Perros con carné de biblioteca

A los niños les encanta leer a los animales



La meta del Reading Education Assistance Dogs (READ), lanzado en Salt Lake City, Utah, en 1999 como parte del Intermountain Therapy Animals, es mejorar la alfabetización con la ayuda de equipos certificados de terapia. Su alcance se ha propagado a través de los programas de biblioteca en todos los Estados Unidos, Canadá y en el extranjero, con otros grupos de terapia siguiendo este ejemplo.

“Los médicos les dijeron a los padres de un niño autista de 11 años que nunca aprendería a leer… así que era mejor dejar de tratar de enseñarle”, cuenta Suzanne Vening, una agricultora orgánica de Jackson, Misisipí. “El médico no contaba con Adam, mi perro pastor australiano.”  Maltratado y abandonado antes de ser adoptado por Vening, fue adiestrado para trabajo de terapia.  

Vening no sabía nada sobre niños autistas o niños con problemas de aprendizaje, pero sabía que Adam podía obrar milagros. El niño hizo contacto visual con Adam durante su visita a la biblioteca y ese día leyó algunas palabras. Sus padres estaban súper contentos a medida que su lectura continuó mejorando. “Es difícil incluir a los niños con necesidades especiales en muchas de las actividades de la familia”, observa Vening. “Una biblioteca es un lugar en el que toda la familia puede disfrutar.”

“Identifique una esquina segura donde un niño pueda escapar si se siente abrumado”, recomienda. “Después de entrar al salón, los manejadores deben sentarse en el piso con el perro acostado a su lado. Un perro parado puede causar demasiada emoción. Es importante saber que su perro de terapia sabrá cómo acercarse a un niño que les tiene miedo a los perros, sufre de temblores o que no puede sentarse o permanecer quieto.”

“Los latidos del corazón de un animal parecen llamar a los niños”, señala Rachael Barrera, una bibliotecaria de niños en la biblioteca pública Brook Hollow, en San Antonio. “Los perros han estado viniendo aquí una vez a la semana durante más de un año. Ahora los niños de más edad que se sienten cómodos con el programa de lectura están enseñándoles a los de menos edad cómo escoger un libro.”

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En la biblioteca pública Benicia, en California, los niños todos los miércoles por la tarde le leen a Honey, un amistoso perro color marrón. Sheila Jordan, directora editorial y propietaria de Booklandia, con sede en Bend, Oregón, dice que a su hijo de ocho años, Chase, se le hacía difícil concentrarse debido a su trastorno por déficit de atención e hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés). “El programa Tales to Tails fue de gran ayuda. Durante el verano, íbamos todas las semanas y seleccionábamos un libro que mi hijo pensaba le iba a gustar al perro.” La recompensa de Jordan fue un niño más centrado; la recompensa de Chase fue recibir un perro el otoño pasado.  

La biblioteca Charlotte Mecklenburg, en Carolina del Norte, ofrece 14,000 programas gratis todo el año en sus 20 localidades, incluido el Paws to Read. La bibliotecaria, Cathy Cartledge, coordinadora del programa de lectura para la rama de Morrison Regional, comparte esta historia de la mamá de Jayleen, Jill.

“Jayleen estuvo recibiendo tutoría para leer durante un año. Después de comenzar a leerle a Zoey, un Great Pyrenees, o a Hunter, un Golden Retriever, observé una mejoría en la fluidez, confianza y disfrute. Hizo milagros en comparación con las horas y el dinero que gasté en tutorías”, cuenta su madre.

La Biblioteca Mount Prospect, cerca de Chicago, tiene un requisito de edad para su programa Tales to Tails. “Rachel, de ocho años, ahora no suelta los libros”, explica su mamá, Nicole Sasanuma, asociada sénior del Business Communications & Advocacy, en Northbrook, Illinois. “Su hermana, Emi, de seis años, está ansiosa por cumplir años para ‘poder leerles a los perritos’ también.”   

Los programas de lecturas no se limitan a bibliotecas o escuelas. Jean Maclean, de Lompoc, California, adiestra a sus dos perros en agilidad y para un cambio de rutina, visitan el Chumash Learning Center, en Santa Ynez, una vez al mes. Los chumash valoran la educación por parte de las personas mayores y de maestros que no pertenecen a la tribu. Maclean relata que Donny, de 11 años, les tenía miedo a los perros hasta que conoció al de ella.  

Los animales ayudan a los niños a relajarse y los niños se convierten en sus maestros. Los investigadores de la Universidad de California, Davis, descubrieron que las destrezas de lectura de los niños que leyeron a los perros durante un programa de alfabetización de 10 semanas mejoraron en 12 por ciento. Los niños en el mismo programa que no leyeron a los perros no mejoraron.

Los perros y otras mascotas han mostrado que leer en voz alta no tiene que ser algo que temer. Todo lo que toma es un libro y alguien que sepa escuchar.  

Conéctese con la escritora independiente Sandra Murphy en stlsandy@mindspring.com.

Otros compañeros de lectura de cuatro patas

foto cortesía de Nancy BaileyAl igual que los perros en nuestras historias, Cleo, una pequeña gata gris que vive con Michelle Cardosi, en Denver, disfrutaba de sus visitas de terapia a Love on a Leash. Cuando le dio artritis, moverse de falda en falda era difícil y le causaba dolor. Así que Cardosi consideró retirarse, pero Cleo quería continuar. “Así que continuamos yendo a la biblioteca, donde podía acostarse en un cesto y ser acariciada y ser el centro de atención”, explica. “Siguió yendo hasta sus 18 años.”  

Clifford, un caballo Morgan de 24 años, es un defensor muy conocido de la alfabetización. Visita bibliotecas en Michigan y usa una esponja y acuarelas para “autografiar” su biografía a sus fanáticos, Clifford of Drummond Island, escrita por la autora y artista Nancy Bailey. “Los niños probablemente no recuerden lo que digo, pero nunca olvidarán el día que vieron a un caballo en la biblioteca”, indica Bailey. “Hemos estado visitando bibliotecas durante aproximadamente cuatro años. Clifford es bien curioso y se mete en todo, como el día que vio el estante de libros usados. Sacaba los libros de ficción y me los pasaba.” Bailey señala que Clifford demuestra a los niños que los caballos tienen sentimientos y un sentido de humor cuando se “ríe” y cambia la forma en la que responde al realizar sus trucos. 

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