plástico.

“Hice un juego de esto; un reto divertido, creativo, paso a paso”, menciona ella. “No puede ir por la casa pensando que puede deshacerse de todos los plásticos inmediatamente. Según se van usando los ítems, usted encontrará alternativas.” Una vez estamos con la costumbre de estar alertas del azote del plástico, de forma natural, veremos oportunidades para hacer cambios saludables.

La ciencia hizo sonar la alarma

En 2011, los investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard hicieron noticia al descubrir que consumir un servicio diario de alimento enlatado por cinco días podía llevar a elevar significativamente los niveles de bisfenol-A (BPA) en la orina. Este ingrediente de resina epoxi de plástico se encuentra en las cubiertas de muchas latas de alimentos y bebidas, y algunas veces en botellas plásticas. Es un serio perturbador endocrino.

“La lección más grande desde que empecé es la felicidad de tener menos—comprar menos cosas y hacer más con lo que ya tengo.”
~ Beth Terry


La enfermedad cardiovascular, diabetes, funciones alteradas de los órganos reproductivos y otros achaques han sido vinculados a altos niveles de BPA en varios estudios, incluido uno citado en la revista Endocrine Review. The Manchester Guardian también informó que la Agencia Francesa para la Salud y Seguridad en los Alimentos, Ambiental y Ocupacional ha afirmado que la exposición del feto a través de la madre al BPA puede estar ligada a muchos problemas de salud, incluido cáncer de seno en la adultez.

Cuando los plásticos se someten a estrés—como calor, luz o edad—los aditivos que no han sido revelados y añadidos durante su producción para lograr fortaleza, flexibilidad y color pueden filtrarse y contaminar los resultados de laboratorio, según los hallazgos de la Facultad de Medicina y Dental de la Universidad de Alberta. Estos químicos pueden migrar hacia nuestros sistemas digestivos y a través de la piel; también pueden liberarse al aire, según un estudio reciente de la Oficina de Energía y Sostenibilidad de la Universidad Estatal Weber, en Ogden, Utah. Además, materiales de plástico sin reciclar pueden ir a las vías navegables y matar la vida marina mediante la ingestión o enredo (el ejemplo principal son los parchos de basura en el mar).

La reducción de nuestra huella de plástico puede salvaguardar la salud familiar y demostrar que tomamos en serio el presionar a la industria para producir menos. La clave, según Terry, es no estar intimidado o abrumado por la sobrecarga de plástico, sino ser persistentes poco a poco en eliminarlo (véase MyPlasticFreeLife.com).

Cómo comenzar

Como punto de partida, Terry señala que el plástico permite el sistema de distribución de alimentos a través de largas distancias. El reducir las millas de transportación de alimentos asociadas con nuestras comidas ayuda a disminuir el uso del plástico. En la cocina, use contenedores sellados de acero inoxidable o frascos de vidrio, o solo refrigere un bol de comida con una cacerola encima para mantener los sobrantes de comida hasta el otro día. Haga composta de los desechos de alimentos. Reutilice las bolsas de alimentos vacías y forre el bote de la basura con papel de periódico viejo en lugar de bolsas plásticas.

Milo Cress, de Burlington, Vermont, lanzó la campaña nacional Be Straw Free a la edad de 10 años, cuando se dio cuenta que los restaurantes, de forma rutinaria, les daban a sus clientes un sorbeto o pajita de plástico, quisiera o no el cliente.


Terry advierte que: “Las personas asumen que todo lo que tenga el símbolo del triángulo es aceptado en las instalaciones de reciclaje. Este no es el caso. Lo que no es aceptado se deposita en el vertedero e incluso puede ser incinerado”. Terry supo que también, según el Departamento de Manejo de Desperdicios de la ciudad de Oakland, “Mucho de lo que ponemos para reciclar va a China y sus estándares de procesamiento no son tan fuertes como los de nosotros”.

En Plastic Free, la autora provee varios consejos como: rentar y compartir productos; comprar equipo de plástico usado, de ser necesario; y evitar productos en envases desechables y papel.  Las áreas para mejorar van desde el cuidado personal y los productos de limpieza para el hogar hasta bolsas, botellas, comidas para llevar, empaques para sobras y almuerzos, además de bienes duraderos. Los activistas podrían participar en la limpieza de áreas, donar a organizaciones ambientales y escribirles a sus legisladores.


Randy Kambic es editor y escritor independiente localizado en Estero, Florida, y contribuye con regularidad a Natural Awakenings.

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